Homilía del capellán que atendió espiritualmente al cabo Cristo Cabello en Afganistán

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Ofrecemos por su interés la homilía que el sacerdote Luis Miguel Muñoz Ríos, capellán jefe del Servicio de Asistencia Religiosa de la Base de Apoyo Avanzado de Herat (Afganistán) pronucnió el día 7 de octubre de 2009 en la litúrgia de la Palabra de los Honores Militares del cabo Cristo Cabello Santana, muerto en acto de servicio:

No sabemos qué fue lo que traspasó el corazón de nuestro compañero el cabo Cristo, cuando al llegar a la FSB de Herat escuchó la oferta de poder recibir aquí los sacramentos de iniciación cristiana.
Sí sabemos que un día apareció por el despacho del Servicio de Asistencia Religiosa pidiendo ser bautizado, y para ello se estaba preparando con gran ilusión.
Ayer mismo estaba previsto hacerle por la noche, en la catequesis, la entrega del Padre nuestro. Pero el Señor, cuyos caminos no son nuestros caminos, y cuyos pensamientos son más altos que los nuestros, se nos adelantó.
“Convertíos y bautizaos y recibiréis el don del Espíritu Santo”, hemos escuchado en la lectura de los Hechos de los Apóstoles. Mientras los médicos y el personal sanitario luchaban de modo admirable por salvar la vida de Cristo, el Señor lo bautizaba y confirmaba por medio de este indigno ministro suyo, en la camilla que sería, poco después, su lecho de muerte.
De este modo nuestro hermano Cristo, nada más ser hecho cristiano y cumpliendo la exhortación del apóstol san Pedro, escapaba de esta generación perversa.
Un día le comenté a Cristo que había pedido a España una concha para administrarle el bautismo, y me dijo que él tenía una concha de peregrino de cuando hizo el Camino de Santiago, que se la había llevado a la misión del Líbano y que siempre la llevaba con él. De inmediato me la trajo para usarla en su bautizo. Esa concha de peregrino, donde va dibujada la cruz de Santiago, cuelga ahora del cuello de Cristo, acompañándolo en su último viaje.
Nuestro hermano cristo está hoy con nosotros, no sólo su cuerpo, sino su alma, y esa alma nos dice lo que María Magdalena en el Evangelio: “He visto al Señor y ha dicho esto”. Y lo que el Señor ha dicho a Cristo para que nos lo diga a nosotros, bien pudieran ser las palabras de san Agustín:
“No lloréis si me amáis. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudierais ver desarrollarse ante vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo, la Belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
¡Cómo! ¿Vosotros me habéis visto, me habéis amado en el país de las sombras y no aceptáis verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
Creedme: cuando la muerte venga a romper las ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban y cuando un día que Dios conoce, vuestras almas vengan a este Cielo en que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os amará, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas”.

Hch 2, 36-41.
Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 (R/.: 5b).
Jn 20, 11-18.

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