Caridad para andar por casa

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Por José María Gil Tamayo

Me van a permitir que, ya que muchos de los seguidores de este sitio en la Red están de vacaciones o van a disponer de más tiempo para la vida familiar, que les escriba de la virtud más importante, pero que lo haga descendiendo a detalles concretos: de una caridad para andar por casa, y que sea realmente amor al prójimo, o sea al próximo. Una caridad que sea sinónimo de cariño, que no se nos quede en algo exclusivamente para momentos difíciles de la existencia.
La caridad, por aquello de que “obras son amores y no buenas razones”, está entrelazada de detalles pequeños, familiares y cercanos. Así la describe precisamente san Pablo: “la caridad es paciente, es servicial; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe, es bien educada; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca”.
Éste no es sólo un bello texto bíblico para leerlo en las bodas, sino todo un manual práctico. O sea, que la paciencia hay que tenerla con los críos que, mira por dónde, ya han terminado las clases, llevan un mes de vacaciones y ponen la casa patas arriba, y con la suegra que les visita estos días de verano y que siempre cuenta la misma historia y le pone a usted de los nervios.
La caridad nos ha de llevar también a saber mantener el buen humor y a no estar en permanente estado de enfado, como si colgara en el alma el cartel de “cuidado con el perro”. Tampoco es cuestión de llevar en el corazón un fichero de agravios, por aquello de que quien nos la hace nos la paga o de que perdonamos pero no olvidamos…. Sería bueno, y también sano, vaciar el disco duro de nuestra memoria de archivos inútiles… La caridad todo lo excusa, todo lo soporta…
Es necesario que nos demos cuenta, de una vez, que la servicialidad hay que practicarla también en vacaciones y no cargar todas las tareas del hogar sobre el ama de casa que en estas fechas ve como sube el censo del domicilio sin que por ello aumente la ayuda. Ellas también tienen derecho a descansar.
Tampoco podemos dejarnos llevar de la envidia a la cuñada porque su hijo ha sacado mejores notas que el de usted, a pesar de que siempre esté diciendo lo listo que es su niño… La caridad, además, se alegra con la verdad, por eso sería bueno que en estas vacaciones se sacara más tiempo para hablar con los otros miembros de la familia –con la mujer, con el marido, con los hijos y con los padres– para echar sencillamente un rato y reanudar diálogos verdaderos, interrumpidos siempre por la socorrida excusa del “ahora no tengo tiempo, ahora no puedo…”.
Como ven, amigos, son toda una serie de tareas para hacer en casa. La bibliografía completa la tienen, ahora que disponen de más tiempo para leer, en las encíclicas de Benedicto XVI “Deus caritas est” y “Caritas in Veritate”. Ojalá no suspendan. Este va a ser precisamente el temario del examen final de nuestra vida.

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