Conclusiones de las Jornadas Nacionales de Patrimonio Cultural de la Iglesia

asenjo
“LA RAZÓN DE SER DEL PATRIMONIO CULTURAL DE LA IGLESIA: LA CATEQUESIS”Conclusiones y Propuestas de las
29ª Jornadas Nacionales de Patrimonio Cultural de la Iglesia

Respondiendo a la invitación del Excmo. Sr. Obispo de Segovia, Mons. Ángel Rubio Castro, se han celebrado en Segovia las XXIX Jornadas Nacionales de Patrimonio Cultural de la Iglesia entre el 29 de junio y 3 de julio de 2009, bajo el lema: “La razón de ser del patrimonio cultural de la Iglesia: la catequesis”, organizadas por la Comisión Episcopal de Patrimonio, que preside Mons. Juan José Asenjo, arzobispo coadjutor de Sevilla.

Todos los participantes, Delegados Diocesanos para el Patrimonio Cultural, miembros de los equipos diocesanos, representantes de los Cabildos catedralicios, directores de museos, archivos y bibliotecas, responsables del patrimonio de monasterios y casas religiosas, estudiosos del patrimonio cultural de la Iglesia y expertos en catequesis que han querido participar, en un número total de 117 inscripciones, manifestamos en primer lugar nuestro agradecimiento al Sr. Obispo de la Diócesis de Segovia por su acogida y acompañamiento, a D. Miguel Ángel Barbado, Delegado para el Patrimonio y D. Antonio Franco, Subdelegado de Patrimonio en la Diócesis de Segovia, por su trabajo y atenciones inestimables en el desarrollo de las Jornadas. En segundo lugar agradecemos a las autoridades civiles su acogida e invitación, así como al coro de la Capilla “Regina Pacis” de la Santa Iglesia Catedral de Segovia que, bajo la dirección de D. Alfonso Mª Frechel, nos han acompañado activamente en las celebraciones litúrgicas.

Siguiendo la trayectoria de anteriores Jornadas, destacamos el buen ambiente de amistad, diálogo y reflexión, así como los momentos celebrativos litúrgicos y las visitas a los lugares más significativos del patrimonio cultural y religioso de la Diócesis de Segovia: Cuellar, Santuario de El Henar, La Granja de San Ildefonso, S.I. Catedral de Segovia e iglesia de San Justo.

El tema monográfico propuesto para estas XXIX Jornadas ha sido valorado como muy sugerente y de sumo interés por su dimensión práctica, pues ha abierto un camino para el diálogo y estudio interdisciplinar. En este sentido, agradecemos a la Comisión Episcopal para el Patrimonio Cultural la elección del tema. Agradecemos también al Presidente de la misma, el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo Coadjutor de Sevilla, su presencia y palabras de saludo a la asamblea, y al Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Demetrio Fernández, obispo de Tarazona y miembro de la Comisión Episcopal para el Patrimonio, su presencia y acompañamiento. Este agradecimiento se extiende también al Director del Secretariado de la Comisión Episcopal para el Patrimonio Cultural, D. Manuel Iñiguez Ruiz Clavijo, y a las secretarias de las Jornadas, Dª Alicia Terreros y Dª Ana Pastor.

La reflexión sobre la dimensión evangelizadora, catequética y pastoral del patrimonio cultural de la Iglesia no es nueva. El estudio de la perspectiva evangelizadora del patrimonio cultural de la Iglesia ha estado presente en muchos de nuestros encuentros y forma parte de nuestras preocupaciones como responsables del Patrimonio Cultural. Numerosas son las experiencias evangelizadoras y catequéticas que se vienen realizando en los últimos años por medio de exposiciones y publicaciones. En esta ocasión, nuestro objetivo se ha centrado en el estudio del origen y razón de ser del patrimonio cultural y, en concreto, su función catequética. Nos preocupan, no tanto las cuestiones catequéticas, cuanto la fuerza y el valor que adquieren las diversas expresiones artísticas y documentales para la acción catequética actual. Se trata de un servicio que deseamos prestar desde el patrimonio cultural de la Iglesia a la acción catequética hoy.

La presencia de expertos en catequesis en nuestras Jornadas nos ha ayudado a valorar el momento actual de la catequesis en la Iglesia y la contribución que puede prestar el patrimonio cultural a la misma. Con ello se ha originado una pequeña experiencia de estudio interdisciplinar. Este estudio, en el que deben participar historiadores del arte, filósofos, antropólogos, teólogos, pedagogos y catequetas, favorecerá la inserción del patrimonio cultural en la vida de la Iglesia. En este sentido, proponemos un diálogo que sea fecundo e iluminador con los catequetas, con los que deseamos colaborar desde los bienes culturales de la Iglesia a los que servimos, procurando su conservación, restauración, estudio y difusión.

Como responsables del patrimonio cultural de la Iglesia, nuestra ocupación y preocupación no se limita a ser meros conservadores de unos bienes o vestigios del pasado a los que se concede un alto valor histórico y estético, pero que carecen de otro valor, vaciados de su contenido religioso y de su función cultual. Estamos convencidos de que nuestra tarea y responsabilidad es la de conservar, restaurar e inventariar unos bienes que hemos heredado de los que nos han precedido en la fe, que conservan la memoria de la Iglesia porque son testimonio de su vida y de su acción secular. Como tal testimonio, permanecen vivos, conservando su valor histórico, estético y religioso para el hombre de hoy, al que ayudan a elevar su espíritu al Creador y sirven para la alabanza divina y la acción evangelizadora de la Iglesia.

Estamos convencidos de que esta tarea no se agota en el compromiso por conservar y proteger el conjunto de bienes que integran el patrimonio cultural de la Iglesia. Comprende también el hacer cuanto esté de nuestra parte por introducirlos en los circuitos vitales de la pastoral de la Iglesia al servicio de la evangelización. La situación actual de crisis hay que valorarla en sentido positivo, como una oportunidad para seguir creciendo, lo cual requiere afrontar los problemas con sentido positivo y creativo. Es importante señalar los objetivos que deseamos alcanzar, la estrategia a seguir y los destinatarios a los que nos dirigimos. Todo esto requiere trabajo en equipo.

En el origen del patrimonio cultural de la Iglesia está la fuerza del Evangelio, en el que se funden inmanencia y trascendencia, divinidad y encarnación. La Iglesia ha sentido siempre la necesidad de trasmitir el Evangelio a través de formas bellas, de signos y símbolos, inculturando la fe. La Iglesia, en su afán por llevar la Buena Noticia de la salvación a todas las gentes, de anunciar a Jesucristo como camino, verdad y vida de los hombres, ha buscado siempre la via pulcritudinis, el camino de la belleza. La Iglesia nunca ha buscado el arte por el arte, ni un arte neutro o con una mera función decorativa. Siempre ha buscado la transmisión de la fe por medio del arte. Así lo percibimos en los frescos de las catacumbas, de las basílicas paleocristianas o mozárabes, de los mosaicos de las basílicas constantinianas de Roma, los iconos bizantinos, los frescos de las iglesias rupestres de Capadocia, las portadas románicas, las vidrieras góticas, y los grandes retablos góticos, renacentistas o barrocos, un conjunto de expresiones artísticas que han formado, en expresión de San Gregorio Magno el Evangelium pauperum, el Evangelio de los sencillos. El arte cristiano ha sido siempre la Biblia en piedra con la que el pueblo cristiano aprendía la verdades fundamentales de la fe. El arte religioso ha sido a lo largo de la historia de la Iglesia una vía privilegiada de pedagogía de la fe, una pedagogía que ha contribuido eficazmente a formar comunidades vivas.

Siendo la catequesis una “traditio” viva y activa (CT 22), el patrimonio cultural de la Iglesia, que es manifestación y testimonio de la fe del pueblo cristiano a lo largo de los siglos, puede contribuir vitalmente a la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. En el patrimonio cultural de la Iglesia se evidencia la fidelidad exigida a todo evangelizador: fidelidad al hombre y al mensaje. En él se conserva la memoria de la Iglesia en testimonios vivos de fe, al inspirarse en la Palabra de Dios trasmitida en las Sagradas Escrituras y en la tradición de la Iglesia, en la vida litúrgica y en la piedad popular. El patrimonio cultural presenta un compendio de la doctrina cristiana (catecismo), que tiene a Cristo como centro. Narra los hechos de la salvación como acontecimiento para el hombre de hoy, y lo hace con el lenguaje de la imagen, de signos, símbolos y expresiones artísticas autóctonas. Descubrimos a través del patrimonio cultural una fe que ha llegado a la cultura y se ha hecho cultura.

Hemos de hace todos los esfuerzos pedagógicos que estén a nuestro alcance para que también hoy el patrimonio cultural de la Iglesia siga siendo lo que fue en su origen y constituye una de las razones que históricamente lo han caracterizado, un lugar catequético. Esto se ve favorecido hoy por la sensibilidad de nuestros contemporáneos ante el lenguaje de la imagen, de los signos y símbolos. Hemos de ayudar al hombre de hoy a descubrir el mensaje transcendente que nos comunica el arte religioso, pues aunque es cierto que hoy todos estamos inmersos en la cultura de la imagen, carecemos en muchos casos de los códigos de interpretación de estas expresiones artísticas, de sus signos y símbolos peculiares, los códigos que permiten que su lectura sea correcta y pueda convertirse en una auténtica catequesis visual.

Estamos convencidos de que con nuestro patrimonio cultural y sus diversas expresiones artísticas podemos prestar una ayuda eficaz a la catequesis. Muchas de nuestras obras de arte, cargadas de elementos simbólicos, nos ayudan a penetran en los misterios de nuestra fe. Son numerosas las que narran los hechos mas relevantes de la historia de la salvación y pueden ser un subsidio muy eficaz en la transmisión de la fe. Otras, cargadas de sentido alegórico y simbólico, facilitan una auténtica catequesis mistagógica. Otras, por fin, nacieron para servir a la predicación y a las misiones populares. Todo ello ha de ser aprovechado para anunciar a Jesucristo a nuestros niños, a nuestros jóvenes y adultos.

Es de destacar además la importancia y el valor histórico, antropológico y religioso de los exvotos. También ellos pueden y deber ser considerados lugares catequéticos. Por ello, se propone a las Diócesis y a los Delegados diocesanos que vean la forma de realizar un inventario de estos bienes, que deben ser conservados adecuadamente. Cada exvoto es una lección de fe, de gratuidad y de reconocimiento de la acción de Dios. Son “huellas del vivir cristiano” que nos ayudan a catequizar a las nuevas generaciones. Hemos de ser conscientes también de la trascendencia cultural y pastoral de los bienes de interés etnológico (danzas, música, ritos, ceremonias, romerías, procesiones…), de los que tenemos las claves de interpretación, por haber surgido de la fe y del culto cristiano.

Dios quiera que nuestra oferta sea bien acogida por los catequetas y que el Señor conceda muchos frutos pastorales y evangelizadores a nuestras propuestas.

Segovia, 29 de junio al 3 de julio de 2009

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