Mons. José Sánchez comenta en su carta de esta semana la nueva encíclica del Papa

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“Caridad en la verdad”. Nueva Encíclica del Papa
El Papa Benedicto XVI acaba de publicar su tercera Encíclica con el título “Caridad en la verdad”. Se trata de un precioso documento, denso en contenido, sobre la Doctrina Social de la Iglesia en el momento presente y en continuidad de las grandes encíclicas sociales. Quiere ser, sobre todo, una actualización de la Encíclica Populorum Progressio del Papa Pablo VI; pero recoge y actualiza también las aportaciones de otras Encíclicas de los Papas anteriores y de otros documentos de la Iglesia de carácter social.
La Encíclica comienza con las palabras Caritas in veritate. Sirven de título del documento y son también la clave para su lectura. Efectivamente, caridad y verdad constituyen las dos líneas-fuerza de toda acción social y de todo trabajo por la justicia. La caridad es la vía maestra de toda la Doctrina Social de la Iglesia, el principio de toda acción individual y colectiva, de las micro-relaciones -interpersonales, de familia, de grupo-, y de las macro-relaciones, como son las sociales, económicas y políticas. Obviamente la caridad no puede entenderse sin la justicia. La justicia, necesaria en toda sociedad, exige la caridad y la caridad supera la justicia.
La caridad y la justicia necesitan ser iluminadas por la verdad. No son sólo cuestión de opiniones, de sensaciones subjetivas o de determinaciones cambiantes o sometidas a decisiones coyunturales. La verdad es la luz que da sentido a la caridad, y esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe.
La Encíclica Caridad en la verdad, en continuidad con la doctrina de la Iglesia, pone el bien común como principio fundamental de toda acción humana, tanto individual como colectiva, y establece los principios de solidaridad y de subsidiariedad como irrenunciables en la doctrina y en la acción social de la Iglesia y de los cristianos y hombres de buena voluntad. Concibe el desarrollo como desarrollo integral de la persona en su totalidad y de todos los hombres y pueblos. La cooperación al desarrollo, en caridad y verdad, es vocación de toda persona, con más razón aún, del cristiano y de la Iglesia.
Desde esta doctrina y con estos principios y criterios examina algunos aspectos de la situación actual de nuestro mundo. Por ejemplo, se manifiesta contra el concepto y la realidad de un determinado desarrollo, con el único objetivo del beneficio individual, del grupo, del país o del bloque, y no del bien común; o el desarrollo meramente económico y tecnológico, que olvida la promoción de la persona.
De la crisis actual dice, entre otras cosas, que requiere una seria revisión, un papel mejor ponderado de los poderes públicos y una mayor atención y participación de los ciudadanos, pues “el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad”. Frente a corrientes y tendencias antinatalistas afirma que “la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo”. Señala, además, que valoración moral e investigación científica deben crecer juntas.
Con respecto a la interdependencia planetaria o globalización, que no es sólo un hecho económico, sino también cultural, admitiendo las grandes ventajas y beneficios que reporta o puede reportar para el desarrollo, es necesario, si queremos ser protagonistas y no víctimas, que actúen criterios animados por la caridad y la verdad, para que este proceso conduzca a una verdadera “civilización del amor”; es decir, que la globalización se oriente en términos de relacionalidad, comunión y participación.
Afronta también la relación empresa y ética, la responsabilidad con el medio ambiente, el uso solidario de la energía y de los recursos; la importancia de la educación, los fenómenos de las migraciones y el turismo, la bioética, la paz…
Frente al laicismo y al fundamentalismo, dos patologías de nuestro tiempo, afirma el valor de la religión y de la acción y del papel de los cristianos y de su importante contribución, desde la fe, al bien común, sólo posible, si Dios tiene un lugar en la esfera pública.
Valgan estos primeros apuntes para suscitar en los lectores el deseo de leer esta importante Encíclica, de asimilar su contenido y de llevarlo a la vida.

Os saluda y bendice,

+José Sánchez González
Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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