Homilía de Mons. José Sánchez en la festividad del Corpus Christi

sanchezmisa
(Concatedral de Guadalajara, 14 de Junio de 2009)
Si todos los domingos son “El día del Señor”, el de hoy lo es de modo especial. Adoramos, alabamos, damos gracias a Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar, reconociéndolo como Señor de nuestras personas, pues nos confesamos discípulos suyos. Lo honramos como Señor de su Iglesia y lo proclamamos como Señor del mundo, en el templo y en la calle. En algunos lugares la fiesta del Corpus se denomina “El Día del Señor”.

Si todos los domingos, incluso todos los días, la Eucaristía ocupa el lugar central del culto, de la celebración, de la fiesta, del día, de la vida de los cristianos, hoy es precisamente también “el Día de la Eucaristía”, elevado al rango de gran solemnidad en la vida privada y en la vida pública de los cristianos.

1. La Antigua Alianza. La Nueva y Eterna Alianza

La narración de la institución, en el Evangelio de San Marcos, que hemos escuchado, está entre dos referencias: Una al pasado del pueblo judío, precedente, anticipo y figura de lo que el Señor va a realizar; la otra referente al futuro inmediato, que será ya perpetuo y definitivo.

Efectivamente la narración de San Marcos comienza diciendo: “El primer día de los ácimos…”, en clara referencia a la Pascua judía. Ésta era el memorial de la Antigua Alianza de Dios con su pueblo. Tiene diversos momentos, como son: La acción liberadora de su pueblo del poder de los Faraones por parte de Dios. Memorial de la misma será para los judíos la Pascua, que Jesús manda preparar para celebrarla con sus discípulos.

Otro momento importante de la Antigua Alianza es el referido en la primera lectura: Dios manifiesta su voluntad al pueblo por medio de Moisés: Este comunica, de palabra y por escrito, dicha voluntad al pueblo. Éste responde por dos veces: “Cumpliremos todo lo que dice el Señor” Esa Alianza es sellada con la sangre de los sacrificios, que se derrama sobre el altar y sobre las doce estelas, que representan las Doce Tribus, es decir, a todo el pueblo de Israel.

Habrá posteriormente otros momentos de renovación de la Alianza, normalmente, a la vuelta del destierro, cuando el pueblo, arrepentido por sus pecados de idolatría e infidelidad, renovaba su Alianza con Dios, con fórmula parecida a la del tiempo de Moisés. Cuando el pueblo judío celebraba la Pascua recordaba, renovaba y actualizaba su Alianza con Dios.

El final de la narración de San Marcos empalma con el comienzo del derramamiento de la Sangre de Cristo, sello de la Nueva y Eterna Alianza, a la que Él mismo hace referencia en la institución de la Eucaristía: Mi Sangre, Sangre de la Alianza Nueva y Eterna… La Muerte de Cristo sustituye y lleva a la consumación los antiguos sacrificios, con los que el pueblo expresaba su compromiso con Dios de guardar sus Alianza, sus Mandamientos, su voluntad. El Sacrificio de Cristo, explicado por el Autor de la Carta a los Hebreos, como hemos escuchado en la segunda lectura de esta Misa, supera los de la Antigua Alianza, que no eran sino imagen, anticipo y sombra del Sacrifico único, de valor infinito, por lo mismo, irrepetible y que dura para siempre.

El contenido de la Nueva y Eterna Alianza manifiesta la iniciativa amorosa de Dios, que nos da la prueba suprema de su amor al entregarnos a su Hijo por la salvación de todos y sella esa voluntad irrevocable con la Sangre de su Hijo.

2. La Eucaristía, Memorial de la Alianza.

El Señor, antes de entregarse a la muerte para nuestra salvación, quiso dejarnos, no ya un recuerdo, sino lo que, en el lenguaje de los israelitas y en el de los cristianos se denomina “Memorial”, que es más que un recuerdo, que se trae a la memoria. El memorial se renueva, se actualiza; acontece en el presente, al celebrarlo, lo que aconteció de una vez para siempre con la Muerte, la Resurrección de Cristo y el Envío del Espíritu a la Iglesia.

Cada vez que celebramos la Eucaristía, no sólo recordamos, ni siquiera sólo representamos el acontecimiento único de la Muerte y Resurrección de Cristo, por el que somos salvados, sino que en este momento acontece salvación; es la Pascua del Señor, su Paso salvador de la muerte a la vida. Es nuestra Pascua: Pasamos de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, del pecado a la gracia, de la orfandad a la filiación de la dispersión a la fraternidad, del miedo a la esperanza.

3-. Adoración, acción de gracias, canto y alabanza

Este es el misterio de nuestra fe. Este es el acontecimiento de nuestra salvación, que creemos, celebramos, adoramos. Por el que cantamos, alabamos y damos gracias a Dios..

Lo hacemos cada vez que celebramos la Eucaristía, que es todo eso: Acto de fe, adoración, celebración, canto, alabanza, acción de gracias. Lo hacemos cada vez que comulgamos o acompañamos al Señor como Viático para los enfermos. O cuando, delante del Sagrario o del Santísimo expuesto, pasamos un rato en oración contemplativa, de adoración. de alabanza y de acción de gracias a Dios por tan admirable misterio de su amor.

Lo manifestamos solemnemente en este día del Corpus, en el templo y en la calle. No lo hacemos provocativamente, ni con intención de ofender, ni siquiera de molestar a nadie. Proclamamos a Cristo, como Nuestro Señor en el Sacramento de su Amor, porque estamos convencidos de que es su deseo mostrar a todos los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar el camino que conduce a la plenitud, que no es otro que el del amor incondicional a Dios y al prójimo, hasta dar la vida por todos, por los amigos y los enemigos, como Él hizo y como nos dejó en el Sacramento, Memorial de su Pasión, Muerte y Resurrección

3. Haced esto en conmemoración mía

El Señor expresa su voluntad con respecto a nosotros, no con palabras en forma de Decálogo, como Dios a Moisés, en El Sinaí, sino con una sencilla frase, de profundo contenido y de trascendentales consecuencia: Haced esto en conmemoración mía. En esta sencilla frase, el Señor nos manda fundamentalmente dos cosas: La primera, que también nosotros, como Él, estemos dispuestos a entregar nuestra vida por Dios y por los demás, como respuesta fiel al amor infinito que Dios nos manifiesta con la entrega de su Hijo, que es lo que se significa, expresa y realiza en el Sacramento de la Eucaristía.

En segundo lugar, y precisamente para perpetuar la renovación y actualización de este acontecimiento salvífico, nos manda renovar, hasta que Él vuelva su sacrificio, su banquete, su presencia, su acción salvadora por medio de la Eucaristía, por la ación de sus ministros. Es, por eso, el momento de la institución del sacerdocio ministerial y constituye una llamada a pedir a Dios por las vocaciones sacerdotales, precisamente en este año, que estamos dedicando en nuestro Plan Pastoral Diocesano a las vocaciones.

4.1. Sacramento de la Caridad

La íntima relación de la Eucaristía con el Amor de Dios manifestado en Cristo es la razón por la que la Solemnidad de Corpus es también el Día de la Caridad. Eucaristía y Caridad están tan íntimamente unidas, que no sería auténtica nuestra celebración del Corpus, ni nuestro culto al Santísimo Sacramento verdadero, si no estuvieran íntimamente unidos a nuestro amor al prójimo.

Siempre es esencial y necesario nuestro amor a los hermanos más necesitados. Siempre los tendremos entre nosotros, de una u otra forma. Si no los tenemos cerca, los tenemos lejos, en otros países o regiones. Pero sucede que en este momento, los tenemos entre nosotros. Las circunstancia actuales, a causa de la grave crisis económica, están originando pobreza, necesidad y exclusión social en cantidades y magnitudes que no podíamos imaginar hace sólo unos meses. Lo perciben, sobre todo, nuestras parroquias, nuestras organizaciones de Caritas parroquiales y Caritas Diocesana.

Es un mal grave que en España siga habiendo más de ocho millones de pobres, algunos que viven en pobreza extrema. En nuestra diócesis son numerosas las familias en las que no entra un solo euro al mes. Aumenta el paro, el cierre de empresas… Nuestras parroquias de la ciudad de Guadalajara atienden, proporcionando alimento y ropa a una media de 40, 50, 60 y hasta 70 familias. El comedor de Caritas Diocesana atiende diariamente a más de 70 personas; no hace mucho eran unas 20. Son frecuentes los casos de desahucio por impago del alquiler, de imposibilidad de pagar la hipoteca del piso, la desesperación de madres gestantes que no ven salida, etc.

Alabo la generosidad y la solidaridad de tantas personas que colaboran con alimentos, con ropa, con dinero, prestando su servicio en el voluntariado, etc.

Necesitamos seguir manteniendo e incrementando nuestra generosidad, mejorando nuestra organización y coordinación, recabando la ayuda de las instituciones, manteniendo la buena relación y coordinación con otras instancias que también se ocupan del servicio a los más débiles de nuestra sociedad.

No podemos conformarnos sólo con dar de comer y para vestir. Tenemos que hacerlo o buscar quien lo haga. No podemos pasarnos la vida en lamentos, acusaciones a los demás y en sueños de una mayor justicia, mientras yacen en la cuneta hermanos nuestros apaleados. Hemos de darles de comer. Pero, al mismo tiempo, tenemos que analizar y atajar las causas que llevan a estos desastres, que están, sobre todo en el corazón humano: En el egoísmo, la ambición, la codicia, el loco afán de poseer, la falta de consideración del prójimo, el desprecio del bien común… En algunos casos, en la incompetencia, la inhibición o la falta de actuación correcta por parte de los responsables de la economía de las finanzas, del comercio o de la política.

Conclusión

Nuestra participación en esta Eucaristía y en la Procesión del Santísimo, a continuación, son expresión de nuestra fe en este Misterio admirable de Amor de Dios y, al mismo tiempo, de nuestro compromiso de salir decididos a “hacer esto”, es decir, lo mismo que hizo el Señor, en conmemoración suya.

Nuestra comunidad cristiana se manifiesta hoy, como no podía ser de otra manera, como comunidad eucarística adorando, alabando y dando gracias al Señor por el misterio de la Eucaristía y por su presencia real entre nosotros. Para ser comunidad eucarística es necesario también que nos acreditemos, cada día en el amor y en el servicio a nuestros hermanos, sobre todo a los más pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los más necesitados, desfavorecidos y excluidos. Amen.

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