Mons. José Sánchez escribe sobre el siginificado de la Fiesta de Todos los Santos y Conmemoración de los Difuntos

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En este domingo, primero de noviembre, celebra la Iglesia Católica la Fiesta de Todos los Santos Al día siguiente, dos de noviembre, la Conmemoración de todos los difuntos. Ambas celebraciones nos hablan de la vida más allá de la muerte y nos invitan a renovar nuestra fe y esperanza en la vida eterna, que trasciende las barreras de la muerte, tal como confesamos en le Credo.

En el Día de todos los Santos recordamos, honramos, invocamos y nos propensos imitar a los incontables cristianos, declarados o no como santos por la Iglesia, que habiendo recorrido en este mundo su camino en fidelidad, hoy gozan para siempre de la bienaventuranza eterna. Es un culto legítimo, por el que consideramos a los santos como fieles discípulos e imitadores del Señor, al que, en definitiva, damos culto e invocamos, poniendo como intercesores a los santos, que están ya definitivamente más cerca de Dios.

En el Día de Difuntos, la Iglesia nos invita a orar por todos los difuntos, no sólo por los nuestros, por los más cercanos, sino por todos, también por aquellos de los que nadie se acuerda. Es un acto de solidaridad y el ejercicio de la caridad cristiana, que traspasa la frontera de la muerte, por la comunión de los santos, y nos posibilita ofrecer al Señor nuestras oraciones y nuestros sufragios para que Él los haga llegar como efecto de su amor y de su misericordia a los hermanos difuntos.

La inmediatez de ambas conmemoraciones y el hecho de que la Fiesta de los Santos sea día festivo y la Conmemoración de los Difuntos, laborable hace que la atención a los difuntos, como la visita a los cementerios para orar y llevar flores a las tumbas, invada en cierto modo el espacio del Día de los Santos. Bien organizados, habríamos de tener tiempo para ambas obligaciones: para honrar e invocar a los santos y, para orar por los difuntos. Son dos buenas costumbres cristianas que hemos de cultivar y transmitir a las siguientes generaciones, explicándoles el verdadero sentido del culto a los santos y su diferencia con la oración por los difuntos.

Llama la atención, por otra parte, que, desde hace no mucho tiempo, se ha introducido en España, sobre todo entre los niños, una costumbre y un rito importado, procedente de costumbres y ritos ancestrales, de origen celta, según parece, llevados a los Estados Unidos de América en el Siglo XIX por emigrantes irlandeses y reimportados después a Europa. Me refiero a Halloween, que, aunque traducido parece que significa la Víspera de la Fiesta y se celebra el 31 de octubre, es de origen pagano y responde a costumbres y ritos propios de este tiempo de otoño en que mengua el tiempo de luz del día y va creciendo el de oscuridad con la noche. Con fuego, luces o linternas, se intenta ahuyentar la oscuridad y, con ella, el miedo y los supuestos malos espíritus de la noche.

Si todo quedara en juego de niños, con sus regalos y travesuras…Pero también podemos correr el riesgo de que, a impulsos del comercio, del consumo y de la moda, costumbres, como ésta, paganas, importadas, prevalezcan y hasta desplacen costumbres cristianas arraigadas y beneficiosas, como son la devoción a los santos y el recuerdo y la oración por los difuntos.

Os saluda y bendice vuestro Obispo,

+ José Sánchez González
Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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