El obispo de Terrassa celebra los veinticinco años de sacerdote

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El obispo de Terrassa, Mons. Josep Àngel Saiz Meneses, presidió la el pasado domingo en su catedral la misa con motivo de la celebración diocesana de los veinticinco años de su ordenación sacerdotalm que tuvo lugar 15 de julio de 1984 en la Catedral de Toledo.
El obispo Saiz estuvo acompañado, según informa Ecclesia Digital, en esta efeméride por el cardenal Ricard M. Cardenal Carles, arzobispo emérito de Barcelona; mons. Jaume Traserra, obispo de Solsona; mons. Francesc Pardo, Obispo de Girona; mons. Sebastià Taltavull, obispo auxiliar de Barcelona en representación del Cardenal Arzobispo de Barcelona, Mn. Salvador Cristau, Vicario General, Mn. Fidel Catalán, Secretario General y Canciller, Mn. Sergi Gordo, secretario de la Provincia Eclesiástica, Mn. Joan Pere Pulido en representación del Obispo de Sant Feliu de Llobregat, Mn. Ignasi Navarri en representación del Obispo de Urgell, Mn. Antoni Pujals, Vicario territorial de la Prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei, y cerca de 50 sacerdotes y diáconos de la diócesis. El templo se llenó a rebosar de feligreses venidos de todos los lugares de la geografía diocesana. En un lugar destacado se encontraban los hermanos, sobrinos y familiares del propio Sr Obispo. Los cantos de la celebración fueron acompañados por la Capilla de Música de la Catedral, y tanto en las plegarias como en la procesión de las ofrendas hubo una significativa representación de toda la diócesis tanto de los arciprestazgos y parroquias como de movimientos y realidades diocesanas.
En la homilía el Sr. Obispo recordó el itinerario de su formación sacerdotal, que tuvo lugar desde la vivencia en la propia familia hasta el Seminario Menor de Barcelona y el Seminario Mayor de Toledo. Destacó algunos de los elementos esenciales en esta formación: “La obediencia no es algo externo sobreañadido al sacerdote sino que deriva de su realidad más profunda, de su ser sacerdotal, de su configuración con Cristo, que «se hizo obediente hasta aceptar la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2, 8). Una obediencia vivida sin autoritarismos ni demagogias, vivida como entrega al servicio de Dios y de los hermanos. Obedecer es superar la tentación del egocentrismo, centrando la vida en Cristo y los hermanos, buscando siempre la voluntad de Dios y dando la vida por las ovejas que son encomendadas.
Para entender el don del celibato tenemos que poner la mirada en Cristo célibe, que se mantuvo durante toda la vida en el estado de virginidad, de dedicación total al servicio de Dios y de los hombres, con un amor absoluto, que llena toda la vida, que ocupa todo el corazón. Cuando el Señor llama al sacerdocio, llama a vivir en unión con Él y de la manera más semejante a su estilo de vida. Por ello el celibato comporta una entrega total al Señor, también bajo el punto de vista afectivo que supone una nueva relación personal con Cristo, que transforma el corazón del sacerdote.
La pobreza es un don de Dios, que sólo podemos entender y vivir desde la contemplación de nuestro Señor que se hace pobre porque quiere revelar su dependencia absoluta del Padre. Es preciso vivir con radicalidad esta confianza en el Señor, esta dependencia de Dios: la pobreza por amor a Cristo pobre y por conformarse más a Él; siguiendo el estilo de vida que el Maestro eligió; la pobreza por amor a los hermanos más pobres, incluso para prescindir de aquello que es propio y compartirlo con ellos; la pobreza para facilitar la humildad y crecer en libertad espiritual.”
Acabó sus palabras agradeciendo a Dios y a las personas su ayuda y acompañamiento: “Hoy quiero dar gracias a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo por su amor. En éstos 25 años de ministerio sacerdotal en lugares tan diferentes, en circunstancias tan diversas, con la colaboración de personas tan variadas, he experimentado siempre como el Señor ha llenado mi existencia hasta el punto de poder decir como el salmista que «no me falta nada», que en Él he encontrado siempre mi fuerza y mi descanso. Que he experimentado su guía, su consuelo, como me infundía serenidad y me confortaba en los momentos de dificultad. He experimentado como su bondad y amor me han acompañado en todo momento.”
Por deseo del Obispo Saíz, la colecta de la misa ha ido toda destinada a Cáritas diocesana de Terrassa para ayudar a hacer frente a las necesidades en este contexto de profunda crisis. Éste ha sido el obsequio que el obispo ha pedido a toda la diócesis.
Después de la solemne celebración tuvo lugar la celebración popular en las instalaciones del colegio de las RR. Carmelitas de la Caridad Vedrunas.

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