Mons. José Sánchez dedica su carta de esta semana al significado del Año Sacerdotal

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El día 19 de Junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, día especialmente dedicado a la santificación de los sacerdotes, el Papa Benedicto XVI convoca un Año Santo Sacerdotal, con el título: Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote. Será clausurado por el Santo Padre, con la participación de sacerdotes de todo el mundo, en la Plaza de San Pedro, en Roma, el 19 de Junio de 2010.

La ocasión para proclamar este Año Santo Sacerdotal, se la ofrece al Papa la conmemoración del 150º Aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney.

Cuatro son los objetivos que propone el Papa para este año: Favorecer la tensión de los sacerdotes hacia la perfección espiritual. Renovar la fidelidad del sacerdote hacia Cristo en su Iglesia. Ayudar a percibir cada vez más la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad. Conocer mejor la figura del San Juan María Vianney en el 150º Aniversario de su muerte como modelo de santidad sacerdotal.

Se puede decir que estos objetivos se resumen en dos. Uno afecta directamente a los propios sacerdotes. El otro, también a todo el pueblo de Dios. Se trata, en primer lugar, de la necesidad de que los sacerdotes vivan en la permanente tensión hacia el ideal de santidad, que exigen su condición, su ministerio y su misión. El sacerdote, por el Sacramento del Orden, es configurado a Cristo como Sumo Sacerdote, Pastor, Maestro y Esposo de su Iglesia y constituido en discípulo del Señor para permanecer unido a Él, actuar en su nombre, en la Iglesia y desde la Iglesia, y reflejar en su vida y en su actuación la misma santidad de Dios.

Es necesario que el sacerdote mantenga permanentemente la tensión que se le exige para avanzar desde lo que significa y recibe por la Ordenación sacerdotal hasta el ideal de su plena configuración con Cristo. Se trata, en definitiva, de la tensión hacia la perfección espiritual, frente a la relajación a la que le invita el estilo de vida de nuestra actual cultura y sociedad.

A la hora de concretar qué significa la santidad que se pide al sacerdote, se señalan tres referencias: Cristo, la Iglesia y el Santo Cura de Ars. Efectivamente, la santidad del sacerdote, como la de todo cristiano, ha de hacer necesariamente referencia a Cristo, fuente, origen, centro, meta y motor de toda santidad. Para el Sacerdote, de modo especial, pues está llamado y enviado a identificarse con Cristo y a actuar “en su persona”, en su nombre.

Esencial es también la referencia a la Iglesia. No es pensable ni imaginable un Cristo separado de su Iglesia, con el que se pudiera entrar en relación prescindiendo de su Iglesia, con la que Él se ha vinculado para siempre, como la Cabeza al Cuerpo, como el Señor a su pueblo. El ministerio del sacerdote es un ministerio en la Iglesia y para la Iglesia. La santidad del sacerdote se expresa y se acredita en el culto, en el servicio a la palabra y en la comunión con su obispo, con los hermanos sacerdotes y con la comunidad a cuyo servicio es destinado.

El Santo Cura de Ars sigue siendo una referencia válida para la santidad del sacerdote de nuestro tiempo, porque las virtudes, el celo y el estilo de vida que él encarna en su persona y refleja en su ministerio, son una imagen transparente del único Buen Pastor, Jesucristo

El segundo objetivo, que puede considerarse consecuencia de la necesaria tensión del sacerdote hacia la santidad, es la necesidad, hoy urgencia, de que el pueblo de Dios y la sociedad perciban la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad. Una sencilla observación del clima existente y de la opinión pública y publicada sobre el sacerdote nos revela una escasa valoración del papel del sacerdote, a veces una gran indiferencia, cuando no una cierta hostilidad. Fácilmente se hacen extensivos los fallos de determinados sacerdotes a todos los demás y es muy frecuente, oír o leer opiniones muy negativas contra los sacerdotes (contra “los curas”)

No se trata de una apologética por imperativo o de una defensa a ultranza de una clase social o de una “casta”. Se trata de poner las cosas en su sitio y de que, aun admitiendo que entre los sacerdotes se den fallos, pues somos personas humanas y no ángeles, es incomparablemente mayor el número de sacerdotes que cumplen con su misión, que viven, en su mayor parte y con la máxima dedicación, entregados generosamente al servicio de Dios, de la Iglesia y de la sociedad, ocupados en tareas de gran utilidad para las personas, para la Iglesia y para la sociedad, como son el culto a Dios, el cultivo de la dimensión sobrenatural y trascendente, la educación, la atención a niños, jóvenes, adultos y ancianos, el servicio a los pobres, enfermos y desfavorecidos, el trabajo por la justicia, por la verdad, por la libertad, por la caridad y por la paz y la reconciliación

Los sacerdotes habrán de organizarse en este año, para ellos tan importante, profundizando en su espiritualidad y mejorando en su misión y ministerio. Para ello está prevista también la programación de diversos actos colectivos. Los demás miembros del pueblo de Dios – personas consagradas y fieles cristianos laicos – están llamados también a intensificar su oración por los sacerdotes, a cultivar el afecto fraterno hacia estos hermanos que dedican su vida a servirles. Habrán de hacer valer, además, en la sociedad y en la Iglesia, frente a toda generalización, estereotipo o prejuicio, la imagen que justamente merecen.

Os saluda y bendice vuestro Obispo

+ José Sánchez González
Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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