Mons. Casimiro López escribe sobe el valor de la adoración eucarística perpetua

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Acabamos de inaugurar la Adoración Eucarística Perpetua en la Parroquia de San Bartolomé y San Jaime de Nules. A partir de ahora, la Capilla de la Adoración de su iglesia parroquial quedará abierta día y noche y todos los días del año para la adoración continuada de la Eucaristía. Damos gracias a Dios por este gran don a nuestra Diócesis, hecho posible gracias a los muchos adoradores que se han comprometido a ofrecer una hora semanal para la adoración eucarística.
En la Eucaristía está Jesucristo, Dios y hombre verdadero; en la Eucaristía está Dios mismo que nos llama y nos espera, que pide y merece nuestra adoración. La adoración eucarística no es puro sentimiento vacío ni intimismo espiritual, sino expresión viva y vivida de la fe en el ‘misterio de la fe’. Existe un lazo intrínseco entre la celebración de la Eucaristía, la comunión y la adoración, nos ha recordado Benedicto XVI. Jesús se queda en la Eucaristía no sólo para ser llevado a los enfermos, sino para estar y hablar con nosotros, para seguir derramando su amor y su vida. La Eucaristía contiene de un modo estable y admirable al mismo Dios, al Autor de la gracia, de la vida y de la salvación. El Costado abierto de Jesús es un manantial inagotable de amor.
De ahí la llamada del canto: “Dios está aquí. Venid adoradores, adoremos al Señor”. Permaneciendo ante el Señor en adoración y contemplación, disfrutamos de su trato íntimo, nos dejamos empapar y modelar por su amor, le abrimos nuestro corazón por nosotros mismos y por todos los nuestros, le rogamos por nuestra Iglesia, por su unidad, vida y misión, por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio, o le pedimos por la paz, la justicia y la salvación del mundo.
El trato admirable con Dios aumenta la fe, esperanza y caridad del adorador, crea unidad, fortalece la fraternidad, dispone para celebrar con la devoción conveniente el Memorial del Señor y recibir frecuentemente el Pan de la Vida. La adoración de la Eucaristía configura el espíritu del adorador y hace de su vida una existencia eucarística, que estará marcada por el amor y entrega a Dios y a los hermanos, por el empeño de hacer buenas obras y de agradar a Dios, trabajando por impregnar al mundo del espíritu cristiano y ser testigo de Cristo en todo momento en medio de la sociedad humana.
Con un poco del tiempo de cada uno de los adoradores se ofrecer un gran servicio al hombre de hoy, a nuestra Iglesia y a nuestra sociedad. También el hombre de hoy, insatisfecho de lo temporal, sigue buscando poder saciar su sed de eternidad. Creyentes y no creyentes podrán encontrar un remanso donde descansar “el corazón humano que esta inquieto hasta que descanse en Ti”, decía San Agustin.
La adoración eucarística ha de ser cada día más vivida en nuestra Iglesia Diocesana. La Eucaristía es su centro, su fuente y su cima. La Eucaristía es lo que hace la Iglesia. Solamente una Iglesia que adore al Señor, que tenga verdaderamente adoradores, será una Iglesia con vida, capaz de ofrecer algo a este mundo, tan necesitado de Dios. Sin Dios no hay posibilidad de edificar una humanidad con cimientos sólidos. ¡Quiera Dios que la Adoración Eucarística Perpetua se extienda a otras parroquias, que dediquemos espacios y tiempos a la adoración al Santísimo!
Con mi afecto y bendición,
+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

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