Resumen del Mensaje de la Conferencia Episcopal con motivo del 50º Aniversario de «Manos Unidas»

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El viernes, día 6 de noviembre, en la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), se ha presentado a los medios de comunicación el Mensaje con motivo del 50º aniversario de Manos Unidas, que aprobó la Comisión Permanente en su reunión del pasado mes de septiembre, y del que ofrecemos a continuación un resumen.
Han participado en el acto el Obispo Auxiliar de Madrid y Secretario General de la CEE, Mons. D. Juan Antonio Martínez Camino, S.J.; el Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño y Obispo Consiliario de Manos Unidas, Mons. D. Juan José Omella Omella, y la Presidenta de Manos Unidas, Myriam García Abrisqueta.
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Conferencia Episcopal Española. CCXIV Comisión Permanente, Madrid, 1 de octubre 2009
«Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber… » (Mt 25, 35)
I. Memoria del pasado. «Declarar la guerra al hambre» En el L aniversario de Manos Unidas, la Conferencia Episcopal Española quiere enviar un mensaje de felicitación, agradecimiento y estímulo a los numerosos
asociados y colaboradores que, inspirados por su conciencia cristiana, están comprometidos generosamente en la lucha contra el hambre en el mundo.
Ha transcurrido medio siglo desde que las Mujeres de Acción Católica Española promovieran en 1959 la I Campaña contra el hambre. En 1956, responden al llamamiento de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas para remediar las tres hambres que afligen el mundo: «hambre de pan, hambre de cultura y hambre de Dios» y propondrán un día de ayuno voluntario en el primer viernes de cada Cuaresma. Lo consideraron no sólo como un gesto de solidaridad con los necesitados, sino también como una
eficaz identificación que les ayuda a experimentar en su propia persona las penalidades que padece el que tiene hambre. A esto le seguirá espontáneamente una limosna a favor de los más necesitados, naciendo así la
colecta anual pensada para ayudar a financiar proyectos concretos de desarrollo en el Tercer Mundo que se ha incrementado progresivamente año tras año.
En posteriores campañas se fueron ampliando los objetivos y se creó un Servicio Educativo y de Documentación; se fue profundizando en la acción educativa y se diseñó material didáctico escolar llevando la inquietud por el problema del hambre incluso hasta la universidad. Además, se concretaron
las prioridades: el desarrollo agropecuario y pesquero, la promoción cultural, la atención sanitaria, la promoción de la mujer, la promoción social, etc.

Durante estos cincuenta años, Manos Unidas ha trabajado para erradicar la
miseria, la nutrición deficiente, la enfermedad y el atraso cultural en los
países del Tercer Mundo, y para identificar y eliminar sus causas
estructurales; ha denunciado en la sociedad española el problema del hambre
y las penurias del subdesarrollo y ha reunido fondos para financiar proyectos.
Sus campañas contra el hambre se insertan con naturalidad en la práctica de
la Iglesia por lo que la activa participación de Manos Unidas en el apostolado
social de la Iglesia es digna de todo aplauso y gratitud.
II. Tarea en el presente. «Salvaguardar las señas de identidad»
El aniversario es también una ocasión propicia para reflexionar sobre el
camino recorrido, para profundizar en las vivencias fundacionales y reavivar la
conciencia de la propia singularidad. Manos Unidas, «la Asociación de la
Iglesia en España para la ayuda, promoción y desarrollo del Tercer Mundo»1,
ha nacido en la Iglesia y, de su asociación de apostolado, la Acción Católica
que, manteniendo una unión muy estrecha con la Jerarquía, persigue fines
propiamente apostólicos. En este sentido, debemos esforzarnos por preservar
como un preciado tesoro esta identidad cristiana y misionera, superando toda
tentación secularista y el reduccionismo que comporta, y manteniéndonos
firmes en la enseñanza de Jesucristo que nos ha dicho: «No sólo de pan vive
el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4)
Manos Unidas no puede descuidar su acción misionera: ha de evangelizar
promocionando y promocionar evangelizando, buscando el desarrollo integral
del hombre y no sólo satisfacer sus necesidades materiales.
También los asociados a Manos Unidas deben seguir cuidando sus
inspiraciones originales: la apertura al otro, el interés por las personas, la fina
sensibilidad ante el sufrimiento, la acogida y el don gratuito. Estos principios
han brotado del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.
Por otro lado, Manos Unidas es una organización de voluntarios en el ámbito
diocesano; sus socios y colaboradores entregan desinteresadamente su
tiempo, su saber y sus bienes en favor del proyecto con generosa gratuidad.
Esta caraterística es un timbre de gloria que desde el principio ha mantenido
Manos Unidas, y algo que hay que defender como propio de una organización
de la Iglesia; salvando siempre, en su justa medida, la colaboración de
personas técnicas contratadas, que ayuden a desarrollar las iniciativas con la
mayor eficacia posible.
1 Estatutos de Manos Unidas, art. 2, 2. Resumen
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III. Compromiso ante el futuro. «Afrontar los nuevos retos del
hambre en el mundo»
Aunque es mucho lo que en estos cincuenta años se ha conseguido, todos y
especialmente los asociados a Manos Unidas consideran que no se ha llegado
todavía a la meta y que hay que seguir trabajando sin descanso: todavía más
de ochocientos cincuenta millones de personas sufren malnutrición y padecen
hambre.
En nuestros días, constatamos la aparición de nuevos riesgos para la vida de
los pobres, ocasionados por la agresión al equilibrio medioambiental, por los
desequilibrios económicos y por la crisis de la energía y de los alimentos.
La crisis económica que nos oprime con el desolador problema del paro que
genera está poniendo a prueba nuestra capacidad de respuesta. La crisis de
humanidad que está en su base es un argumento más a favor de la eficacia
de un planteamiento de búsqueda de soluciones integrales: la batalla contra
el hambre de pan no puede desligarse de la formación de una conciencia
moral responsable, fundamentada en la fe en Dios.
La obligada solidaridad entre los que compartimos una misma condición y un
mismo destino nos exige compartir, siendo preciso modificar nuestros hábitos
de vida y adecuarlos a una sobria austeridad. La Iglesia a través de múltiples
iniciativas de sus miembros trata de hacer realidad esos principios de modo
original y conforme a su naturaleza.
El problema del hambre continúa angustiando a la humanidad. La pobreza es
una de las más graves preocupaciones de la comunidad internacional. Su
solución nos apremia a todos, reconociendo que «la visión del desarrollo como
vocación comporta que su centro sea la caridad». En este sentido, es
necesaria una conversión del corazón a la caridad de Cristo, sabiendo que hay
recursos técnicos suficientes para acabar con la lacra de la pobreza. Esta
conversión nos lleva a transformar las estructuras de pecado que contribuyen
a las situaciones de injusticia. Es la urgente tarea que se ofrece a los
miembros de Manos Unidas, en la que todos estamos llamados a colaborar.
En la celebración gozosa de su L aniversario, damos gracias a Dios por estos
años de esforzada labor, en los que esta organización eclesial ha sido un signo
vivo y profético de su amor a las personas con cualquier clase de necesidad.
Pedimos también al Espíritu Santo que continúe suscitando en nuestras
parroquias y comunidades la generosidad del corazón y el compromiso del
voluntariado, que todos los hombres y mujeres de buena voluntad,
juntamente con las instituciones y gobiernos, hagan una apuesta decidida por
el desarrollo integral de los países y que, como aquellas mujeres pioneras de
Acción Católica del año 1959, «declaren la guerra al hambre de pan, de
cultura y de Dios en el mundo».
Resumen

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