«Nuestros padres viven», carta de Mons Palmero para la celebración de los días 1 y 2 de noviembre

cementerio_01
Con esta frase tan bella y tan consoladora nos recuerda San Agustín que, si buscamos la verdad –y somos muchos los que nos movemos tras ella-, veremos que nuestros padres viven, porque el alma no muere (Coment. al Salmo 145, 17). De hecho, a los difuntos se les llama durmientes, porque en su día serán resucitados (Sermón 93, 5,6). Los ojos grandes de la fe nos ayudan a captarlo, vivirlo y celebrarlo.

Fiesta de Todos los Santos
De ahí la preciosa coincidencia que, en este mes de noviembre, nos ofrece la liturgia. La Iglesia viste sus mejores galas para honrar conjuntamente a Todos los Santos. No sólo a los que reciben culto especial en fechas señaladas en el calendario litúrgico, sino también a todos los hermanos que gozan ya de la visión de Dios. Entre ellos están muchos familiares y amigos que salieron de este destierro y volaron hacia la altura. La felicidad no les ha de faltar por toda la eternidad… La fiesta de Todos los Santos es una de las más entrañables y conmovedoras. El recuerdo grato de tantos seres queridos a los que con frecuencia recordamos y que nos alientan, ayudan y acompañan, para gozar algún día de ellos, es, siempre y a la vez, estímulo y aliento.

Día de los difuntos
El día 2, en cambio, está dedicado a conmemorar de modo especial a todos los fieles difuntos, es decir, a familiares y amigos nuestros que dejaron ya esta tierra y que, llamados a la Casa del Padre, han recibido o recibirán el premio a sus buenas obras. Una parte de ellos no han alcanzado todavía el gozo de los bienaventurados, por encontrarse en el Purgatorio, lugar -es un modo de hablar-, donde satisfacen por las faltas cometidas, hasta que, convenientemente dispuestos, sean asociados al coro de los santos. El Concilio Vaticano II en su constitución “Lumen Gentium”, al describir el misterio de la Iglesia, se refiere al Purgatorio, cuando explica que muchas almas piadosas peregrinan en la tierra, otras, ya difuntas, se purifican en el lugar destinado para ello; otros, finalmente gozan ya de la gloria sempiterna preparada por el Señor para todos aquellos que le han amado. El Catecismo de la Iglesia Católica nos ofrece una definición clara del Purgatorio con estas palabras: “Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de la muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la gloria del cielo” (1030).
No pensemos que el Purgatorio es un lugar sombrío o tétrico, no. Las almas que allí se encuentran disfrutan de una felicidad fundada en la esperanza cierta de que, no tardando, cuando estén purificadas de las manchas de esta vida, pasarán a gozar de la eternidad dichosa que también a ellos les espera.

Ayuda valiosísima para ver el rostro de Dios
Aquí viene lo principal que trato de destacar en esta reflexión. Tengamos a la vista que todos podemos ayudar a nuestros queridos difuntos y a quienes satisfacen temporalmente en el Purgatorio por sus faltas. En virtud de la llamada “comunión de los santos”, todos los que peregrinamos por la vida, podemos y debemos ayudar a nuestros seres queridos, y a los demás que se purifican, con oraciones, sacrificios, limosnas, indulgencias y toda suerte de penitencias.

Ellos, los hermanos, a quienes ayudamos con nuestros sufragios, son ya y seguirán siendo los mejores intercesores a la hora de echarnos una mano y para acelerar el momento de nuestra salvación. “Su fraterna solicitud contribuye mucho a remediar nuestra debilidad”. Estamos, pues, en un mes propicio para pensar que nuestras vidas, como dice el Salmo, son una sombra que pasa, algo que hemos de aprovechar para dar gloria a Dios y obtener la felicidad eterna. En ella reinan los santos a la sombra de los santos, cobijados todos por el manto de nuestra excelsa Madre la Virgen, Madre del Redentor y Madre nuestra.

“En nuestra oración –nos unimos al Papa Benedicto XVI- pedimos que allí, juntamente con la Santísima Virgen María y con todos los Santos, podamos contemplar finalmente el rostro de Dios y cantar por toda la eternidad sus alabanzas” (5.11.2007).

+ Rafael Palmero Ramos
Obispo de Orihuela-Alicante

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 40702 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).