Los padres sinodales continúan exponiendo en el Sínodo los problemas y retos pastorales de África

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En la tarde de ayer tuvo lugar en el Aula del Sínodo la cuarta Congregación General del Sínodo para África, durante la cual continuaron las intervenciones de los padres sinodales. El presidente delegado de turno fue el cardenal Wilfrid Fox Napier, O.F.M., arzobispo de Durban (Sudáfrica). Estuvieron presentes en esta sesión 225 padres.
Ofrecemos a continuación extractos de algunas de las intervenciones en el Aula del Sínodo, recopilados por el VIS:

ARZOBISPO FRANCOIS XAVIER MAROY RUSENGO, DE BUKAVU (REPUBLICA DEMOCRATIVA DEL CONGO). «Partiendo de los daños causados por las guerras y las violencias en la parte oriental de nuestro país, (…) pensamos que la reconciliación no se puede limitar sencillamente a armonizar las relaciones interpersonales. Tiene que tomar en consideración, inevitablemente, las causas profundas de las crisis de las relaciones que se centran en los intereses y en los recursos naturales del país, que hay que explotar y gestionar con transparencia y equidad en beneficio de todos. (…) Mientras tomamos la palabra en estas reuniones, los agentes pastorales de nuestra archidiócesis son atacados por los enemigos del país. Una de las parroquias de nuestra archidiócesis fue incendiada el 2 de octubre, los sacerdotes fueron maltratados, algunos tomados como rehenes por hombres vestidos de uniforme que pretenden un rescate cuantioso que estamos obligados a pagar para ahorrar la vida de nuestros sacerdotes, a los que amenazan con masacrarles. Con estas actos se quiere reducir al silencio a la Iglesia, que es el único sostén de un pueblo aterrorizado, humillado, explotado, dominado».

CARDENAL WALTER KASPER, PRESIDENTE DEL PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCION DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS (CIUDAD DEL VATICANO). «Mientras gracias a Dios, ha habido un crecimiento rápido de la Iglesia en África, desgraciadamente también registramos una fragmentación cada vez más grande entre los cristianos. (…) En África hay también numerosas divisiones nuevas -baste pensar en los últimos tiempos en las comunidades carismáticas y pentecostales, a las denominadas iglesias independientes y a las sectas (…) cuya vitalidad en el continente africano se refleja en el aumento de las Iglesias independientes africanas que ahora han creado una institución oficial, la OAIC con sede en Nairobi. (…) El diálogo con estos grupos no es fácil y a menudo es absolutamente imposible a causa de su comportamiento agresivo y -por no hablar de otras cosas – de su bajo nivel teológico. Tenemos que hacer frente a este desafío urgente con una actitud de autocrítica. Efectivamente, no basta decir lo que está equivocado en ellos, tenemos que preguntarnos qué está equivocado o que es lo que falta en nuestra tarea pastoral. ¿Por qué tantos cristianos dejan nuestra Iglesia? ¿Qué les falta en nosotros y qué buscan en otros sitios?».

OBISPO MARTIN MUNYANYI, DE GWERU (ZIMBABWE). «Zimbabwe ha vivido experiencias socio-políticas muy difíciles e inhumanas que se remontan a la época precolonial, colonial y post colonial que deben abordarse con urgencia. En la búsqueda de una reconciliación duradera, sería un error pedir a las personas que olviden sencillamente el pasado. Hay necesidad de reconciliación no solo en el país en general, sino también en la Iglesia, dada la tensión existente en algunas parroquias a causa de las diferencias lingüísticas y étnicas. En África, cuando hablamos de justicia, hablamos ciertamente de las partes implicadas, que comprenden también a las familias. Las comunidades necesitan reunirse y discutir sus problemas en un escenario de «arbre á palabre». Y tendría que haber una justicia retributiva y reparadora antes de la muerte de una de las partes en causa. Las cuestiones de justicia en la Iglesia se refieren, obviamente, a no pagar a nuestros trabajadores la suma correspondiente al justo salario y al mal uso de los recursos de la Iglesia por parte de sacerdotes a cargo de la comunidad. Algunas prácticas de la Iglesia tienden a tener prejuicios contra las niñas. Por ejemplo, se castiga a las niñas y no a los niños. Como Iglesia local hemos instituido estructuras como la Comisión para la justicia y la paz para dedicarnos a los aspectos históricos negativos de nuestra experiencia».

OBISPO ARMANDO UMBERTO GIANNI, O.F.M. Cap., DE BOUAR, PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL (REPUBLICA CENTROAFRICANA). «Nos espera la delicada pero necesaria tarea de ayudar a los sacerdotes que tienen problemas para volver a encontrar el camino de la verdad. Esperamos del Sínodo una palabra clara y persuasiva sobre este tema. El desafío más grande es saber cómo ayudar a los sacerdotes a formar las verdaderas familias sacerdotales. Se siente la necesidad de un directorio de la vida sacerdotal. (…) La Iglesia sigue estando presente en todos los lugares del territorio. También en las llamadas áreas rojas, es decir inseguras, sigue realizando su labor en los colegios y la sanidad, estando cerca de los evacuados y los minusválidos. Quisiera destacar la disponibilidad del personal de las misiones en ese contexto de inseguridad para asegurar el servicio de mediación entre las fuerzas del gobierno y los rebeldes y, a veces, también con los bandidos. (…) Se escucha y se busca la voz de la Iglesia porque goza de credibilidad».

OBISPO GIOVANNI INNOCENZO MARTINELLI, O.F.M., VICARIO APOSTOLICO DE TRIPOLI (LIBIA). «En el continente africano hay más de diez millones de prófugos, de emigrantes que buscan una patria, una tierra de paz. El fenómeno de este éxodo revela un rostro de injusticia y de crisis sociopolítica en África. En Libia vivimos toda la tragedia de este fenómeno. Venir a Libia para ser expulsados de Europa… Hay miles de inmigrantes que entran en Libia cada año, provenientes de los países del África subsahariana. La mayor parte de ellos huye de la guerra y de la pobreza del propio país y llega a Libia, donde busca un trabajo para ayudar a la familia, o un modo para ir a Europa con la esperanza de encontrar allí una vida mejor y más segura. (…) Para muchos, la inmigración es una tragedia, sobre todo porque son objeto del tráfico de seres humanos (en particular, las mujeres) y del desprecio de los derechos humanos. Pero damos gracias por su testimonio cristiano. Es una comunidad que sufre, que busca, precaria, pero llena de alegría. Y que en un contexto social y religioso musulmán hace que la Iglesia sea creíble… y vive el diálogo de la vida con muchos musulmanes».

OBISPO JOSÉ NAMBI, DE KWITO-BIÉ (ANGOLA). «Se constata la falta de una verdadera educación cívica de los ciudadanos, que favorece la manipulación. Todo ello unido al analfabetismo en el ambiente rural hace que la situación sea muy precaria. La conciencia crítica de las personas es débil. Algunos consideran que es verdad todo lo que dicen los medios de comunicación social. Por eso, es urgente promover la educación cívica de los ciudadanos y reforzar su conciencia crítica. Esto significa promover la defensa de la libertad de expresión y de opinión como prerrogativa de la democracia y espacios de desarrollo. Los laicos que trabajan en las distintas instituciones civiles, en los partidos políticos, en el parlamento, están llamados a ofrecer un verdadero testimonio de la reconciliación, de la justicia y de la paz. Por eso, pensamos que es fundamental seguir formándoles en todos los niveles».

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