“He visto la aflicción de mi pueblo”, carta pastoral del obispo de Ávila

garciaburilloEn la solemnidad del Corpus Christi, celebramos el misterio del Cuerpo de Cristo entregado y de su Sangre derramada para la vida del mundo. En esta festividad la Iglesia en España celebra el Día de la Caridad. Hay una relación esencial entre Eucaristía y caridad. La celebración de la Eucaristía tiene implicaciones sociales. “Cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo, en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo…” (Sc 88)

Este es el comienzo del mensaje que los obispos de la Comisión episcopal de pastoral social han dirigido a las Iglesias de España, del que os ofrezco los párrafos principales.

Desde que estalló la crisis financiera, un número creciente de hombres y mujeres afectados por la situación social y económica está llamando a las puertas de nuestras Cáritas, de las parroquias, congregaciones religiosas y otras instituciones eclesiales. En ellos hemos escuchado el clamor de las víctimas y hemos podido descubrir los nuevos rostros de la pobreza. Ellos nos hacen experimentar como propios los sentimientos de nuestro Dios cuando dice ante su pueblo oprimido por el Faraón y sufriente bajo los despiadados capataces que controlan su suerte: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos” (Ex 3, 7).

Hemos percibido, también, otra pobreza, en este caso espiritual, que subyace entre las crisis materiales, de la economía y el trabajo. Es la pobreza de valores y actitudes que se manifiesta y extiende en diversos ámbitos y a través de algunos medios de comunicación. Junto a ello no podemos olvidar la crisis educativa que se hace presente también en el seno de la familia. Son los rostros de la pobreza.

Recientemente Benedicto XVI sostuvo, ante una cumbre de representantes internacionales, que “las crisis financieras se desencadenan cuando -en parte debido a la falta de una conducta ética correcta- los que trabajan en el sector económico pierden la confianza en su modo de funcionamiento y en sus sistemas financieros”.

Sin embargo, esta crisis pone en evidencia una profunda quiebra antropológica y una crisis de valores morales. La dignidad del ser humano es el valor que ha entrado en crisis cuando no es la persona el centro de la vida social, económica, empresarial; cuando el dinero se convierte en fin en sí mismo y no en un medio al servicio de la persona y del desarrollo social.

Si la hondura de la crisis ha puesto de manifiesto muchas miserias personales, sociales y éticas, también es necesario reconocer que está siendo oportunidad para promover otro modelo social y económico más humano y justo, y para despertar ejemplares respuestas de solidaridad. Es admirable la generosidad que se está generando entre amigos y en el seno de las familias para afrontar los efectos de la crisis. Son miles los voluntarios que están dando lo mejor de sí mismos intentando responder a los sectores más afectados y vulnerables; como, también, es digno de ser reconocido el esfuerzo sincero de muchos hombres y mujeres del ámbito de la cultura, de la economía y la política por aportar respuestas concretas a la crisis.

Esta situación y la ramificación espiritual de las causas nos llama a todos a tomar conciencia no sólo de la responsabilidad de la comunicación cristiana de bienes, sino también de la necesidad de la conversión personal y comunitaria, de la revisión de las motivaciones y estilos que rigen en nuestras instituciones.

Esta invitación a fundamentar nuestra convivencia en los valores de la comunión y participación adquiere particular relevancia y consistencia en la fiesta del Corpus Christi que estamos celebrando. La Eucaristía es sacramento de comunión, pues como dice san Pablo, cuantos comemos del mismo pan formamos un solo cuerpo. Y porque formamos un solo cuerpo en el Señor, todos estamos llamados a contribuir al bien común desde nuestras capacidades y responsabilidades, compartiendo también los bienes para que ningún hermano pase necesidad.

En una carta reciente os recomendaba austeridad y solidaridad como caminos para superar la crisis. Hoy en nombre propio y en el del Consejo presbiteral os invito a que ofrezcáis a Cáritas el 10 % de vuestra nómina de junio o aquello que podáis. Yo lo haré y también los sacerdotes se han comprometido a hacerlo.

Termino con una oración:

Señor, Jesús, cuerpo entregado y sangre derramada para la vida de los hombres. Te pedimos por cuantos sufren los efectos materiales, morales y espirituales de la crisis que estamos viviendo. Que cuantos celebramos hoy la memoria de tu vida entregada en el sacramento de la Eucaristía tengamos ojos abiertos para ver la aflicción de los que sufren, oídos atentos para escuchar su clamor y un corazón sensible para compartir en el amor sus sufrimientos y esperanzas. Amén.

+ Jesús García Burillo, Obispo de Ávila.

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