Los obispos africanos continúan presentando en el Sínodo los sufrimientos de sus países

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La undécima Congregación General del Sínodo africano se celebró ayer mañana en presencia del Papa y de 221 padres sinodales. El presidente delegado de turno fue el cardenal Théodore-Adrien Sarr, arzobispo de Dakar (Senegal). Ofrecemos a continuación extractos de algunas de las intervenciones:

OBISPO LOUIS NZALA KIANZA, DE POPOKABAKA (REP. DEMOCRATICA DEL CONGO). «Los graves problemas de la pobreza, la miseria, la tragedia del hambre, la falta de acceso a las medicinas y a otras necesidades primordiales que conocen la mayoría de los países africanos, exigen de nuestras Iglesias hoy un nuevo espíritu de solidaridad, de comunión y de caridad inventiva. Las Iglesias de África deben ser más audaces y activas para desarrollar estructuras susceptibles de inscribir en su praxis eclesial esta solidaridad orgánica. (…) Es urgente actualizar la constitución de los fondos de solidaridad a nivel diocesano, nacional, regional y continental. Este fondo de solidaridad podría ayudarnos a intervenir en la medida de nuestras posibilidades, sin esperar todo de Occidente. Las caritas diocesanas, nacionales, regionales y continentales pueden ser los instrumentos apropiados para la construcción de estos fondos».

ARZOBISPO ANTONIO MARIA VEGLIÓ, PRESIDENTE DEL PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PASTORAL DE LOS EMIGRANTES E ITINERANTES (CIUDAD DEL VATICANO). «La crisis económica y los conflictos que afectan a muchos países del continente africano han dado lugar a preocupantes sentimientos xenófobos hacia los inmigrantes, transformados en chivos expiatorios de los problemas políticos y económicos internos. Por lo tanto, a menudo, las políticas migratorias de los Estados se han vueltos mas rígidas para hacer difícil la permanencia y el desarrollo de actividades por parte de los inmigrantes. En este contexto, el respeto de los derechos humanos, de los principios democráticos y del Estado de derecho, el buen gobierno, la profundidad del dialogo político y el refuerzo de la cooperación internacional, representan las líneas guías sobre las que se juegan el presente y el futuro de África.
La dimensión pastoral, en este proceso, no es de menor importancia. Solamente una auténtica relación de justicia conducirá, de hecho, a la paz y de allí, la Iglesia en África podrá sacar las fuerzas para estar al servicio de la reconciliación y del anuncio del Evangelio».

CARDENAL JOHN NJUE, ARZOBISPO DE NAIROBI, PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL (KENIA). «África sigue teniendo sed de un buen gobierno. Muchos países de África continúan resistiendo al mal gobierno. (…) La Iglesia en Kenya y en otras partes de África sigue comprometiéndose para crear sistemas de gobierno que consideren la justicia finalizada al servicio del bien común. Las cartas pastorales han afrontado constantemente el tema del mal gobierno, que se podría definir como el cáncer de África. (…) Lo que es evidente en Kenya y en África en general, es que algunos líderes prefieren mantener constituciones que les permitan tener un poder fuera de todo control, que conduce a la anarquía y a la dictadura. (…) La Iglesia en Kenya sigue haciendo hincapié en que es urgente realizar las reformas a través de buenos sistemas de justicia. (…) Es urgente, por lo tanto que haya un programa de formación para las personas de gobierno; formar políticos válidos y santos como agentes de buen gobierno; crear capellanías para los políticos; reforzar los medios de comunicación católicos para favorecer la formación moral de todos; promover el papel profético de la Iglesia en todos los sitios; dedicarse con determinación a la formación permanente de todos los agentes de evangelización, incluidos los políticos, que se base en un sólido catecismo y en la doctrina social de la Iglesia».

OBISPO AUGUSTINE OBIORA AKUBEZE, DE UROMI (NIGERIA). «En tiempos remotos nuestros antepasados creían en la existencia de las brujas y en el peligro que representaban para la especie humana y la sociedad. (…) A diferencia de los seres humanos, las brujas eran artífices de las desgracias más terribles para sus familias y sus comunidades. (…) Hoy las sospechosas de brujería son abandonadas, aisladas, discriminadas y sufren el ostracismo de la comunidad. A veces las llevan al bosque, las maldicen públicamente y las asesinan; (…) otras veces las sumergen en ácido y las dejan allí hasta que mueren. En algunos casos las envenenan o las entierran vivas. Algunas Iglesias no se oponen ya que ha habido casos de Pentecostales que han encadenado y torturado a las sospechosas de brujería para arrancarles una confesión. Desgraciadamente en las familias y escuelas, e incluso en las iglesias y mezquitas, en los medios de comunicación y en las películas, se hace creer a los africanos que las brujas existen y que la brujería funciona. (…) Nos maravillamos de que en el siglo XXI muchos africanos den crédito a esta superchería primitiva. Por eso, creemos que es necesario plantear esta cuestión en el Sínodo para que se emanen disposiciones oportunas para guiar a nuestro rebaño».

ARZOBISPO JAIME PEDRO GONÇALVES, DE BEIRA (MOZAMBIQUE). «En Mozambique la Iglesia hizo de intermediaria en las conversaciones de reconciliación para poner fin a una guerra civil que duraba desde hacía 16 años. Se firmó un buen acuerdo de paz y el país sigue tranquilo. Hay que profundizar y promover en África iniciativas como aquella. (…) La Iglesia debe formar reconciliadores y pacificadores para la resolución de conflictos (…) porque en el mundo político africano hay retrocesos, recrudescencias de la violencia, restablecimiento de dictaduras y persecuciones políticas. Auspicio un jubileo de reconciliación para todo el continente africano como fruto del compromiso de todos en pro de la reconciliación».

OBISPO THEOPHILE KABOY RUBONEKA, COADJUTOR DE GOMA (REP. DEMOCRÁTICA DEL CONGO). «Los conflictos y la guerras han desembocado, especialmente en la República Democrática del Congo, en la victimización y la cosificación de las mujeres. Los grupos armados han llevado a cabo violencias sexuales sobre miles de mujeres, como arma de guerra, rompiendo todos las disposiciones jurídicas internacionales al respecto. Partiendo de nuestra experiencia, para aliviar, aunque sea solo un poco, las consecuencias y los traumas padecidos por mujeres y niñas, proponemos: 1) combatir la violencia sexual remontándonos a su causa última, que es la crisis de los gobiernos. (…) 2) La creación de Casas de la Mujer y la Joven como centros de escucha y compañía de mujeres violadas y traumatizadas. 3) La implicación directa de las mujeres en las Comisiones «Justicia y Paz» para que las mujeres promuevan la paz y luchen contra las ideas que las envilecen. (…) 4) Formación mediante catequesis y alfabetización de las mujeres para que puedan desempeñar adecuadamente su papel, articulándola en tres módulos: dignidad y vocación de la mujer, la mujer artífice de paz y la mujer promotora del cambio social. 5) Puesta a punto de estructuras de promoción de la mujer».

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