«Anunciar a Cristo es una cuestión de amor», carta de Mons. Carlos Osoro

osorocruz
Comenzamos un nuevo curso pastoral. Va a ser el primer curso completo que voy a pasar con vosotros como pastor. Quiero que mi estancia aquí con vosotros tome forma de una peregrinación. Deseo recorrer la Archidiócesis y estar junto a vosotros tras las huellas de todos los santos que nos han precedido en Valencia y que han formulado una manera de ser y de vivir. Con este sentido de ser peregrino, un peregrino que tiene meta que es Cristo, rindo un homenaje a toda la Iglesia que camina en Valencia y manifiesto mi devoción y mi gratitud personal a todos aquellos que han desempeñado un papel tan importante en la vida de esta tierra, nada más ni nada menos que la de ser santos. En esta peregrinación con vosotros, quiero ver este año a vuestro lado lo que juntos podemos hacer para seguir anunciando a Jesucristo

El Papa Juan Pablo II, cuando nos escribió la carta apostólica “Novo millennio ineunte”, nos decía así, recordando la pregunta que se hicieron los primeros cristianos, “¿Qué hemos de hacer hermanos?” (Hch 2, 37)…Y continuaba diciendo: “no se trata, pues de inventar un nuevo programa. El programa ya existe… Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste… No dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad” (cfr. NMI 29,30).

Y la providencia ha querido que mi vida entre vosotros comenzase siguiendo las huellas de un santo pastor de esta tierra, Santo Tomás de Villanueva, allí en el lugar donde él pernoctó antes de entrar en Valencia lo hice yo, de tal manera que este hecho me hace asumir un mensaje significativo para el camino de mi vida, de las vidas de todos nosotros y de la vida de la Iglesia. Es verdad que este mensaje de peregrinos para ser santos nos viene del encuentro entre la Palabra de Dios y la experiencia personal de cada uno de nosotros. En la Carta a los Hebreos (Hb 10, 12-14), se nos presenta a Cristo, sumo y eterno sacerdote, exaltado a la gloria del Padre después de haberse ofrecido a sí mismo como único y perfecto sacrificio de la nueva alianza, con el que se llevó a cabo la Redención. Todos los santos han fijado su mirada en este misterio y en él han encontrado la Verdad que tanto buscaban: Jesucristo, la revelación del rostro del Dios Amor a todo ser humano en el camino por las sendas del tiempo hacia la eternidad.

Pero hay otro pasaje en el Evangelio de San Juan que nos ayuda a comprender mejor lo anterior, dice así: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10). Y es que aquí radica el corazón del Evangelio, el núcleo central del cristianismo. La luz de este amor es quien abre los ojos y el corazón de todos los santos y es quien nos abrirá también a nosotros los ojos y el corazón porque el Señor quiere que seamos santos y que nos propongamos realizar este programa. Nuestro mundo necesita de santos, es decir, de hombres y mujeres que encuentren como decía san Agustín “la belleza siempre antigua y siempre nueva” (Las Confesiones, X, 27) en la cual únicamente encuentra paz el corazón del hombre. ¿Cómo hacer el camino juntos para vivir este programa y llamar a otros a que lo vivan con nosotros?

Nos empeñamos en ser peregrinos con meta que es Cristo. Nos empeñamos en dar la paz al corazón del hombre. Este empeño lleva a conocer, amar e imitar a Cristo, a vivir en Él, por Él y con Él. Por eso, ante las huellas de todos nuestros santos, los que hicieron grande a Valencia, tierra de luz y de amor, quiero acercaros y entregaros una vez más la Encíclica primera, segunda y tercera del Papa Benedicto XVI, al comenzar un nuevo curso pastoral, que contiene ese mensaje central “Deus caritas est”, Dios es amor (1 Jn 4, 8.16), “Spe salvi”, en la esperanza fuimos salvados y “Caritas in veritate”, “la caridad en la verdad de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y sobre todo con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad” (1). Los santos han sido unos enamorados del amor de Dios, lo han cantado, lo han meditado, lo han predicado, han vivido de ese amor y han contagiado ese amor especialmente con el testimonio de su amor, han abierto siempre ámbitos y horizontes de esperanza.

Convenceos, nuestro mundo necesita este mensaje central y esencial encarnado en Cristo. ¡Qué es difícil entregarlo! Más difícil es no regalarlo y no propiciar a los hombres salidas auténticas a sus vidas y a su historia personal y colectiva. Tenemos una tarea impresionante y abre futuro a una humanidad que se cansa de vivir. Dios es amor. Todo, absolutamente todo debe partir de esto y todo debe llevar a esto. Por otra parte el amor es el alma de la vida de la Iglesia y de la vida del mundo. Por eso, ese empeño de la Iglesia de hacer santos, de entregar santidad, pues se trata de dar vida al mundo. Al comenzar un nuevo curso, dejémonos hacer la misma pregunta que el Señor hizo a Pedro en los comienzos de la Evangelización, ¿me amas? Y es que solamente quien vive la experiencia personal del amor del Señor es capaz de cumplir la tarea de ser guía y acompañante de los demás. Por eso anunciar a Cristo es una cuestión de amor. Cuestión que hay que hacer y dilucidar siendo peregrino. Cuestión que hemos de ver como la hacemos juntos.

Con gran afecto, os bendice
+Carlos, Arzobispo de Valencia

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 40702 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).