San Ramón Nonato: Defender la vida

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Por José María Gil Tamayo /

Este último día de agosto el santoral nos presenta la figura de San Ramón Nonato; religioso español del siglo XIII, que, según la tradición, fue extraído del seno de su madre cuando ésta ya había muerto. Desarrolló una gran labor en el rescate de cristianos hechos prisioneros por los musulmanes. Por la singular forma de su nacimiento ha sido considerado como el patrono de las mujeres embarazadas.
La verdad es que el bueno de san Ramón va a tener que apuntarse al “paro” celestial dado el escaso trabajo que tiene con este sector de la población femenina, al menos en nuestro país, que está a la cola de los del mundo por el bajo índice de natalidad, hasta tal punto de que peligra el adecuado relevo generacional.
Hoy se queda una mujer embarazada y recibe una multitud de condolencias por semejante “descuido”. Algo contradictorio cuando se proclama a los cuatro vientos nuestro bienestar y progreso. Pero se ve que preferimos ser menos y tocar a más. En definitiva la consagración del egoísmo personal y social amparados por una legislación injusta y contraria a la vida que sigue siendo cada vez más permisiva, como lo muestra la ampliación prácticamente sin límites en la nueva ley del aborto que está próxima a ser aprobada.
Pero no piensen que esta escasez de embarazadas va a mermar el trabajo de San Ramón ya que ahora le toca a nuestro santo evitar, con su protección celestial, que haya madres que se presten a la práctica asesina del aborto ya sea quirúrgico o químico, o con la llamada píldora RU-486, que, por mucho que la «doren», no deja de ser un veneno mortal para el hijo, aunque sea en estado embrionario, alojado en el seno de la madre.
Los datos son alarmantes, de auténtica tragédia humanitaria. Así lo ha denunciado hoy el Instituto de Política Familiar en una nota de prensa en la que señala que España es el país de la Unión Europea donde más se han incrementado los abortos, tanto cuantitativa como porcentualmente, en los últimos 10 años. Los datos muestran que en la Unión Europea se produjeron más de 1,2 millones de abortos en 2007 (un aborto cada 25 segundos) y desde 1997 hasta hace dos años han sido 13 millones los niños a los que no se permitió nacer. Mientras en naciones como Alemania e Italia o en los países de la ampliación se ha reducido de forma considerable el número de abortos, en España se ha producido en ese periodo un incremento del 126% (el aumento en términos absolutos ha sido de 62.560). Para llorar, reparar, rezar y no cruzarse de brazos.
La Iglesia quiere ser muy compresiva con las mujeres que están en esos trances difíciles y trata de ayudarles dándoles alternativas dignas de la persona humana que permitan el nacimiento de una nueva vida y que ésta pueda ser acogida. Estas situaciones dolorosa exigen también a los cristianos posibilitar con su tiempo y su dinero todo tipo de ayudas que favorezcan la vida sin quedarnos con el mero decir “no al aborto”. Todo lo que se haga por ayudar a la mujer embarazada y al hijo que lleva en sus entrañas es poco.
También es necesario la reconversión de la opinión pública a favor de la vida, ya que cada vez más se está relativizando las bases éticas y morales del derecho a vivir dándose paso a una aceptación social del aborto en la práctica.
En este sentido no nos vendría mal recordar las palabras del Siervo de Dios Juan Pablo II en su encíclica “Evamgelium vitae”: “Con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus sucesores –señalaba Juan Pablo II- declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio es siempre un desorden moral malo, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente” (n.62). Así de diáfano y contundente se expresa Juan Pablo II y lo ha seguido haciendo su sucesor Benedicto XVI. Con estos asuntos no caben ambigüedades y quien no se entera es porque no quiere. Con la vida no se juega.

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