Para Mons. Algora, el Domund nos invita «a ser testigos de Jesucristo para los de cerca y los de lejos»

algora
«Luz», carta con motivo del Domund 2009

“Por ser Cristo luz de las gentes, este sagrado Concilio, reunido bajo la inspiración del Espíritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos los hombres con su claridad, que resplandece sobre el haz de la Iglesia, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc, 16,15). (LG 1).

En este DOMUND-2009, “vehementemente” hemos de gritar, y en una doble dirección, que Jesucristo es “Luz de los Pueblos” Sí, una “claridad que resplandece sobre el haz de la Iglesia”. Necesitamos los católicos sentirnos bañados (bautizados) por la claridad que se nos ha dado en Jesucristo. Continuamente se nos dice que nuestra fe no sirve para nada, que es algo del pasado… Indudablemente nos viene muy bien la Jornada del DOMUND para darnos cuenta que los amigos de la noche nos necesitan, pero como aurora que llena de claridad devuelve colorido a la vida, apaga las luces de artificio que encendemos los humanos, y se comienzan a ver los caminos transitados por el Amor del caminante de Galilea llenando con la luz de la Resurrección la vida de aquellos pescadores que no cogieron nada en la noche, y que porque hicieron caso al maestro, una vez más, llenaron de nuevo las redes.

La luz, que Cristo es para las gentes, no se puede concebir de otra manera, el mismo Señor nos lo dijo: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”(Mt 5 14-17)

Aparece aquí esta segunda dirección del DOMUND. La luz que resplandece en la Iglesia es para anunciar “el Evangelio a toda criatura”. Los católicos celebramos en esta jornada que los somos, que somos “universales”, que somos para todas las gentes, para todos los pueblos, y hoy muy especialmente para tanta gente entenebrecida, a nuestro alrededor, por el desvalimiento moral de unos criterios, de una ideología esta sí que más que trasnochada de aquel paraíso perdido donde el ser humano pensó que podía comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, esta vez con poder parlamentario para condenar a inocentes en el vientre de su madre.

Por eso nos necesitan nuestros contemporáneos luminosos de Jesucristo. San Pablo con lenguaje militar nos indica la dificultad ambiente: “Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes. (En pie!, pues; ceZida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza, calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno. Tomad, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos… (Ef 6, 13-19)

Que “el día de las Misiones” sea un doble reto en nuestra vida de católicos que han sido paralizados por los dardos acusatorios de la intolerancia, de lo carca, de una moral trasnochada… y nos lancemos a ser testigos de Jesucristo para los de cerca y los de lejos. Tan malos no seremos cuando recogemos cantidades de dinero que después gastan bien los misioneros. Dos cosas que tampoco aguanta nuestro mundo.
Vuestro obispo,
+ Antonio Algora
Obispo de Ciudad Real

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