Mensaje de los obispos para la Jornada de la Responsabilidad en el Tráfico que se celebra este domingo

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DALE COLOR A TU VIDA, ¡Cuidado con los puntos negros!
Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones
La celebración de la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico nos brinda una excelente ocasión para asomarnos de un modo más cercano al siempre sorprendente mundo de la carretera y de su entorno.
Con el lema elegido para la Jornada de este año, “Da color a tu vida”. ¡Cuidado con los puntos negros!, los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones, invitamos a los católicos y a todas las personas de buena voluntad a una serena reflexión y a actuar juntos en este importante escenario de la movilidad. La vida en las carreteras y caminos tiene su propio color: el color de la comunicación, de la belleza del paisaje, de la llegada a la meta y del encuentro, el color de la seguridad y de la vida.
Como contraste, son verdaderamente escalofriantes las cifras de víctimas mortales y no mortales de los accidentes de tráfico. En el año 2008 hubo en el mundo 1,2 millones de muertos y 50 millones de heridos debidos a accidentes de tráfico. Esta cifra es inaceptablemente alta. La sufren, sobre todo, en un 80-90%, los países de bajos y medios ingresos. Se prevé que la tendencia continúe ascendente en el número de accidentes de tráfico en esos países, con muertes asociadas a accidentes de tráfico, a menos que se tomen medidas efectivas para evitarlo.
En el 2015, los accidentes de tráfico podrían convertirse en la principal causa de discapacidad entre niños y jóvenes de todo el mundo. Los traumatismos causados por el tráfico son la segunda causa de muerte, en orden de importancia, de los jóvenes de 10 a 24 años de edad. De los 1,2 millones de personas que anualmente pierden la vida en accidentes de tráfico, casi la tercera parte son jóvenes menores de 25 años.
En los países de ingresos bajos y medios, las personas que con mayor frecuencia se ven involucradas en accidentes de tráfico son peatones, ciclistas, motociclistas y pasajeros, mientras que en los países de altos ingresos las víctimas son mayoritariamente conductores de automóviles. Se estima que en los países de ingresos bajos y medianos el costo de las lesiones por accidentes de tráfico es de alrededor del 1%-1,5% del producto nacional bruto y que en los países de altos ingresos llega al 2%.
En España, se ha producido un notable descenso (49,2%) en el número de víctimas mortales en accidentes de tráfico: de 4.295 en el año 2000 a 2.181 en el año 2008. Ciertamente es una reducción significativa. Pero no es para estar totalmente satisfechos. Es mucho el trabajo que aún queda por hacer. Muchos de estos accidentes se producen en los llamados puntos negros, aquellos puntos pertenecientes a la red vial española en los que se han detectado tres o más accidentes con víctimas durante un año. Las cifras que la Dirección General de Tráfico nos va proporcionando desde el año 2000 hablan por sí mismas e invitan a un uso responsable del vehículo en la carretera, en general, pero especialmente en esos puntos donde existen más probabilidades de que se produzca un accidente. Junto a estos puntos negros, en sentido estricto, existen otros asimilados, tales como el uso, mientras se conduce, del teléfono móvil, el alcohol, el exceso de velocidad, la irresponsabilidad en el mantenimiento y puesta a punto del vehículo, el consumo de estupefacientes, etc. La “tolerancia cero” es obligada en todos estos casos.
No debemos olvidar que, tanto si hay muertos como si hay heridos graves, estos accidentes suelen cambiar la vida tanto de los propios accidentados como de sus familias. Todo ello obliga a la administración civil a poner todos los medios a su alcance para reducirlos al máximo. El cristiano, conocedor del valor que Dios concede a toda vida humana, debe poner todos los medios a su alcance para contribuir en este noble empeño de hacer de la seguridad vial un objetivo prioritario. Además debe comprender que el viajar, «no sólo representa un desplazamiento físico de un lugar a otro, sino en su dimensión espiritual, porque el viaje relaciona a las personas, contribuyendo a la realización del designio de amor de Dios»(1).

Damos color a la vida, como conductores o peatones:
Cuando hacemos de nuestras calles, caminos y carreteras un magnífico escenario para hacer el bien y difundir en la sociedad el mensaje evangélico de amor tal como hizo Jesús, que recorría las ciudades y aldeas para proclamar el Evangelio y curar «todas las enfermedades y
dolencias» (cf. Mt 9, 35).
Cuando somos prudentes en la carretera, no pensamos sólo en nosotros mismos, no estamos siempre apremiados por la prisa en llegar, y nos fijamos en las personas que nos «acompañan» por el camino, cada una con su propia vida, su deseo de llegar y sus propios problemas(2).
Cuando nos hacemos factores de comunión entre los hombres(3).
Cuando redescubrimos y ponemos en práctica las virtudes necesarias al usuario de la carretera, sobre todo la caridad, la prudencia y la justicia(4).
Cuando no actuamos sólo por temor a perder el “Carné por puntos”, a la sanción económica o la cárcel… sino por amor a Dios, autor de la vida, que ama y cuida en sus criaturas y por amor al prójimo.
Que Nuestra Señora del Camino y san Cristóbal nos guíen y nos acompañen en el noble empeño de dar verdadero color a la vida, respetando las normas de tráfico, cuidando al máximo la seguridad vial y haciendo presente los valores del Evangelio en el mundo de la carretera.

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(1) Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes. Orientaciones para la Pastoral de la Carretera, n. 17, Ciudad del Vaticano 2007.
(2) Cf. op. cit. (n.19).
(3) Cf. op. cit. (n. 80).
(4) Cf. op. cit. (n. 81).

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