Benedicto XVI reiteró la necesidad de retomar una visión humanística de la universidad de la que Dios es el fundamento

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Benedicto XVI advierte al mundo académico que una comprensión de la razón que relega la religión a una subcultura no podrá entablar el necesario dialogo entre las culturas
El Papa, ante un nutrido grupo de profesores, docentes y estudiantes de las universidades de la República Checa, recordó el origen cristiano de las universidades europeas y lamentó que su tradición formativa, abierta a lo trascendente, haya cedido a la reductiva ideología materialista, la represión de la religión y la opresión del espíritu humano, abandonando su misión de iluminar las mentes y los corazones de los jóvenes de hoy.
Benedicto XVI tras agradecer las palabras del rector magnifico de la Universidad Carlo de Praga y el saludo de uno de los estudiantes manifestó su estima por el papel indispensable que cumplen las universidades como sostén de los valores culturales y espirituales y su servicio en el enriquecimiento del patrimonio intelectual de las naciones y su futuro desarrollo.
Pero en particular, el Pontífice reconoció la labor de los estudiosos que guiados por la búsqueda de la libertad fueron protagonistas de los grandes cambios, que en los últimos veinte años, han transformado a la sociedad checa. “Una diaconía de la verdad” con la que el Papa se identificó tras sus largos años como académico.
“Quien les habla ha sido un profesor, atento al derecho de la libertad académica y a la responsabilidad por el uso auténtico de la razón, y ahora es el Papa que, en su rol de Pastor, es reconocido como voz competente para la reflexión ética de la humanidad”.
Tras esta afirmación, el Santo Padre aclaró que si bien hay quienes consideran “que las preguntas elevadas por la religión, la fe y la ética no tiene lugar en el ámbito de la razón pública, esta visión no es para nada evidente”, en cuanto la libertad es la base del ejercicio de la razón y tiene el objetivo preciso de la búsqueda de la verdad, y como tal, expresa una dimensión propia del cristianismo.
El Pontífice explicó que precisamente la sed de conocimiento del hombre que empuja a cada generación a ampliar el concepto de razón y a alimentarse de la fuente de la fe, llevaron al cristianismo a crear las universidades, la misma convicción, que condujo a Clemente VI a instituir, en 1347, la universidad Carlo, la primera y más famosa de la Europa central.
El Papa aclaró que la autonomía propia de una universidad, e incluso de cualquier institución educativa, encuentra su significado en su capacidad de hacerse responsable frente a la verdad, y sin embargo ésta autonomía puede ser banalizada por diversas razones.
“La gran tradición formativa, abierta a lo trascendente, que es el origen de las universidades en toda Europa, ha sido sistemáticamente subvertida, en esta tierra y en otras, por la reductiva ideología del materialismo, por la represión de la religión y la opresión del espíritu humano. Y sin embargo, en 1989, el mundo fue testigo dramáticamente del derrumbe de una ideología totalitaria fracasada y el triunfo del espíritu humano”.
En este contexto, Benedicto XVI subrayó que el anhelo por la libertad y por la verdad, forma parte inalienable de nuestra humanidad, y eso no podrá nunca ser eliminado y – como lo demuestra la historia, puede ser negado sólo poniendo en peligro a la humanidad misma.
Hablando a los rectores y profesores, el Papa recordó que un aspecto esencial de la misión de la universidad es la responsabilidad de iluminar las mentes y los corazones de los jóvenes, con una instrucción que no consiste en la mera acumulación de conocimientos y habilidades, sino en una formación humana en las riquezas de una tradición intelectual orientada una vida virtuosa.
“Debe ser reconquistada la idea de una formación integral, basada en la unidad del conocimiento radicado en la verdad. Esto puede contrastar la tendencia- tan evidente en la sociedad contemporánea- hacia la fragmentación del saber. Con el masivo crecimiento de la información y de la tecnología nace la tentación de separar la razón de la búsqueda de la verdad”.
El Papa advirtió que la razón, una vez separada de la fundamental orientación humana hacia la verdad puede perder su dirección, puede conformarse con lo parcial y lo provisional, o bajo la apariencia de certezas, dar un valor igual a todo. “El relativismo que de ello se deriva- afirmó el Pontífice- genera un camuflaje detrás del cual pueden esconderse nuevas amenazas a la autonomía de las instituciones académicas”. Y precisamente hablando de esta pérdida de autonomía el Santo Padre preguntó: “¿Si por un lado ha pasado el período de la injerencia derivada del totalitarismo, no es quizás también verdad, por otro lado, que frecuentemente hoy en el mundo el ejercicio de la ración y la investigación académica están obligados- de manera sutil y a veces no tan sutil- a plegarse a las presiones de grupos de intereses ideológicos y al llamado de objetivos utilitaristas a corto plazo o sólo pragmáticos?”
El Papa también se planteó qué podría pasar si nuestra cultura debiera construir solamente sobre argumentos de moda, o sobre convicciones que ignorando la tradición intelectual histórica, son ruidosamente promovidas y fuertemente financiadas. Su respuesta fue que sin duda nuestras sociedades no serán más razonables, tolerantes o dúctiles, sino más bien frágiles, teniendo que hacer cada vez más esfuerzo para reconocer que es lo verdadero, lo noble y lo bueno.
Al concluir, Benedicto XVI reiteró la necesidad de retomar una visión humanística de la universidad, la necesidad de superar esa supuesta fractura entre la ciencia y la religión, y para ello recordó la postura de su predecesor Juan Pablo II quien promovió una plena comprensión de la relación entre fe y razón, entendidas como “dos alas con las cuales el espíritu humano es elevado a la contemplación de la verdad.
“Una comprensión de la razón sorda a lo divino, que relega a las religiones en el reino de las subculturas, es incapaz de entrar en ese diálogo de las culturas del cual nuestro mundo tiene tanta necesidad. En fin, la fidelidad del hombre exige la fidelidad a la verdad que por si sola es garantía de libertad”.

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