Mons. Sánchez dedica su carta de esta semana a las vacaciones

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En el Evangelio de hace dos domingos, hace Jesús a sus Apóstoles, a la vuelta de su misión evangelizadora, una invitación que nos viene muy bien a todos los que, en estas fechas, tenemos la suerte de disfrutar de unos días vacaciones. “Venid, vosotros solos – les dice – a un lugar tranquilo a descansar un poco” (Mc 6, 31). No le salió el plan como Él pensaba, porque las gentes de las aldeas vecinas se enteraron y, a pie, bordeando el Lago, se le adelantaron. Cuando llegó Jesús, en barca, con los Apóstoles ya los esperaban, y Él se puso a enseñarles con mucha paciencia. Les enseñaba y los curaba de sus enfermedades y dolencias.

En una vida tan ajetreada como la que llevamos y en un mundo tan lleno de ruidos, a todos nos viene bien retirarnos por algún tiempo a un lugar apartado para descansar, para un más ordenado cuidado del cuerpo y del espíritu; para estar más cerca y más tiempo con el Señor, sin olvidar que los demás seguirán necesitando de nuestra palabra oportuna y de nuestro servicio.

Hemos de aprovechar el tiempo de descanso para reponer fuerzas en orden a un mejor servicio a Dios y a los demás. Para ello la mejor forma es el trato con el Señor con más tiempo para la oración, para recuperar la práctica religiosa o mejorarla, para la lectura de la palabra de Dios en la Sagrada Escritura o en libros que siempre pensamos leer, para lo que nos falta el tiempo que las vacaciones pueden proporcionarnos. Son muchas las personas que aprovechan parte de sus vacaciones para la práctica de ejercicios espirituales, retiros, peregrinaciones, convivencias, cursos de formación… Por otra parte, la oración y el trato con Dios es una manera eficaz, distinta de la que solemos usar habitualmente de servir a los demás Él sabe y puede mejor que nosotros atender a quienes habitualmente servimos.

El cese en la actividad ordinaria, con frecuencia absorbente, no nos deja el tiempo libre suficiente apara atender obligaciones que tenemos relegadas a segundo o último lugar, como es la compañía y atención a la familia, el trato más asiduo con los amigos, la visita a los enfermos e impedidos, el contacto con la naturaleza y la contemplación de la obra de Dios en ella-

Dentro de las numerosas ofertas culturales que nos llegan por los más diversos medios – escritos, audiovisuales, en espectáculos directos – es necesario que sepamos escoger aquellos que más nos enriquecen culturalmente y nos hacen crecer espiritualmente. Es tiempo propicio para cultivar aficiones legítimas, leer libros pendientes, escuchar música o ver películas o vídeos que nos sirvan de provecho para nuestra formación o simplemente par nuestro legítimo disfrute.

Las vacaciones son un tiempo para el descanso, pero no para un dulce no hacer nada o para desentendernos de Dios y aislarnos de los demás como si éstos no existieran o no siguieran necesitándonos. Dios no toma vacaciones, y las personas a cuyo servicio estamos siguen necesitándonos, también en vacaciones, auqne sólo sea porque aprovechamos este tiempo para orar más por ello y para recuperar fuerzas e ilusión y mejorar nuestro servido durante el resto del año.

Os saluda y bendice vuestro Obispo
+ José Sánchez González

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