«Siempre igual: a favor de la vida», carta del obispo de Plasencia recordando la doctrian de la Iglesia contra el aborto

amadeo2
Desde que el Gobierno anunció el envío a las Cortes del “Anteproyecto de Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”, se ha abierto un amplio debate en la sociedad. Un debate que se ha situado en un gran “equívoco”. Muchos de los planteamientos que se han hecho, por no decir casi todos, han dado la impresión de que en la sociedad hay un sí generalizado al aborto, aunque se difiera en los matices. En esta ocasión el debate se ha centrado en un tema importante, pero evidentemente menor en relación al gran tema que está en juego: el de la vida. Se ha hablado muchísimo de los dieciséis años de la embrazada y del ¿consentimiento? o ¿información? de los padres. Pues bien, este asunto ha anulado prácticamente al principal. Muchas opiniones, en diversos ámbitos, incluso han sacado pecho con una “rigurosa oposición”, cayendo en la trampa de una calculada estrategia para desviar la atención de la cuestión esencial. En el debate, en efecto, casi todo se ha quedado reducido al tiempo y a las circunstancias.
Menos mal que una vez más ha habido quien ha dicho con firmeza que está a favor de la vida y en contra de la cultura de la muerte. Y, como siempre, no sólo lo ha planteado, sino que también lo ha razonado, aunque su postura haya sido “ninguneada” por muchos con los habituales argumentos faltos de rigor y encaminados a desprestigiar al que disiente: “que si están lejos de la sociedad”; “que si no aceptan las instituciones democráticas”; “no valoran el parlamento”; “no reconocen la capacidad de los legisladores para decidir la verdad”; “entran en cuestiones políticas”, etc.
La señalada con esos comentarios es la Conferencia Episcopal Española, a través de la Comisión Permanente, que, una vez más, ha analizado punto por punto y con rigor, el “Anteproyecto de Ley” citado. Ese análisis se lo ha ofrecido a los católicos y a los ciudadanos de buena voluntad con un título que pone en evidencia las verdaderas intenciones de lo que pretende hacer el Gobierno a través del Parlamento: “Atentar contra la vida de los que van a nacer, convertido en “derecho”. Evidentemente no se limita a replicar, sino que, al hilo de su argumentación, los obispos proponen la doctrina católica sobre el valor del la vida humana, es decir, el “Evangelio de la vida”.
Invito a leer esta declaración de los obispos, pues entiendo que es un valioso instrumento para formarse un juicio moral ante esta nueva iniciativa y, sobre todo, ante la cuestión de vida o muerte que siempre es el aborto. Al leer, se puede comprobar que la Conferencia Episcopal Española sigue fiel a su doctrina, sin moverse ni un solo milímetro. Y eso, aunque irrite tanto, lo único que muestra es que los católicos estamos situados firmemente en una posición de fidelidad: a Dios en primer lugar, autor y creador de la vida, y al hombre en su naturaleza humana, que viene al mundo con un derecho y un destino inviolable: el de vivir libre y dignamente para seguir viviendo eternamente.
Porque conviene quedar claro que esos planteamientos no son exclusivos de los calificados por algunos como “retrógrados” obispos españoles. La doctrina sobre la vida es la misma en Madrid que en Singapur, en Río de Janeiro que en Montreal, en Estocolmo que en Ciudad del Cabo. Además es necesario aclarar que estas posiciones de los católicos no son de hoy; se reciben de las convicciones que a lo largo de la historia han mantenido los hijos de la Iglesia. Y conviene que se ponga de relieve que, en sus convicciones, los obispos no están solos; con ellos, millones de hombres y mujeres comparten el mismo respeto por el ser humano y su dignidad, desde su concepción hasta su muerte natural.
Esta seriedad y firmeza en el planteamiento morales no se puede interpretar como falta de sensibilidad y misericordia hacia las personas. Los obispos somos conscientes de que cada aborto va unido a una tragedia que, por supuesto, nos duele. No somos, por tanto, ajenos a la situación de las mujeres que se plantean la posibilidad de abortar. Al contrario, nos consta que el aborto no sólo hace víctima a la criatura, sino también a la madre que lo busca o lo consiente. Sabemos muy bien que, en ocasiones, la tragedia precede al aborto mismo, y que es la verdadera culpable de que se busque una solución, la mayoría de las veces no querida. Somos conscientes también de que la tragedia sigue casi siempre al acto abortivo; pues en muchos casos marca para siempre la vida de las mujeres. Es verdad que algunas manifiestan su liberación e, incluso, su satisfacción por haberse dejado atrás un obstáculo; pues bien, también eso es una gran tragedia, ya que esas mujeres son víctimas de una mentalidad que consagra, unas veces, el miedo a lo diferente y, otras, el egoísmo como actitud frente a los demás seres humanos, incluso ante el que llevan en su vientre. Y la última gran tragedia es la de querer justificar por el camino de la ley el gran drama mundial que suponen los millones de pérdidas de vidas humanas a las que se les está negando la posibilidad de nacer.
Es evidente que, si el aborto no es la solución, ésta ha de venir por canalizar posibilidades para la vida. La primera de todas ha de ser una educación en valores que lleve a un respeto generoso a la vida del otro, como base de la educación sexual. Hay que educar, en efecto, en la pedagogía del don; es decir, hay que educar para acoger lo que se nos da como un regalo y para ofrecer siempre vida a los demás. Pero, para que los valores prendan en la sociedad, éstos han de ir acompañados con soluciones políticas urgentes, entre las que están las medidas en favor de la familia en general y de la mujer en particular, creando posibilidades reales en las que cualquier ser humano, en cualquier circunstancia, pueda nacer y vivir con dignidad. Y siempre es necesaria una política de acogida de toda persona, para que al nacer, si no fuera posible en su hogar y con sus padres, encuentre la generosidad de una sociedad que favorece una adopción digna.
Sólo creando estas condiciones sociales será real y sincera una política que se sitúe claramente a favor del “nasciturus”. Y como el Anteproyecto de ley va en la dirección contraria, la sociedad, en su legítimo derecho, se manifiesta con iniciativas como RedMadre y movilizaciones públicas, con las que intenta cambiar el rumbo de las cosas.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 40702 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).