“Ni la bolsa ni la vida (y II)”, carta de Mons. Jesús Sanz

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Comentaba en la carta anterior que los nuestros son tiempos duros, “tiempos recios” como decía de los suyos Santa Teresa. Nos piden la bolsa y la vida, porque ambas están bajo el entredicho que engrosa el número terrible y creciente de parados en España (a la cabeza de Europa), y que engrosa el drama del número de niños no nacidos a los que se les quita la vida con el aborto.
Hacer una bandera de derecho lo que es la negación más cruel del derecho fundamental que es vivir, supone una contradicción llena de hipocresía y cinismo que merecería el desprecio sin más si no nos jugásemos tanto en esa indiferencia. Pero no estamos para tibiezas indiferentes cuando es la vida lo que está contra el abismo. Contra lo que dice la razón sensata, contra lo que dice la ciencia médica como ha puesto de manifiesto la Declaración de Madrid, documento avalado por prestigiosos médicos y científicos de nuestro país, contra la naturaleza humana, contra la ley de Dios, contra viento y marea, se quiere hacer legal lo que siempre será infinitamente inmoral.
En algún momento se ha barajado como explicación de este anteproyecto de ley la teoría de la cortina de humo: que para distraer el problema de la bolsa del paro, se azuzaba con leyes que quitaban la vida (aborto, eutanasia). Creo que no es lo que principalmente se pretende, porque independientemente del problema del paro y de la crisis económica, hay un proyecto de cambio de mentalidad, de disolución de una serie de valores que giran en torno a la familia y a la vida. Detrás, sostenidos por poderosos grupos mediáticos, están los intereses económicos y políticos del poder.
Como han dicho algunos grupos cristianos que no titubean ante el reto que tenemos planteado, “el Gobierno no se atrevería a tomar esta iniciativa política si en la sociedad no se estuviese difundiendo una mentalidad que, merced a una continua presión mediática, está cada vez más apartada de la realidad. ¿Cómo es posible que una parte del pueblo acepte una ley del aborto tan contraria a la evidencia, la ciencia, la razón y la misma sensibilidad humana? Es el resultado de una manipulación y de un vacío educativo. La batalla, por tanto, se libra frente a una concepción de la libertad sin vínculos, sin referencia a la verdad y sin contacto con la realidad. Se trata de una batalla política, cultural y educativa para crear en nuestra sociedad, como ha pedido Benedicto XVI, «un clima de alegría y confianza en la vida», una nueva «cultura de la vida».
Esa cultura de la vida puede renacer si se ponen hechos significativos a la vista de todos. Hechos que constituyan una compañía verdadera a las madres en dificultad. Lo son ya multitud de obras nacidas de la libre iniciativa de la sociedad, tales como la ayuda y el acompañamiento a las mujeres, o la acogida de aquellos hijos cuyas madres no pueden hacerse cargo de ellos. Hacen falta políticas decididas a favor de la familia, la maternidad y la adopción: medidas que generen un contexto social que favorezca el reconocimiento del valor infinito de la vida humana.
Para recuperar la confianza en la vida y, por tanto, la capacidad de acogerla y respetarla desde el mismo instante en que surge, necesitamos encontrar un amor incondicional, el amor de alguien que abrace nuestra vida con todas sus preguntas. Reconocer que hay un bien que vence toda soledad y violencia es posible sólo gracias al encuentro con personas que lo testimonian con su vida”.
Como enseña la historia, todo macro o micro genocidio termina por estrangularse a sí mismo, y tan sólo sobrevive el sencillo y tenaz empeño de construir una sociedad humana sin hacerlo contra Dios, y un respeto de ese Dios en el que abrazar con ternura y misericordia a cada hombre.
Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca
Domingo 15º Tiempo ordinario

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