Benedicto XVI reclama un mayor respeto por las personas sordas, y recuerda que hay una sordera espiritual que no permite escuchar a los que sufren

Benedicto XVI ha dirigido un apremiante llamamiento para que se respete la dignidad y los derechos de las personas sordas, con especial atención a las que viven en los países pobres, según ha informado Radio Vaticano. Acogiendo cordialmente, en el Aula Pablo VI, a los participantes en la Conferencia Internacional dedicada al tema «¡Effatá! La persona sorda en la vida de la Iglesia», el Santo Padre ha recordado que Jesús a través del amor, no sólo sana la sordera física, sino también la espiritual.
“Con su modo de actuar, que revela el amor de Dios Padre, Jesús no sana sólo la sordera física, sino que indica que existe otra forma de sordera de la que la humanidad se debe sanar, más aún, de la que debe ser salvada: es la sordera del espíritu, que levanta barreras cada vez más altas entre la voz de Dios y del prójimo, especialmente al grito de socorro de los últimos y de los que sufren, y encierra al hombre en un profundo y ruinoso egoísmo”.
Destacando la importancia de esta XXIV Conferencia internacional organizada por el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, que se está celebrando en el Vaticano, el Papa se ha referido a las numerosas y delicadas problemáticas que conciernen a las personas sordas. “Se trata de una realidad articulada que abarca el horizonte sociológico y el pedagógico, así como el médico y el psicológico, sin olvidar el ético-espiritual y el pastoral”.
“Las relaciones de los especialistas, el intercambio de experiencias entre quienes trabajan en este sector, los testimonios mismos de personas sordas, han ofrecido la posibilidad de un análisis profundizado de la situación y de formular propuestas e indicaciones para una atención cada vez más adecuada a estos nuestros hermanos y hermanas”.
La palabra “Efatá” -que significa: ábrete– que encabeza el tema de esta Conferencia, evoca el conocido episodio del Evangelio de Marcos, que constituye un paradigma de cómo el Señor obra hacia las personas sordas, ha enfatizado Benedicto XVI recordando “la atención amorosa de Jesús”, en este caso para con un sordomudo.
Una vez más, Benedicto XVI ha puesto de relieve “el anhelo de Jesús de vencer en el hombre la soledad y la incomunicabilidad creadas por el egoísmo, a fin de dar rostro a una ‘nueva humanidad’, la humanidad de la escucha y de la palabra, del diálogo, de la comunicación, de la comunión con Dios. Una humanidad ‘buena’, como es buena toda la creación de Dios; una humanidad sin discriminaciones, sin exclusiones, de forma que el mundo sea realmente y para todos ‘espacio de verdadera fraternidad’”.
Lamentando que no siempre se cumplen los debidos gestos de acogida, solidaridad firme y calurosa comunión hacia las personas sordas, como muestran la experiencia y las numerosas asociaciones nacidas para tutelar y promover sus derechos –que ponen de relieve también una cultura ‘nunca apagada’ marcada por prejuicios y discriminaciones-, el Santo Padre ha deplorado con firmeza estas acciones injustificables, contrarias a la dignidad de la persona sorda y a su plena integración social.
Luego, reconociendo con satisfacción que “son muchas más las iniciativas de instituciones y asociaciones, tanto en campo eclesial como civil, inspiradas en una auténtica y generosa solidaridad, que han apostado una mejoría en las condiciones de vida numerosas personas sordas” el Papa ha recordado que las primeras escuelas para la instrucción y la formación religiosa de estos hermanos y hermanas, nacieron en Europa, en el siglo XVIII”.
“Desde entonces se han ido multiplicando en la Iglesia, obras caritativas, con el impulso de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, con el objetivo de ofrecer a las personas sordas no sólo una formación, sino también una asistencia integral para la plena realización de sí mismas. Pero no es posible olvidar la grave situación en que viven aún hoy en los países en vías de desarrollo, tanto por la falta de apropiadas políticas y legislaciones, como por la dificultad de tener acceso a los cuidados sanitarios primarios. La sordera, en efecto, es consecuencia a menudo de enfermedades fácilmente curables”.
En este contexto, Benedicto XVI ha pronunciado su firme llamamiento: “Dirijo mi llamamiento, por lo tanto, a las autoridades políticas y civiles, así como a los organismos internacionales, para que brinden el necesario apoyo a la promoción, también en esos países, del debido respeto de la dignidad y de los derechos de las personas sordas, favoreciendo ayudas adecuadas, y su plena integración social. La Iglesia, siguiendo la enseñanza y ejemplo de su divino Fundador, sigue acompañando las diversas iniciativas pastorales y sociales en beneficio de estos hermanos con amor y solidaridad, reservando especial atención a los que sufren. Con la conciencia de que precisamente en el sufrimiento se esconde una fuerza particular que acerca interiormente el hombre a Cristo. Una gracia particular”.
Dirigiéndose a los queridos hermanos y hermanas sordos, el Santo Padre los ha animado a anunciar y testimoniar a Cristo y su evangelio, invitándolos a rezar en especial por las vocaciones en este Año Sacerdotal. Benedicto XVI ha terminado sus palabras renovando su agradecimiento por este encuentro y ha encomendado a todos a “la maternal protección de María Madre del Amor, Estrella de la esperanza y Virgen del Silencio”.

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