«Al servicio de la familia», carta del Mons. Casimiro López

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Celebramos con gozo el 10º Aniversario del Centro de Orientación Familiar. Este servicio diocesano ha ofrecido en estos años de existencia ayuda y orientación a un gran número de novios, matrimonios y familias. El COF está integrado en la pastoral matrimonial y familiar de nuestra Iglesia Diocesana, que además de la atención de las parroquias a novios, matrimonios y familias, cuenta con grupos y movimientos familiaristas y con la Delegación Diocesana de Pastoral familiar. En diversas zonas y parroquias se imparten cursillos prematrimoniales a los novios, sin olvidar la atención a familias en necesidad por parte de Cáritas y otras instituciones eclesiales. Y, no obstante, en conversaciones privadas o en encuentros pastorales, la pastoral familiar es una de las cuestiones que encuentra mayor sensibilidad y preocupación.

Los sondeos sociológicos sitúan a la familia como una de las instituciones mejor valoradas. La familia actual muestra aspectos positivos, como una conciencia más viva de la libertad personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio, a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación responsable y a la educación de los hijos. Pero la acechan nuevos y graves problemas, como una equivocada concepción de la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades en la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas de la familia en la transmisión de los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto o la instauración mentalidad anticonceptiva.

La Iglesia mira a la familia, con esperanza y con preocupación, porque se trata de un bien muy importante para toda la humanidad, que se encuentra amenazado. Y es que la familia es la célula fundamental de la sociedad, cuna de la vida y del amor en la que el hombre nace y crece. El clima familiar es básico en el desarrollo de la personalidad y los hábitos de conducta; en ella la persona aprende a ser persona, y se enraízan los criterios y valores que orientan la vida futura.
La familia es una caja de resonancia de cuanto ocurre en la sociedad y se siente contaminada por una visión materialista, hedonista y secularizada de la vida. Se puede decir que la familia va dejando de ser, en general, religiosa y escuela de fe; y lo que se transmite en muchas no es la fe cristiana, sino indiferencia y silencio religioso. Es verdad que hay familias, que mantienen viva su identidad cristiana y se preocupan por la educación de la fe de sus hijos. Pero hay otras en que lo religioso está ausente del hogar, aunque se siga pidiendo el bautizo del hijo, se solicite la primera comunión, la catequesis o la clase de religión.

Los desafíos pastorales son muchos. Pero el Señor nos empuja a acompañar y servir a la familia, “iglesia doméstica”, y a todos aquellos que descubren su vocación al matrimonio y la familia. Los padres, hoy más que nunca, tienen que velar porque la familia sea la primera escuela de actitudes y valores para los hijos, llamados ser miembros activos de la Iglesia y ciudadanos solidarios de la sociedad. El crecimiento de la identidad cristiana de las familias será un fermento inestimable en la Iglesia y en la sociedad, y una respuesta a la iniciación cristiana y la transmisión de la fe.

Con mi afecto y bendición,
+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

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