El Papa exhorta a los sacerdotes a no resignarse jamás a ver vacíos los confesionarios

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Benedicto XVI ha exhortado a los sacerdotes, según informa Radio Vaticano, a no resignarse jamás a ver vacíos los confesionarios, ni limitarse a constatar el despego de los fieles de ésta extraordinaria fuente de serenidad y paz. En el mismo contexto y de igual importancia es fundamental encontrar nuevos canales para comunicar la vida evangélica a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Estas han sido las exhortaciones principales del Papa a los sacerdotes, religiosos, religiosas y jóvenes durante su último encuentro ayer en la iglesia de san Pío de Pietrelcina, en este breve viaje apostólico a San Giovanni Rotondo. Dirigiéndose en particular a los sacerdotes el Pontífice ha subrayado la importancia de participar devotamente en la celebración eucarística y de frecuentar asiduamente el sacramento de la confesión. En este sentido Benedicto XVI les ha pedido que no se resignen jamás a ver desiertos sus confesionarios, ni se limiten a constatar el desapego de los fieles por esta extraordinaria fuente de serenidad y de paz.
En cuanto al valor y necesidad de la oración, una gran enseñanza que podemos extraer de la vida del padre Pío, el Papa se ha referido a este punto fundamental para la espiritualidad del sacerdote, de cualquier cristiano, pero sobre todo de los religiosos y religiosas, “elegidos para seguir de cerca a Cristo mediante la práctica de los votos de pobreza, castidad y obediencia”. El Santo Padre ha reconocido que a veces podemos desanimarnos ante la relajación e incluso el abandono de la fe que podemos contemplar en nuestras sociedades secularizadas.
“Es necesario trabajar para encontrar nuevos canales para comunicar la verdad evangélica a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, pero dado que el contenido esencial del anuncio cristiano siempre es el mismo, es necesario regresar a su fuente original, a Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre”.
Benedicto XVI se ha dirigido a los hermanos capuchinos que se ocupan con amor de este oasis de espiritualidad y solidaridad evangélica, acogiendo a peregrinos y personas devotas atraídos por la viva memoria de san Pío de Pietrelcina: “Gracias de corazón por este precioso servicio que prestáis a la Iglesia y a las almas que aquí redescubren la belleza de la fe y el calor de la ternura divina”.
También en esta ocasión el Pontífice ha recordado el inicio del Año Sacerdotal, “durante el cual recordaremos con veneración y afecto el 159 aniversario del san Juan María Vianney” y con el que Benedicto XVI ha querido subrayar cuán importante es la santidad de los sacerdotes para la vida y la misión de la Iglesia. “Como el cura de Ars –ha recordado el Santo Padre- también padre Pío nos recuerda la dignidad y la responsabilidad del ministerio sacerdotal.
“¿Quién podía permanecer impasible ante el fervor con el que él revivía la Pasión de Cristo en cada celebración eucarística? Del amor por la Eucaristía emanaba de él, igual que en el cura de Ars, una total disponibilidad a la acogida de los fieles, sobre todo de los pecadores. Además, si san Juan María Vianney, en una época atormentada y difícil, buscó en todas las formas, que sus parroquianos redescubrieran el significado y la belleza de la penitencia sacramental, para el santo fraile del Gargano, el cuidado de las almas y la conversión de los pecadores fueron un anhelo que le consumió hasta su muerte. ¡Cuántas personas han cambiado su vida gracias a su paciente ministerio sacerdotal; cuántas largas horas transcurría él en el confesionario!
También el Santo Padre ha dirigido unas palabras a los jóvenes, aquejados por el fenómeno del desempleo, particularmente grave en el sur de Italia, y les ha animado asegurándoles el apoyo de la Iglesia, que no les abandona. “No abandonéis vosotros a la Iglesia. Es necesario vuestro apoyo para construir comunidades cristianas vivas, y sociedades más justas y abiertas a la esperanza”.

En la Casa Alivio del Sufrimiento

Por la tarde el Papa tuvo un encuentro en la Casa de Alivio del Sufrimiento, con los enfermos, el personal sanitario y los dirigentes del Hospital. “En esta mi visita a San Giovanni Rotondo, no podía faltar un alto en la Casa de Alivio del Sufrimiento, ideada y querida por san Pío de Pietrelcina como “lugar de oración y de ciencia, donde el género humano se encuentre en Cristo Crucificado como una sola grey con un solo pastor”… Es justamente por esto que quiso confiarla al apoyo material y sobretodo espiritual de los Grupos de Oración, que aquí tienen el centro de su misión al servicio de la Iglesia. Padre Pío quería que en esta adecuada infraestructura sanitaria se pudiese experimentar que el compromiso de la ciencia en el curar a los enfermos no debe separarse jamás de una filial confianza hacia Dios, infinitamente tierno y misericordioso. Inaugurándola, el 5 de mayo de 1956, la definió “criatura de la Providencia” y hablaba de esta institución como de “una semilla echada por Dios sobre la tierra, que Él calentará con los rayos de su amor”.
A los médicos, personal sanitario y demás dirigentes, el Santo Padre agradeció el bien que, desde hace más de cincuenta años -fieles a las disposiciones de un humilde fraile capuchino- cumplen en la “Casa de Alivio del Sufrimiento”, con resultados reconocidos en el plano científico y médico.
El Papa reflexionó sobre cada vez que se entra en un lugar de terapia, cuando el pensamiento se dirige naturalmente al misterio de la enfermedad y del dolor, a la esperanza de la curación y al valor inestimable de la salud, del cual a menudo nos damos cuenta sólo cuando nos falta. En los hospitales – agregó- se experimenta lo precioso de nuestra existencia, pero también su fragilidad. Siguiendo el ejemplo de Jesús, que recorría toda Galilea, “curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mt 4,23), la Iglesia, desde sus inicios, movida por el Espíritu Santo, ha considerado un propio deber y privilegio estar junto a quien sufre, cultivando una atención preferencial por los enfermos.
La enfermedad, que se manifiesta de tantas formas y golpea de maneras diversas, suscita preguntas inquietantes, constató Benedicto XVI: ¿Por qué sufrimos? ¿Puede considerarse positiva la experiencia del dolor? ¿Quién nos puede librar del sufrimiento y de la muerte? Interrogantes existenciales, observó el Papa, que la mayoría de veces permanecen humanamente sin respuesta, ya que el sufrimiento constituye un enigma inescrutable a la razón. El sufrimiento forma parte del misterio mismo de la persona humana…
“Es cuanto he subrayado en la Encíclica Spe salvi, notando que “ella deriva de una parte, de nuestra finitud, de otra, de la cantidad de culpa que, a lo largo de la historia se ha acumulado y que también en la actualidad crece de modo incesante”. Y he agregado que “es ciertamente necesario hacer todo lo posible para disminuir el sufrimiento… pero eliminarlo completamente del mundo no se encuentra entre nuestras posibilidades simplemente porque… ninguno de nosotros es capaz de eliminar el poder del mal… continua fuente de sufrimiento”.
Quien puede eliminar el poder del mal es sólo Dios, sentenció el Papa. Justamente por el hecho que Jesucristo vino al mundo para revelarnos el designio divino de nuestra salvación, la fe nos ayuda a penetrar en el sentido de todo lo humano y por la tanto también del sufrir. Existe una íntima relación entre la Cruz de Jesús – símbolo del supremo dolor y precio de nuestra verdadera libertad – y nuestro dolor, que se transforma y se vuelve sublime cuando es vivido con la certeza de la cercanía y de la solidaridad de Dios.

Padre Pío había intuido tal profunda verdad y, en el primer aniversario de la inauguración de esta Obra, dijo que en esta “el doliente debe vivir el amor de Dios por medio de la sabia aceptación de sus dolores, de la serena meditación de su destino en Él”.

Al final de su discurso, el Pontífice invitó a todos a ser “reservas de amor”: pacientes, médicos, sacerdotes, dijo, serán reservas de amor, que mientras más abundante sea en unos, más se comunicará a los otros. Es esta la misión a la que Padre Pío llama esta tarde a todos los que forman parte de la gran familia de la Casa de Alivio del Sufrimiento. Que el Señor, pidió el Papa, les ayude a realizar el proyecto iniciado por el Santo de Pietrelcina con el aporte de todos: de los médicos y de los investigadores científicos, de los operadores sanitarios y de los colaboradores, de los voluntarios y de los benefactores, de los frailes capuchinos y de los demás sacerdotes, sin olvidar los grupos de oración que, “aunados a la Casa de Alivio, son la vanguardia de esta Ciudadela de la caridad, vivero de fe, foco de amor”… Sobre todos y cada uno de ellos, Benedicto XVI invocó la intercesión de Padre Pío y la maternal protección de María, Salud de los enfermos.

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