Mons. Jesús Sanz dedica su carta de esta semana al Meeting de Rímini

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«He conocido un acontecimiento»

Año tras año, y con treinta ediciones ya en su haber, el Meeting de Rímini es ya un referente estival, cuando al final de cada agosto convoca y reúne a casi setecientas mil personas. Esta iniciativa debida a la pasión por el hombre al que Cristo abraza y salva, tiene un sinfín de perfiles que con inmensa creatividad llevan a cabo miembros de Comunión y Liberación, movimiento eclesial fundado por el sacerdote Luigi Giussani, fallecido hace cuatro años.
Cada encuentro tiene un lema en torno al cual se ofrecen una serie de motivos para un verdadero encuentro entre los pueblos en la amistad esencial que les une: “Meeting para la amistad entre los pueblos”. Y sorprende desde el primer instante de esa semana tan intensa, que no hay nada verdaderamente humano que no tenga cabida: la celebración litúrgica, el teatro, el cine, la música, el deporte, la literatura, la educación, la familia, el diálogo ecuménico e interreligioso, el debate político, los retos y desafíos que esta generación actual tiene planteados, la mirada a la larga tradición cristiana y humana que nos mira desde atrás, y el asomo esperanzado a un mundo mejor que palpitando en el corazón de Dios ha querido Él poner en nuestras manos. Se entiende así, lo fascinante y vivaz de cada edición del Meeting, en donde hay una lealtad con las exigencias del corazón humano y una apertura igualmente coherente con los factores en los que ese corazón inquieto es abrazado y salvado en las circunstancias de la existencia cotidiana.
El lema de este año ha sido “El conocimiento es siempre un acontecimiento”. Podría parecer una expresión abstracta o compleja, pero la celebración del Meeting ha sido una vez más el más claro comentario al lema. Efectivamente, hay tantos conocimientos que solamente generan vaga erudición, saber sin sabor, sin que acontezca nada en la vida. Pero hay un tipo de conocimiento que nos permite reconocer una novedad de tal calibre, que la vida tiene un antes y un después, pues acontece verdaderamente lo que llena de gusto, sentido, luz, verdad y belleza los pliegues de la existencia.
De tantos momentos vividos en esta edición del Meeting como podría relatar como ejemplo de esto que digo, me quedo con la exposición que pude recorrer sobre “Nápoles. Ningún don de la gracia os falta”. Una ciudad con una belleza herida, cargada de contradicciones que a causa del desorden, el caos y la violencia, provocaba la dolorosa huída de quien tenía que elegir entre su propia supervivencia o permanecer en una tierra que en el fondo amaba. La exposición ponía de manifiesto algo que ya Pablo les dijo a los de Corinto: en medio de lo terrible de vuestra ciudad puede nacer algo nuevo; no se trata de volver cuando las cosas sean distintas, sino de permanecer ahí de otro modo para que las cosas puedan cambiar. No es la circunstancia cambiada la que legitima que sigamos adelante, sino un modo diferente de mirarla la que puede llegar a transformarla.
Quedé hondamente agradecido por esta parábola viviente que no me invita a la huída cobarde, ni a la gregaria complicidad, sino a ser yo en primera persona la primera entrega de un cambio deseado a mi alrededor. En aquellos amigos napolitanos, he conocido algo que ha supuesto para mí un acontecimiento. Así fue el paso de Cristo por la orilla de aquel imperio caduco: no dedicó un instante a maldecirlo, sino que propuso el cristianismo en primera persona, y el imperio cambió.
Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca
13.09.2009 Domingo 24º Tiempo ordinario

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