Mons. Asenjo: Ante los ataques que recibe, “en este año hemos de redoblar la oración por el Papa”

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Carta Pastoral del Administrador Apostólico de Córdoba, D. Juan José Asenjo Pelegrina.
El próximo lunes, 29 de junio, celebraremos la solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, y en este domingo, víspera de dicha solemnidad, el Día del Papa, una jornada en la que damos gracias a Dios por el servicio especialísimo que el Santo Padre cumple en la Iglesia como sucesor de Pedro, puesto por el Señor como principio de unidad y piedra fundamental de la casa del Dios vivo que es la Iglesia (1 Tim 3,15). Para ello, le reviste del carisma de atar y desatar, es decir, de interpretar autoritativamente la nueva ley evangélica (Mt 16,17-19). Le impone además la tarea de confirmar a sus hermanos en la fe (Lc 22,32) y le entrega la plenitud de la autoridad en el orden magisterial, santificador y de gobierno del nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia (Jn 21,15-17).

El oficio que Cristo entregó a Pedro subsiste en sus sucesores, los Obispos de Roma, a través de una cadena ininterrumpida, de modo que el Papa es, como Pedro, Vicario de Jesucristo, Pastor de toda su grey y cabeza visible de la Iglesia. Este es el fundamento del respeto, veneración y amor que debemos profesar al Papa, “el dulce Cristo en la tierra”, como le llamaba Santa Catalina de Siena. Amar al Papa y “sentir” con el Papa han sido siempre un signo distintivo de los buenos católicos, como lo ha sido también la acogida, docilidad y obediencia a sus enseñanzas.

Si todos los días hemos de orar por la persona, ministerio e intenciones del Papa, mucho más debemos hacerlo el próximo domingo en nuestra oración personal y en las celebraciones eucarísticas de nuestras parroquias y comunidades. Es ésta una fecha muy indicada para que los sacerdotes expliquen en la homilía la naturaleza del servicio que el Papa presta a la Iglesia, invitando a los fieles a renovar el amor, la devoción, la fidelidad y la obediencia al Papa, que nos enseña en nombre y con la autoridad de Cristo y cuya palabra debe ser para todos los buenos católicos guía y norma de vida.
En este año hemos de redoblar la oración por el Papa. En los últimos años ha surgido en algunos ambientes políticos, intelectuales y mediáticos la extraña moda de atacar al Papa sin piedad, emplazando incluso sus enseñanzas ante algunos parlamentos nacionales, muchas veces desde la frivolidad y sin leer con detenimiento sus escritos y su magisterio excepcional. Oremos, pues, por el Papa para que el Señor le fortalezca y sostenga y, muy especialmente en esta jornada, manifestemos nuestra veneración, amor y obediencia a la persona y el ministerio del Santo Padre Benedicto XVI, que por encargo de Cristo nos preside en la caridad, nos pastorea en su nombre, nos alienta con su palabra y nos ilumina con la claridad de sus enseñanzas.
Muy conciente de mi responsabilidad como miembro del Colegio Episcopal, tal y como prescribe el Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum sucesores”, en el que se nos pide que no descuidemos la particular colecta denominada Óbolo de San Pedro, destinada a hacer posible que la Iglesia de Roma pueda cumplir efectivamente su oficio de presidencia de la caridad (nº 14), pido a los sacerdotes que hagan con todo interés dicha colecta, que es imperada y, por tanto, obligatoria. Su origen se remonta a la antigüedad cristiana y constituye la base primaria del sostenimiento de la Sede Apostólica. Con el Óbolo de San Pedro el Papa atiende las innumerables solicitudes de ayuda que, como pastor universal, recibe del mundo entero. Atiende al grito de los pobres, de los niños, ancianos, marginados, emigrantes, prófugos, víctimas de las guerras y desastres naturales. El Papa, como Cabeza del Colegio Episcopal se preocupa también de las necesidades materiales de las diócesis pobres y de los institutos religiosos necesitados. Acude además en ayuda de los misioneros, que promueven infinidad de iniciativas pastorales, evangelizadoras, humanitarias, educativas y de promoción social en los países más pobres de la tierra. Para ello necesita la ayuda de toda la Iglesia. “El Óbolo de San Pedro –ha escrito Benedicto XVI– es la expresión más típica de la participación de todos los fieles en las iniciativas del Obispo de Roma en beneficio de la Iglesia universal. Es un gesto que no sólo tiene valor práctico, sino también una gran fuerza simbólica, como signo de comunión con el Papa y de solicitud por las necesidades de los hermanos”.
El libro de los Hechos nos dice que mientras Pedro estaba en la cárcel, la Iglesia entera oraba por él. También nosotros, en este domingo y siempre, estrechamos la comunión con el Sucesor de Pedro, oramos por él y le ayudamos con nuestras limosnas a socorrer a los necesitados.
Agradeciendo el desprendimiento de nuestros fieles, que ha situado a Córdoba entre las Diócesis más generosas en la ayuda al Santo Padre, os envío a todos mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Administrador Apostólico de Córdoba

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