El cardenal de Barcelona invita a ayudar a la Iglesia en sus necesidades

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«Mantener la Iglesia»
Hoy hemos de hablar de un tema poco agradable, pero necesario: la economía de la Iglesia. La misión de la Iglesia no consiste en ganar dinero, ni en acumular recursos materiales. Su misión es aquello que denominamos la pastoral. La Iglesia ha de continuar la obra de Jesucristo por todo el mundo, que fundamentalmente consiste en anunciar su Buena Noticia, celebrarla y dar testimonio de ella.
Ahora bien, cualquier actividad pastoral necesita de unos medios materiales pequeños o grandes. Esto significa que detrás de cada proyecto pastoral hay casi siempre un presupuesto. Es cierto, la acción pastoral necesita de un soporte económico para poder ser desarrollado convenientemente. Sin este soporte, la Iglesia difícilmente podría llevar a cabo las tareas pastorales que reclaman nuestros días.
Por ello ya hace años estamos haciendo un esfuerzo en todas las diócesis para arreglar la economía, hacerla bien transparente, darla a conocer a todos y sensibilizar a los cristianos en la responsabilidad que tenemos de mantener nuestra Iglesia y su actividad.
Es importante que todos los cristianos nos demos cuenta de que la economía de la Iglesia ha de ser cosa de todos. Y, sobre todo, que esto nos lleve a considerar que normalmente quien ha de mantener la Iglesia somos nosotros con una verdadera comunión de bienes. Hemos avanzado mucho, pero debemos todavía aumentar nuestra conciencia de que los cristianos debemos asumir todas las consecuencias de profesar la fe, lo cual incluye también a la economía, siendo solidarios en el mantenimiento de la Iglesia.
Por eso, el Concilio Provincial Tarraconense urge “que las diez diócesis avancen decididamente en el proceso para conseguir un nivel de autofinanciación suficiente para sostener las actividades pastorales necesarias en nuestro tiempo y para preparar e iniciar los proyectos que los retos pastorales del futuro exigen ya desde ahora”.
Celebramos en este domingo la jornada de “Germanor”. Todos los que formamos la Iglesia somos corresponsables de su misión. Por eso queremos compartir su sostenimiento, como hacían los primeros cristianos. Llama la atención que Pablo, el apóstol más celoso del Evangelio, el gran teólogo de Jesucristo y de la Iglesia, dé una importancia tan extraordinaria a la colecta. Con la intención de promover la generosidad de los fieles, Pablo pone delante de nuestros ojos la generosidad de nuestro Señor Jesucristo: él, siendo rico y de condición divina, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza.
Hay diversas maneras de realizar nuestra aportación económica para compartir el sostenimiento de la Iglesia. Una manera de colaborar consiste en poner la crucecita en la declaración de la renta en favor de la Iglesia. Además, el Concilio Provincial “anima y urge a los fieles cristianos a destinar un tanto por ciento de sus ingresos al sostenimiento de la Iglesia (como criterio indicativo se sugiere un uno por ciento), y quien más puede, ha de ser también más generoso”.
Esta responsabilidad económica no tiene en cuenta tan sólo las necesidades del propio campanario, sino de la diócesis entera. Porque así se vive la comunión de bienes entre todas las comunidades cristianas de la diócesis y también entre las diócesis que forman la Iglesia una y única de Cristo.

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal Arzobispo de Barcelona

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