Cartas dominicales – La nueva enciclica de Benedicto XVI

 Por Ràdio Estel – La tercera carta encíclica de Benedicto XVI, dedicada a los problemas sociales, es una muy valiosa aportación del Papa teólogo a la doctrina social de la Iglesia. La situación de crisis financiera y económica que vive nuestro mundo también ha ayudado a que el documento haya sido bastante bien recibido por la opinión pública. Porque no faltan los problemas, por eso mismo parece que ha interesado lo que dice el Santo Padre sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. Caritas in veritate es precisamente el título de la carta pontificia. El texto aporta una fuerte renovación de la doctrina social de la Iglesia, iniciada con la Rerum Novarum de León XIII el 1891, aunque la encíclica se inspira especialmente en la Populorum Progressio de Pablo VI y vuelve a tocar también algunos de los mensajes de las encíclicas sociales de Juan Pablo II. Son muchos los puntos que desarrolla esta carta, pero me parece que su núcleo es precisamente lo que podríamos llamar la aportación de la teología al pensamiento social cristiano, como no podría ser de otra manera, al tratarse de un texto que ha surgido de la mano de un gran intelectual y de un prestigioso estudioso y profesor de teología. Benedicto XVI lo ha dicho en diversas ocasiones: el objetivo de su pontificado es facilitar a los hombres y mujeres de hoy el acceso a Dios, aspecto que tiene una especial urgencia sobre todo en nuestro mundo europeo. En este sentido, aunque trate una temática de tipo social, la nueva encíclica es profundamente coherente con las dos anteriores, dedicadas respectivamente al Dios cristiano, cuyo nombre es el Amor (Deus caritas est) y a Dios como fundamento de la esperanza, ya que hemos sido salvados en esperanza y Dios es el fundamento de nuestra esperanza (Spe salvi). Según Benedicto XVI lo que ha fallado en el mundo es la fraternidad universal, que sólo puede nacer después de que la humanidad sea consciente de que ha recibido un don de Dios y que tiene el deber de compartirlo. Aquí se constata la clara intención teológica del documento. El problema fundamental es Dios. He aquí una clara interpelación a nuestra cultura tan secularizada y cerrada a la trascendencia. Con una frase muy gráfica afirma el Santo Padre que la sociedad cada día más globalizada nos hace más próximos, pero no nos hace más hermanos. Y nos recuerda que el amor generoso y gratuito -que él define como caritas, o ágape en griego- es la principal fuerza propulsora para el verdadero desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. Benedicto XVI no duda en lanzar una serie de retos al sistema capitalista conocido. Entre estos retos, el Santo Padre pide siguiendo especialmente las enseñanzas de Juan Pablo II- que sean las personas las que ocupen la centralidad de la economía. Reclama que las finanzas vuelvan a ser un instrumento de desarrollo. E insiste punto que tiene una especial actualidad- en que los beneficios económicos no se han de desvincular de la ética, ya que de ser así lo que se produce es pobreza. Llega incluso a proponer que la ONU sea reformada para crear una verdadera autoridad política mundial que gobierne la globalización. En los principios de la industrialización, León XIII recordó los derechos de los obreros. Pablo VI puso al día la doctrina social cristiana en los años del Concilio Vaticano II, tan lleno de esperanzas para el mundo, pero que se han visto negadas, porque la riqueza mundial crece en términos absolutos, pero aumentan las desigualdades, y nacen nuevas pobrezas. Ante la crisis actual, Benedicto XVI reclama un sistema más ético. Y más humano. Por ello ha querido dirigir este mensaje no sólo a los católicos, sino también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, como ya hizo Juan XXIII en su famosa encíclica Pacem in terris.

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