El Arzobispo de Burgos escribe sobre las claves que el Papa ha dado para entender su última encíclica

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Guía de Benedicto XVI para leer su última encíclica
La encíclica Caritas in veritate, de Benedicto XVI, es un prodigio de doctrina social. El ministro francés de Trabajo la ha calificado como “rayo que brilla en medio de la tempestad”, mientras que un experto financiero italiano ha pedido el Nobel de economía para el Papa. Como es lógico, el texto es denso y de no rápida lectura. Así interpreto yo que a los pocos días de publicar la encíclica, Benedicto XVI dedicase una catequesis de los miércoles a desvelar algunas de sus claves fundamentales. A ellas me quiero referir hoy.
Las dos claves principales son la justicia y el bien común. La justicia es parte integral del amor «con obras y según la verdad», del cual nos habla la sagrada Escritura. Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Este bien tiene dos esferas: la que se refiere al individuo y la que está vinculada a la vida social de las personas. Se ama a alguien cuando se trabaja eficazmente para que alcance los dos bienes: el individual y el social. Más aún, se ama tanto más eficazmente cuanto más se trabaja por el bien común. Consiguientemente, los criterios operativos son la justicia y el bien común. Gracias a este último, la caridad adquiere una dimensión social. Todo cristiano está llamado a esta caridad.
Otro criterio o clave de lectura es el de la continuidad entre este escrito de Benedicto XVI y el Magisterio anterior, especialmente el de Pablo VI. El Papa lo señala con meridiana claridad: «Esta encíclica –dice– retoma, continúa y profundiza el análisis y reflexión de la Iglesia sobre temas sociales de vital interés para la humanidad de nuestro siglo», especialmente «lo que escribió Pablo VI hace más de cuarenta años en la Populorum progressio». Dentro de estos temas «vitales», el Papa señala expresamente «el escándalo de desigualdades clamorosas», a la vez que afirma que «es posible un futuro mejor para todos». Pero esto lleva consigo «un nuevo proyecto económico que vuelva a planificar el desarrollo de forma global, basándose en el fundamento ético de la responsabilidad ante Dios y ante el ser humano como criatura de Dios».
Un cuarto criterio fundamental de lectura es que la encíclica «no pretende ofrecer soluciones técnicas a los muchos problemas sociales del mundo actual», dado que esto no corresponde al Magisterio de la Iglesia. Sin embargo, recuerda que para construir el desarrollo humano de los próximos años hay que tener muy presentes estos tres grandes asuntos: la vida humana, el derecho de la libertad religiosa y el hambre. En este sentido, Benedicto XVI enfatiza que «tanto en la política como en la economía hacen falta hombres rectos, que estén sinceramente atentos al bien común» y hombres que «actúen con decisión» frente al drama del hambre, «eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres».
Otra clave de lectura de la encíclica se encuentra en estas palabras del Papa: «Se impone por parte de todos una seria reflexión sobre el sentido mismo de la economía y sobre sus finalidades». Más en concreto, es preciso tener presente que «la economía necesita la ética para su correcto funcionamiento» y que la economía de mercado no se puede regir exclusivamente por la «regla del lucro» sino que también ha de tener en cuenta el principio de la «gratuidad y la lógica del don».
Por último, el Papa aporta un criterio de lectura de gran calado y que es todo un programa de acción: el número y gravedad de los problemas actuales son tales que es necesaria «una Autoridad mundial regulada por el derecho, que se atenga a los principios de subsidiaridad y solidaridad y esté firmemente orientada a la realización del bien común, respetando las grandes tradiciones religiosas y morales de la humanidad».

Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
(23 de agosto de 2009)

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