Mons. José Sánchez escribe sobre la clase de Religión

Jose_Sanchez
Enseñanza de Religión Católica en la Escuela
A punto de comenzar el curso escolar en los niveles inferiores, es obligado insistir por mi parte a los padres, a los educadores y, sobre todo, a los alumnos en la importancia de la formación religiosa, que ha de acompañar como aspecto fundamental a los otros aspectos de la enseñanza y de la educación. En el tiempo del aprendizaje, de la adquisición de conocimientos en los distintos ramos del saber, de la educación integral de la persona, la Enseñaza de la Religión y de Moral católica (ERE) es para un creyente católico de gran importancia.
Nunca insistiremos bastante en la obligación de padres y de alumnos de acompañar su formación en las demás materias de una sólida y ordenada formación religiosa. En las actuales circunstancias en España, es tanto más necesario insistir en un mayor esfuerzo cuanto mayores son las dificultades con las que tropieza la enseñanza de religión en la escuela de titularidad estatal. Al haber quedado reducida esta enseñanza a una asignatura sin apenas valor académico y sin alternativa, mejor dicho, con una alternativa que, a veces, se reduce a nada, es muy difícil motivar a los alumnos para que cursen una asignatura que apenas cuenta en su expediente académico y que, de no cursarla, se les ofrece la ventaja de una clase menos o de una alternativa de puro entretenimiento.
Me llama la atención en este punto la falta de rigor de determinadas personas, grupos políticos o ideológicos, que se oponen a la presencia de la enseñanza religiosa en la escuela del Estado porque dicen que es la escuela de un «Estado laico» y porque se reduce a una «Catequesis», cuyo lugar es la comunidad cristiana o la familia. Precisamente por ser un Estado más bien «aconfesional» que «laico», pero, aunque fuera laico, no puede meterse en los asuntos de la fe, la religión o las convicciones de sus ciudadanos. No debe, ni hacer una opción de religión o de una determinada religión para todos, ni de no religión para todos, sino que debe garantizar que cada uno sea educado conforme a sus convicciones. Al Estado corresponde, defender, garantizar y fomentar los derechos de los ciudadanos. No es su misión inventarlos, pues ya están antes que el Estado, ni suprimirlos, ni impedirlos, ni dificultarlos.
Es cierto que con la sola Enseñanza de Religión y Moral Católica en la escuela no le basta a un creyente para formarse bien en su religión y para vivir en consecuencia. Es necesaria la primera educación, el ejemplo y acompañamiento de los padres y de la familia; como también es necesaria la Catequesis y el acompañamiento de la comunidad cristiana –la parroquia– que van introduciendo gradualmente al creyente en la vida de la comunidad, en las celebraciones y en los compromisos que el creyente ha de asumir y llevar a la vida. Todo es necesario. Pero, desde luego, es muy difícil, prácticamente imposible, suplir el vació de formación y de educación en la fe que se crea en una persona que no acompaña su formación y educación en la fe con la adquisición de los demás conocimientos y comportamientos.
A la vista del sentido que dan a su vida algunos jóvenes de hoy, de su jerarquía de valores, de sus actitudes y comportamientos y del progresivo descenso en el numero de adolescentes y jóvenes que solicitan la asignatura de Religión y de la poca importancia que le dan, cabe peguntarnos si no estaremos privando a los jóvenes de hoy y a las futuras generaciones de unas sólidas razones para vivir y para vivir honradamente como ciudadanos respetuosos, pacíficos, justos y solidarios que proporciona una adecuada formación y educación religiosa. En el caso de la educación cristiana es evidente, pues, en definitiva, consiste en el mejor conocimiento y el fiel seguimiento del Señor Jesús, que nos marcó con su vida el mejor, el único camino que conduce a la plenitud.
+José Sánchez González
Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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