Mons. Juan José Asenjo comenta en su carta el buen trabajo comunicativo de la diócesis de Córdoba, galardonada con el Premio ¡Bravo!

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A última hora de la mañana del miércoles, 21 de octubre, nos llegaba la noticia de la concesión del Premio ¡Bravo!, que anualmente concede la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española, al Obispado de Córdoba por su buen trabajo a lo largo de los últimos cinco años en este sector pastoral. Ni qué decir tiene que la destinataria de este premio merecidísimo es la Delegación Diocesana, dirigida por D. José Juan Jiménez Güeto y en la que con él colaboran los profesionales Blas Francisco Benítez Murillo, Bárbara Castro García, Inmaculada Montoto Pijuan y, hasta hace unos meses, María José Atienza de Amores. A todos les felicito de corazón y les agradezco el magnífico servicio que vienen prestando a nuestra Iglesia diocesana, que ha llamado la atención de los miembros de un prestigiosísimo jurado.
El Papa Juan Pablo II nos decía hace casi veinte años en su encíclica Redemptoris missio que “el primer areópago del mundo contemporáneo es el mundo de la comunicación”. Nos decía además que “los medios de comunicación son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación y de inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales”. Estas afirmaciones del Papa son tan evidentes para cualquier observador de la vida social que no necesitan mayores comentarios. Vivimos en la sociedad de la comunicación. Las comunicaciones sociales, en sus distintos modos y expresiones, están protagonizando quizás la revolución más decisiva y de más profundas consecuencias desde la segunda mitad del siglo XX y en los inicios del nuevo milenio. Y esta realidad, como todo lo humano, no le es ajena a la Iglesia, que, como escribiera Pablo VI, cercano al mundo de los medios desde su infancia por razones familiares, “se sentiría responsable y hasta culpable si no usara los medios de comunicación social”.
Por todo ello, desde los inicios de mi servicio a nuestra querida Diócesis, quise apoyar este sector pastoral, fortaleciendo la Delegación Diocesana de Medios de Comunicación Social, que ciertamente ha realizado una tarea extraordinaria. Puso en marcha en un tiempo record los programas religiosos de COPE-Córdoba, con la colaboración incondicional de su Director, D. Juan Narbona, y de los profesionales de la emisora, y creó la Hoja diocesana “Iglesia en Córdoba” , vehículos ambos de información, de formación cristiana y de comunión entre todos los que formamos parte de esta Iglesia particular. Ambos tuvieron una excelente acogida y han contribuido de forma decisiva a fortalecer nuestra conciencia de familia diocesana.
El paso siguiente fue crear la página Web de la Diócesis, en la que se van incluyendo puntualmente las principales noticias de la vida de la Diócesis, los documentos del obispo y de los distintos órganos diocesanos, que también ha tenido una buena acogida, en este caso entre los internautas. Más recientemente, se ha creado el Canal Diócesis TV, a través de internet, en el que pueden encontrarse microespacios tales como La oración del día, un comentario al Evangelio del día, titulado Palabra viva, un espacio dedicado a la vida de los Santos, titulado Testigos de Cristo, La Voz del Pastor, en la que se reproduce en video mi carta semanal y los espacios dedicados a entrevistas y reportajes sobre los principales acontecimientos diocesanos. Dios quiera que lo que acaba de empezar como una pequeña semilla, por cierto muy bien presentada técnicamente, vaya desarrollándose y produzca muchos frutos pastorales y de evangelización.
Un quehacer no desdeñable de la Delegación diocesana es sostener y alentar la relación amistosa de la Iglesia diocesana con los medios locales. Me consta que también en este campo ha cumplido satisfactoriamente su tarea, cultivando la amistad y el encuentro en el servicio permanente a la verdad y a la causa del hombre. Los medios de Córdoba han dado cabida a la información que genera la Iglesia, la vida real de nuestra Iglesia, que ordinariamente es mucho más rica y fecunda que lo que en muchas ocasiones otros medios reflejan sobre ella. Ello se ha debido en buena medida a la buena sintonía de la Delegación con los profesionales cordobeses y a su disponibilidad para servirles en todo aquello que es compatible con la caridad, la justicia y el bien común.
La Diócesis de Córdoba renueva este compromiso de encuentro, diálogo y amistad entre la Iglesia y los medios. Y mientras procura incrementar los propios, aunque sean modestos, para cumplir su misión evangelizadora, agradece la hospitalidad que los demás medios le ofrecen para anunciar una buena noticia, la magnífica noticia del amor de Dios por la humanidad, por todo hombre y por cada hombre, y el Evangelio de la fraternidad.
Concluyo reiterando mi felicitación más sincera y cordial al Delegado Diocesano ya sus colaboradores por el Premio ¡Bravo! Que Dios, nuestro Señor, les recompense su esfuerzo y su magnífico servicio a la Iglesia.

Para ellos y para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo coadjutor de Sevilla y
Administrador Apostólico de Córdoba

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