El Padre Pío: mucho más que el santo de los estigmas

En una granja de un pequeño pueblo del sur de Italia creció uno de los santos más conocidos, estudiados y queridos de la historia: el padre Pío.

Se llamaba Francesco y nació el 25 de mayo de 1887. Sus padres, que eran cristianos, no se sorprendieron cuando al cumplir 16 años decidió hacerse capuchino. Con 23 años fue ordenado sacerdote.

No pudo entrar en el convento hasta seis años después, debido a su delicada salud. Cuando ingresó en el convento de San Giovanni Rotondo se dedicó sobre todo a la confesión. A veces pasaba en el confesionario 14 horas al día.

Fray Francesco Dileo
Orden de los Capuchinos
Ahí, en la vida religiosa, se hizo santo. Vivió profundamente las virtudes de la vida religiosa. Y esto hizo que en todo el mundo se le vea como un gran santo, un hombre que dedicó su vida al servicio de Dios y de los hombres.

Pero Dios le pedía más. Un 20 de septiembre de 1918, con 31 años, aparecieron en sus manos y costado las heridas que produjeron a Cristo los clavos y la lanza.

Fray Francesco Dileo
Orden de los Capuchinos
Él aceptó esta participación en la Pasión de Cristo. Pero para él no hacían falta estas señales externas. Decía: ¿Para qué necesito esta confusión? Porque sabía la expectación que los estigmas habrían levantado a su alrededor.

La difusión de los estigmas, su ayuda a las personas que se acercaban a San Giovanni y los milagros que se iban conociendo, provocó que miles de personas acudieran a él. Además recibía cientos de cartas pidiéndole ayuda cada día. Los hermanos de la Orden tuvieron que ayudarle a leerlas.

Casi no descansaba, pero era feliz. Sin embargo, para evitar malentendidos, el Vaticano le pidió que llevase una vida apartada. Y él obedeció.

Once años después, el Papa Pío XI permitió que retomase su labor pública, y recibió a católicos y no católicos.

Fray Francesco Dileo
Orden de los Capuchinos
Cuentan que una persona se acercó al Padre Pío para que le ayudase en la construcción de un gran hospital. Era un médico o ingeniero. Le decía: Yo no soy creyente Y Padre Pío respondía: No te preocupes, Dios sí que cree en ti.

Hoy en día su mensaje sigue siendo actual. Su ejemplo y palabras continúan asombrando a los que se acercan a él. Independientemente de los eventos extraordinarios, lo que atrae es su sencillez y cercanía.

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