Manifestación del 17-O: por humanidad

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/ Por José María Gil Tamayo.
Hoy es la fecha de la gran manifestación que han convocado en Madrid para este día 17 de octubre casi medio centenar de organizaciones y grupos sociales, en defensa de la vida, la mujer y la maternidad, amenazadas cada vez más en nuestro país, sobre todo con la nueva ley del aborto que está en camino de aprobar las Cortes, a instancias e impulso decisivo del Gobierno de España, con un ministerio casi hecho “ad casum” como es el llamado “de Igualdad”. ¡Cómo si no hubiera en España verdaderos problemas sociales!
Ante esta iniciativa legal y ante otras que le han precedido referidas al rediseño artificial del matrimonio o de intromisión estatista en el ámbito educativo, se pone cada vez más de manifiesto la obligación y necesidad de generar un verdadero movimiento humanitario y ciudadano -¡sociedad civil!- que no sólo nos defienda frente a los atentados que amenazan directamente la vida humana, como es sin duda alguna el aborto, sino también preserven el verdadero sentido de humanidad, “la verdad del hombre” como diría Juan Pablo II, que todavía se mantiene en la inmensa mayoría de la buena gente de nuestro pueblo.
La manifestación del 17-O contribuirá sin duda a ello y para su mayor eficacia es imprescindible gestionar aún mejor en el futuro la “post-manifestación”, aprovechando su impulso social, traduciéndola en la creación de espacios de acción conjunta y coordinada con grupos y colectivos abiertos de la sociedad civil, donde católicos y fieles de otras confesiones se den la mano con otras personas que, aún careciendo compromisos religiosos, sí mantengan íntegros, sin contaminación ideológica o de interese políticos partidistas, la defensa de la verdadera dignidad de la persona humana desde el momento de su concepción hasta su muerte natural, así como de los derechos que nacen de su naturaleza inviolable En definitiva se necesita generar una corriente social de humanidad que, con perseverancia e inteligencia, tendrá consecuencias políticas y legislativas en el futuro.
Ciertamente los contenidos –el esencial de la muerte de un inocente- y los procedimientos que la nueva ley del aborto establece –aumento de plazos, decisión de menores de edad, etc.- son de una gravedad suma contra la vida de los seres humanos todavía no nacidos y que se gestan en el seno materno. También la nueva ley contribuirá a aumentar los datos alarmantes, de auténtica tragedia humanitaria, que ya ostenta nuestra nación en este terreno. Así lo denunciaba hace poco más de un mes el Instituto de Política Familiar al señalar que España es el país de la Unión Europea donde más se han incrementado los abortos, tanto cuantitativa como porcentualmente, en los últimos 10 años. En España se ha producido de 1997 a 2007 un incremento del 126% (el aumento en términos absolutos ha sido de 62.560 abortos).
Cifras para llorar, reparar, rezar y no cruzarse de brazos sino actuar en el campo político, legislativo, de atención social y sanitaria, pero la batalla tiene, sobre todo, un frente cultural y social que sólo puede ser superado con un rearme ético y moral, de convicciones de humanidad, de recuperación del valor de la ley natural, que proceda a la reconversión de la opinión pública a favor de la vida, ya que cada vez más se están debilitando por el imperio del relativismo las bases morales del derecho a vivir dándose paso a una aceptación social del aborto en la práctica. Aquí está el mal y el reto más decisivo.
En este sentido y para empezar por lo más inmediato que centra la reivindicación del 17-O no vendría mal recordar las palabras del Siervo de Dios Juan Pablo II en su encíclica “Evamgelium vitae”: “Con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus sucesores declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio es siempre un desorden moral malo, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente” (n.62). Así de diáfano y contundente se expresaba el Papa Wojtyla y lo ha seguido haciendo su sucesor Benedicto XVI. Con estos asuntos no caben ambigüedades y quien no se entera es porque no quiere. Con la vida no se juega. Hagamos algo… por humanidad.

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