Cada uno de los obispos presentes en el Sínodo expone en público los problemas más preocupantes de la Iglesia en África

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Ayer tuvo lugar la octava Congregación General de la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos. Además del Papa, estuvieron presentes 219 padres sinodales. El presidente delegado de turno fue el cardenal Théodore-Adrien Sarr, arzobispo de Dakar (Senegal).

Ofrecemos a continuación extractos de algunas de las intervenciones:

OBISPO JAN OZGA, DE DOUMÉ-ABONG’ MBANG (CAMERUN). «Esta segunda Asamblea Sinodal para África, para producir los frutos deseados, debe pasar, y esto me parece de extrema importancia, a través de la familia africana. Dado que, la formación de una nueva cultura de la reconciliación, de la justicia y de la paz es una obra de la familia antes que de la sociedad. Si estos tres valores arraigan y toman fundamento y sentido en la familia, esta cultura puede extenderse a nivel de toda la sociedad africana. (…) La justicia es la justa apreciación, el reconocimiento, el respeto por los derechos y los méritos de cada uno. La familia está llamada a educar en la verdadera justicia, la única que induce a respetar la dignidad personal de cada uno».

OBISPO ALBERT VANBUEL, S.D.B., DE KAGA-BANDORO (REPUBLICA CENTROAFRICANA). «En los últimos meses hemos deplorado las manifestaciones de división entre los sacerdotes, entre los sacerdotes y los Obispos, entre sacerdotes y laicos; no es éste el Evangelio que debemos anunciar, ciertamente. Hemos sido llamados a construir una Iglesia unida por el Espíritu de Dios que nos guía. No podemos, al mismo tiempo, lacerar el cuerpo de Cristo. El año sacerdotal que el Santo Padre nos regala, puede inspirarnos y ofrecernos una orientación: fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote y fidelidad de todo bautizado. Existe una aspiración general por un tiempo de paz, de justicia y de reconciliación. Los acontecimientos que hemos vivido y que continuamos viviendo en este tiempo nos demuestran que existe siempre una razón de esperanza y que en la noche en la que vivimos se anuncian la aurora y el día. Cada uno de nosotros es débil, pecador; pero juntos tenemos que escuchar la Palabra de Dios, tenemos que vivirla, para construir en la comunión nuestra Iglesia-Familia. ¡Que Dios nos bendiga y nos dé la fuerza de la perseverancia de un testimonio auténtico!».

ARZOBISPO JOSEPH KUMUONDALA MBIMBA, DE MBANDAKA-BIKORO (REP. DEMOCRATICA DEL CONGO). «Tras la implantación de la Iglesia en África y más especialmente en la República Democrática del Congo, la educación escolar siempre se ha beneficiado de una atención singular por parte de la Iglesia. Por eso, las escuelas de todos los niveles, así como los institutos superiores y las universidades constituyen lugares de apostolado. (…) La crisis multiforme relacionada con las guerras continuas ha entrañado consecuencias deplorables en el sector de la educación. (…) Una educación deficiente compromete el futuro de las generaciones de jóvenes y sacrifica sus capacidades, que deberían servir a toda la nación. Esto es injusto y no garantiza la paz. Los jóvenes frustrados están a merced de los malhechores. En un clima de complacencia engendrado por prácticas indecentes, la calidad de la enseñanza no está garantizada. Los organizadores, promotores y parientes son conscientes de que los diplomas otorgados no representan un nivel intelectual y moral apropiado a las exigencias del mundo científico y laboral».

OBISPO EVARISTUS THATHO BITSOANE, DE QACHA’S NEK, PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL (LESOTHO). «La Iglesia de Lesotho, como tantas iglesias en África, está comprometida en los ámbitos de la sanidad, la educación, y el servicio a los pobres. En Lesotho es católico alrededor del 50 por ciento de la población y la Iglesia cuenta con la mayor parte de las escuelas del país. En función de ese número habría que esperar que los principios católicos prevalecieran en el funcionamiento del país. Al contrario, las personas se adhieren a todo lo que les da de comer, aunque sea opuesto a la enseñanza de la Iglesia. Buen número de países africanos han firmado el Protocolo de Maputo, entre ellos Lesotho. Aunque los servicios de nuestros hospitales católicos sean muy apreciados, pensamos que en los hospitales privados se practican numerosos abortos. La Iglesia de Lesotho necesita con urgencia, para proseguir su servicio a los pobres, que las Iglesias hermanas del mundo desarrollado hablen con sus gobiernos para que no impongan ideologías ajenas a África. Durante este periodo de transición hasta que logre la autonomía financiera, África necesitará la ayuda de sus Iglesias hermanas en el mundo desarrollado».

OBISPO FRANKLYN NUBUASAH S.V.D., VICARIO APOSTOLICO DE FRANCISTOWN (BOTSWANA). «Botswana es una pequeña nación estable y democrática, (…) un país moderadamente rico que atrae personas procedentes de otras regiones de África. (…) Acogemos a los refugiados que buscan asilo. Tenemos paz gracias a nuestro tradicional mecanismo «kgotla», es decir el tribunal de la regla donde se respeta el diálogo. Para nosotros la guerra más grande es la de las palabras. La Iglesia ha introducido esta praxis cultural en las parroquias para contribuir a promover la paz y la comprensión. Actualmente hay presiones sobre nuestros recursos, mercado de trabajo y servicios sanitarios debido al aflujo de personas a causa de la situación política y social de la región. Nos preocupa la xenofobia, que es consecuencia de la dura crisis económica actual. La Iglesia ha promovido la paz y la fraternidad entre las personas. Las minorías no tienen necesidad de servirse de la violencia para dar a conocer sus problemas. El Sida es un reto para los países del Sur de África. Botswana trabaja en la educación para prevenir nuevas infecciones. El tratamiento está disponible para nuestros ciudadanos pero, desgraciadamente, no para los refugiados e inmigrantes que viven en el país. El Sida ha arrasado los cimientos de la sociedad de Botswana. Puede utilizarse potencialmente como arma de guerra y conflicto. ¿Cómo se puede perdonar a alguien que te infecta deliberadamente con ese virus mortal?».

ARZOBISPO JORGE ENRIQUE JIMENEZ CARVAJAL, C.I.M., DE CARTAGENA EN COLOMBIA (COLOMBIA). «Miles y miles de seres humanos de raza negra llegaron a toda América donde se les subastaba y se les hacia laborar hasta la muerte. (…) Pedro Claver esperaba los » barcos negreros » con una óptica diferente a la de quienes negociaban con ellos. (..) Para el apóstol llegaban «hijos de Dios», que exigían entender toda la verdad del Evangelio. (…) África es la «Patria Grande» de todas nuestras negritudes desde Canadá a la Tierra del Fuego incluyendo toda la maravilla de la presencia de esta raza en las Antillas y en el Caribe. Cuántas cosas que hacen grande al Continente Americano sólo han sido posibles con el aporte de las negritudes herederas de tantas riquezas que siguen ocultas de esta raza, de tanta riqueza de símbolos que enriquecerían con el paso de los tiempos el mensaje cristiano, de tanta alegría en el creer en la fe, así la vida sea dura con ellos. La historia del África en América no es asunto del ayer, es un hoy viviente. Por eso, creo que este Sínodo debe abarcar igualmente una palabra para las «Negritudes» americanas (espero que hayan notado que uso la palabra «americano» para designar toda la América, la del norte, la del centro, la antillana, la caribeña, la del sur ). Gran parte del corazón de ellas vive aún y seguirá viviendo en el África y lo que les suceda aquí lo apreciarán y vivirán como propio».

Séptima Congregación General

Por otro lado, a las 16,30 del jueves comenzó la séptima Congregación General del Sínodo africano, en la que participaron 212 padres sinodales. El presidente delegado de turno fue el cardenal Francis Arinze, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La sesión terminó a las 17,30 para permitir asistir a quienes lo desearan al concierto «Los jóvenes contra la guerra», en el Auditorio de Via della Conciliazione, en presencia del Santo Padre.

Ofrecemos a continuación extractos de algunas intervenciones en el Aula del Sínodo:

CARDENAL ANDRÉ VINGT-TROIS, ARZOBISPO DE PARÍS, PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL (FRANCIA). «Nuestras Iglesias europeas han podido alegrarse de ver a las Iglesias africanas subsaharianas alcanzar su madurez, con su jerarquía propia, su clero, sus comunidades religiosas, sus laicos comprometidos con tanto ahínco en la vida de las parroquias y en el anuncio del Evangelio en la tierra de África. Desde hace algunos años, nuestras relaciones se desarrollan mediante un verdadero intercambio de dones. Sin duda, muchas diócesis o parroquias de Francia están comprometidas en la ayuda concreta a varias iglesias de África. Y en la actualidad, muchas de nuestras diócesis reciben una importante ayuda de las diócesis africanas. (…) Es necesario que las relaciones entre los dos obispos (el obispo de África y el obispo de Francia) sean cada vez lo más claras posibles. Cuando se olvidan estas condiciones previas, se causa un perjuicio a la misión y al sacerdote. Las dificultades que encontramos no deben esconder la riqueza de las relaciones entre nuestras Iglesias ni impedirnos dar gracias por el intercambio de dones que vivimos».

CARDENAL ANTHONY OLUBUNMI OKOGIE, ARZOBISPO DE LAGOS (NIGERIA). «Los africanos son conocidos en general como personas muy religiosas. La idea de Dios o de la divinidad es innata en nosotros. Por tanto, no sorprende que dos de las religiones más extendidas en el mundo, el cristianismo y el islam, hayan sido acogidas con fervor en el continente. Sin embargo, es triste constatar como a menudo se ha hecho un uso equivocado de ellas y se han convertido en fuente de conflictos mortales en África. A pesar de todo, muchos padres difícilmente consiguen cumplir con sus responsabilidades con la familia sin una vida familiar de oración organizada, consciente, consistente o seria, o dicho más sencillamente, sin recurrir a Dios en los momentos de dificultad, de alegría y de dolor. Saben y creen firmemente que solo Dios puede cambiar, bendecir y fortalecer a la familia. (…) Por mucho que las cosas parece que no van bien, o por muchas soluciones que podamos proponer, si éstas no están bendecidas por Dios, me pregunto cuánto puede durar nuestro éxito, siempre que lo haya».

OBISPO MATTHEW KWASI GYAMFI, DE SUNYANI (GHANA). «En algunas partes de África, debido a la cultura y a la tradición popular anteriores a la llegada de la Iglesia, muchos africanos practican, sin culpa, la poligamia. Por este motivo, a muchas mujeres que frecuentan la Iglesia cristiana se les niegan los sacramentos del Bautismo, de la Confesión y del Matrimonio. (…) En algunas partes de África muchas mujeres frecuentan la Iglesia regularmente y participan activamente en todas las iniciativas eclesiales, pero no pueden recibir los Sacramentos del Bautismo, de la Confesión y del Matrimonio, por no hablar de la negación de muchos funerales cristianos porque los difuntos no han sido bautizados. Es necesario que la Iglesia afronte esta situación dolorosa y mortificadora de África, concediendo unos privilegios especiales a las mujeres que han sido las primeras mujeres con prole y que, sin su culpa, han sido víctimas de matrimonios polígamos, para que puedan recibir el Bautismo y los demás Sacramentos. Recibir los sacramentos supone para estas mujeres, que han sufrido tanto, compartir la paz y la reconciliación ofrecidas por la compasión y la paz de Nuestro Señor Jesucristo, que no ha venido a llamar a los justos sino a los pecadores».

OBISPO JOHN ANTHONY RAWSTHORNE, DE HALLAM, PRESIDENTE DE LA CATHOLIC AGENCY FOR OVERSEAS DEVELOPMENT (CAFOD), DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE INGLATERRA Y GALES (GRAN BRETAÑA). «Con la ayuda de las asociaciones católicas internacionales, la Iglesia en África hace frente al VIH y al SIDA ya desde mucho antes del primer Sínodo para África. Hoy parece que la preocupación disminuye aunque para muchos africanos el peligro sigue siendo grave. La solidaridad católica tendría que continuar sosteniendo el compromiso a largo plazo de la Iglesia en África para aumentar la sensibilización, acompañar a los enfermos y los contagiados, para formar a los jóvenes y para enfrentarse a este gran reto».

OBISPO EDWARD GABRIEL RISI O.M.I., DE KEIMOES-UPINGTON (SUDÁFRICA). «En África cuando se proclama el Evangelio y se profundiza su significado y su práctica nos encontramos con los mismos retos que encuentra la cultura. La Iglesia, por lo tanto, se encuentra en una situación privilegiada porque, cuando se esfuerza por promover los valores del Evangelio comparte un desafío parecido al de los pueblos africanos en su compromiso por preservar y promover los valores de su identidad cultural. La búsqueda del diálogo brinda a la Iglesia la ocasión para comprender a cuantos se sienten alienados en un continente cada vez más secularizado y globalizado, con sus dolorosos recuerdos de colonización y opresión. Es importante comprometerse en un diálogo abierto y sincero para construir el camino que nos lleve hacia adelante para que la influencia del Evangelio, como la de la cultura, no se pierda en el coro de voces que emergen en África. En particular, un compromiso renovado con el SECAM podría revelarse como un importante instrumento de diálogo en nuestro continente».

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