Mons. Jesús Sanz ante el anteproyecto de ley de aborto: “el abuso e injerencia en el terreno moral debemos denunciarlo con respeto desde nuestro derecho de expresión”

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Ni la bolsa ni la vida (I)
Duros tiempos los nuestros. Ni la bolsa de nuestro trabajo ni la vida como tal, resisten tanto desvarío en la crisis económica y moral que nos embarga. La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, hemos hecho una declaración ante el anteproyecto de ley que nuestro Gobierno quiere sacar adelante. Hay cuestiones de política económica, territorial, de seguridad ciudadana, cultural, internacional, etc., en donde a los obispos no nos corresponde más actuación que la de ejercer nuestro voto ciudadano cuando se convocan unas elecciones, y es ahí y es así como podemos apoyar o no al gobierno de turno. Pero hay otras cuestiones en las que si la función administrativa y legislativa de un gobierno se adentra en el terreno moral para imponer o impedir que una serie de valores o convicciones sean libremente ejercidos o rechazados según nuestra conciencia, se da un abuso e injerencia que, por ser injustos, debemos denunciarlo con respeto desde nuestro derecho de expresión. Una síntesis del texto que hemos publicado es esta:
«1. El aspecto tal vez más sombrío del Anteproyecto es su pretensión de calificar el aborto como un derecho que habría de ser protegido por el Estado. Establece un plazo de 14 semanas en el que la madre se convierte en árbitro absoluto sobre la vida o la muerte del hijo que lleva en sus entrañas. El Estado carece de autoridad para establecer un plazo en el que el aborto dejaría de ser un atentado contra el derecho a la vida.
2. Colocar el aborto entre los medios supuestamente necesarios para cuidar la salud es una grave falsedad. Abortar nunca es curar, es siempre matar. Una auténtica política sanitaria debe tener en cuenta siempre la salud de la madre gestante, pero también la vida y la salud del niño que va a nacer. Reconocemos y agradecemos el valor mostrado por tantos ginecólogos y profesionales de la sanidad que, fieles a su vocación y al verdadero sentido de su trabajo, resisten presiones de todo tipo e incluso afrontan ciertas marginaciones con tal de servir siempre a la vida de cada ser humano.
3. Este proyecto legal no manifiesta interés real por el bien de las mujeres tentadas de abortar y, en particular, de las más jóvenes. Se limita a despejarles el camino hacia el abismo moral y hacia el síndrome post-aborto. Las mujeres que se encuentran en esta dolorosa situación encontrarán siempre en la Iglesia el hogar de la misericordia y el consuelo.
4. El Anteproyecto de Ley presenta el aborto como si fuera un asunto privado ligado prácticamente sólo a la decisión individual de la gestante. Pero eliminar una vida no es nunca un asunto meramente privado.
5. Se comete la injusticia de imponer una determinada educación moral sexual, que, además, por ser abortista y “de género”, tampoco será eficaz ni como verdadera educación ni como camino de prevención del aborto. 
Es necesario permitir y promover que la sociedad desarrolle sus capacidades educativas y morales.
6. El Evangelio de la vida proclama que cada ser humano no un producto del azar ni de las leyes ciegas de la materia, sino un ser único, capaz de conocer y de amar a su Creador, por Él amado desde siempre por sí mismo. Cada ser humano es un don sagrado para sus padres y para toda la sociedad. No ha de ser considerado jamás como un objeto subordinado al deseo de otras personas. Su vida no puede quedar al arbitrio de nadie, y menos del Estado, cuyo cometido más básico es precisamente garantizar el derecho de todos a la vida, como elemento fundamental del bien común».
Hasta aquí el texto de la Comisión Permanente. Mi comentario, el domingo que viene. Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca

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