Para el Papa la preservación del medio ambiente ha de incluir la defensa integral del ser humano

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Esta mañana, como todos los miércoles, Benedicto XVI ha tenido la acostumbrada audiencia general, que en este tiempo del verano, la realiza desde la residencia apostólica de Castelgandolfo, a las afueras de Roma. La audiencia de hoy, según ha difundido Radio Vaticano, se ha desarrollado en dos partes debido a los numerosos peregrinos que se han querido unir al Papa. Y precisamente, como ya el verano está pasando, lo mismo que el tiempo de vacaciones para muchos, el tema de la catequesis de hoy ha sido la relación del ser humano con la naturaleza, que es creación de Dios. Para el Papa la preservación del medio ambiente ha de incluir la defensa integral del ser humano.
El Papa ha explicado que las vacaciones de verano nos han dado a todos la oportunidad para agradecer a Dios el don precioso de la creación, de la cual es posible gozar, no sólo durante los períodos vacacionales.
Aunque ha reconocido que en la actualidad existen problemas con ella: «Los diferentes fenómenos de degradación ambientales, y las calamidades naturales que lamentablemente las crónicas de los medios nos señalan, nos reclaman la urgencia por el respeto debido a la naturaleza, recuperando y valorizando en la vida diaria una correcta relación con el ambiente. Hacia estos temas que suscitan la justa preocupación de las autoridades y de la opinión pública, se va desarrollando una nueva sensibilidad que se expresa en la multiplicación de encuentros, incluso en ámbito internacional».
La tierra es un don precioso del creador, que ha diseñado su orden intrínseco, dándonos así las señales orientadoras para poder administrar su creación, ha continuado diciendo el Pontífice, siendo éste, el marco en el cual actuamos como seres humanos y como creyentes.
«Es precisamente a partir de esta conciencia que la Iglesia considera las cuestiones relacionadas con el ambiente y su salvaguardia, íntimamente conectadas con el tema del desarrollo humano integral. Sobre esta cuestión me he referido varias veces en mi última encíclica, Caritas in veritate, llamando la atención sobre una urgente necesidad moral de una renovada solidaridad, no sólo en la relación entre los países, sino también entre los individuos, porque el ambiente natural es dado por Dios para todos y su uso merece una responsabilidad personal hacia toda la humanidad, en particular hacia los pobres y las generaciones futuras».
Benedicto XVI ha proseguido su catequesis advirtiendo que la responsabilidad por la creación es común, y por ello la Iglesia no sólo está comprometida en la promoción de la defensa de la tierra, del agua y del aire, donados por Dios a todos, sino que se empeña en proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo.
“En efecto, cuando la ecología humana es respetada en la sociedad, también la ecología ambiental obtiene beneficios. ¿No es acaso verdad que el uso desconsiderado de la creación comienza allí donde Dios es marginado o donde se niega su existencia? Si se reduce la relación de la criatura humana con el creador, entonces la materia se reduce a posesión egoísta, el hombre se convierte en la última instancia, y el objetivo de la existencia se reduce a ser una afanada carrera para poseer lo más posible”.
“La creación, materia estructurada de manera inteligente por Dios, está confiada a la responsabilidad del hombre, que está en grado de interpretarla y de remodelarla activamente, sin considerarse como el dueño absoluto. El hombre está llamado a ejercer un gobierno responsable para custodiarla, obtener beneficios y cultivarla, encontrando los recursos necesarios para una existencia digna para todos”, ha enfatizado el Papa, añadiendo que “con la ayuda de la misma naturaleza y con el compromiso del propio trabajo e inventiva, la humanidad es capaz de absorber el grave deber de consignar a las nuevas generaciones una tierra que a su vez ellas podrán habitar dignamente y ulteriormente cultivar. Para que esto se realice, es indispensable el desarrollo de aquella alianza entre el ser humano y el medio ambiente que debe ser reflejo de amor creador de Dios”.
Más adelante en su catequesis, Benedicto XVI ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional y a los gobiernos para que envíen las señales correctas a sus ciudadanos para que puedan contrastar de manera eficaz las modalidades de uso del medio ambiente que resultan dañinas. Los costes económicos y sociales derivados del uso de los recursos ambientales comunes, reconocidos de manera transparente, deben ser sustentados por aquellos que los utilizan, y no por otras poblaciones o por las generaciones futuras.
La protección del medio ambiente y la salvaguardia de los recursos y del clima, obliga a todos los líderes a actuar de manera conjunta, respetando la ley y promoviendo la solidaridad con las regiones más débiles del mundo, ha dicho el Papa, añadiendo que juntos podemos construir un desarrollo humano integral que sea beneficioso para todos los pueblos, presentes y futuros, un desarrollo inspirado en los valores de la caridad en la verdad.
Para que esto suceda es esencial que el modelo actual de desarrollo mundial se transforme a través de una mayor, y compartida aceptación de la responsabilidad por la creación: esto lo exigen, no sólo las emergencias ambientales, sino también el escándalo del hambre y la miseria humana.
Tras la catequesis en italiano el Santo Padre ha saludado en varias lenguas a los fieles presentes en el patio del palacio apostólico de Castel Gandolfo y ha hecho una síntesis de la catequesis. Estas han sido sus palabras en español: “Saludo a los peregrinos de lengua española. En particular a los grupos de las diócesis de Coria-Cáceres y Cuenca; a los Padres Franciscanos de España y a las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento; así como a los fieles de las Parroquias de Villena, La Solana y Toledo. En este tiempo de vacaciones, agradecemos al Señor el don maravilloso de la creación. Como he escrito en la Encíclica Caritas in veritate, la cuestión del medio ambiente está ligada a la del desarrollo humano integral. Cuando en la sociedad se respeta la ecología humana, se beneficia también la ecología ambiental. La creación ha sido confiada por Dios a la responsabilidad del hombre. Es posible, inspirándose en los valores de la caridad en la verdad, construir un desarrollo humano integral que beneficie a todos los pueblos y a las generaciones futuras. Muchas gracias por vuestra visita”.
Saludando a los peregrinos de lengua polaca, Benedicto XVI les ha recordado que hoy, en la Solemnidad de la bienaventurada Virgen de Czestochowa, “vuestra nación ha recibido desde hace siglos su ayuda y defensa extraordinaria”. Con el ejemplo del siervo de Dios Juan Pablo II y con su confianza “Totus Tuus”, “perseverad –ha dicho el Papa- con María, llevando a término con valentía aquello que Jesús os diga. A todos los peregrinos en Jasna Góra y a vosotros aquí presentes imparto de corazón mi Bendición”.
Como siempre el Papa antes de finalizar la audiencia ha saludado a los jóvenes, a los enfermos, y a los recién casados. En los próximos días, la liturgia nos propondrá dos grades santos, santa Mónica y san Agustín, unidos en la tierra por vínculos familiares y en el cielo por el mismo destino de gloria. “Que su ejemplo os empuje a vosotros, jóvenes, a la búsqueda sincera y apasionada de la Verdad evangélica; que os despierte en vosotros, enfermos, el valor redentor del sufrimiento ofrecido a Dios en unión al sacrificio de la Cruz; que os sostenga a vosotros, recién casados, en el generoso testimonio de la gratuidad del amor de Dios”.

Texto completo de la catequesis de la Audiencia General:

¡Queridos hermanos y hermanas!

Nos acercamos ya a al final del mes de agosto, que para muchos significa la conclusión de las vacaciones de verano. Mientras se regresa a las actividades cotidianas ¡cómo no agradecer a Dios por el don precioso de la creación, del que es posible gozar, y no sólo durante el periodo de las vacaciones! Los diferentes fenómenos de degradación ambiental y las calamidades naturales, que lamentablemente no pocas veces registran las informaciones, nos recuerdan la urgencia del respeto debido a la naturaleza, recuperando y valorizando, en la vida de cada día, una correcta relación con el ambiente. En lo que respecta a estos temas, que suscitan la justa preocupación de las Autoridades y de la opinión pública, se va desarrollando una sensibilidad nueva, que se expresa en los encuentros que se van multiplicando también en ámbito internacional.
La tierra es don precioso del Creador, el cual ha diseñado sus ordenamientos intrínsecos, dándonos así las señales orientativas a las cuales atenernos como administradores de su creación. Es precisamente a partir de esta conciencia, que la Iglesia considera las cuestiones ligadas al ambiente y a su salvaguarda íntimamente enlazada con el tema del desarrollo humano integral. A estas cuestiones me he referido varias veces en mi última Encíclica Caritas in veritate, reiterando “la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad” (n. 49), no sólo en las relaciones entre los Países, sino también entre los individuos, puesto que el ambiente natural es dado por Dios para todos, y su uso comporta una responsabilidad personal nuestra hacia toda la humanidad, en particular hacia los pobres y las generaciones futuras (cfr ivi, 48). Percibiendo la responsabilidad común de la creación (cfr ivi, 51), la Iglesia no sólo está comprometida en promover la defensa de la tierra, del agua y del aire, don del Creador a todos, sino sobre todo se esmera en proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo. En efecto, cuando se respeta la « ecología humana en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia (ibid.). Acaso ¿no es verdad que el uso desconsiderado de la creación comienza allí donde Dios es marginado o incluso se llega a negar su existencia? Si llega a faltar la relación de la criatura humana con el Creador, la materia se reduce a posesión egoísta, el hombre se vuelve su “última instancia” y el objetivo de la existencia se reduce a ser una carrera con el afán de poseer lo más posible.
La creación, materia estructurada de forma inteligente por Dios, está confiada pues a la responsabilidad del hombre, el cual está en grado de interpretarla y de remodelarla activamente, sin que se considere su dueño absoluto. El hombre está llamado más bien a ejercer un gobierno responsable para custodiarla, con provecho y cultivarla, encontrando los recursos necesarios para una existencia digna de todos. Con la ayuda de la misma naturaleza y con el empeño del propio trabajo y de la propia inventiva, la humanidad tiene verdaderamente la capacidad de cumplir el grave deber de entregar a las nuevas generaciones una tierra que ellas también, a su vez, podrán abitar dignamente y cultivar ulteriormente (cfr Caritas in veritate, 50). Para que ello se realice, es indispensable el desarrollo de “aquella alianza entre ser humano y ambiente, que debe ser reflejo del amor creador de Dios” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, 7), reconociendo que todos nosotros provenimos de Dios y hacia Él nos encaminamos
¡Cuán importante es entonces que la comunidad internacional y los gobiernos sepan dar las orientaciones justas a sus propios ciudadanos para contrastar de forma eficaz las modalidades de empleo del ambiente que resulten dañinas para el mismo! Los costes económicos y sociales, que se derivan del uso de los recursos ambientales comunes, reconocidos de manera transparente, deben ser sufragados por aquellos que se benefician, y no por otros o por las futuras generaciones. La protección del entorno, de los recursos y del clima requiere que todos los responsables internacionales actúen conjuntamente en el respeto de la ley y la solidaridad con las regiones más débiles del planeta (cfr Caritas in veritate, 50).
Juntos podemos construir un desarrollo humano integral en beneficio de los pueblos, presentes y futuros, un desarrollo inspirado en los valores de la caridad en la verdad. Para que ello suceda es indispensable convertir el actual modelo de desarrollo global hacia una responsabilidad mayor y más compartida en relación con la creación: lo requieren no sólo las emergencias ambientales, sino también el escándalo del hambre y de la miseria.
Queridos hermanos y hermanas, demos gracias al Señor y hagamos nuestras las palabras de san Francisco en el Cántico de las criaturas: “Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición… Alabado seas mi Señor, con todas tus criaturas”.
Así rezaba san Francisco. También nosotros queremos rezar y vivir en el espíritu de estas palabras.

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