«Dos dimensiones del Corpus Christi», carta del cadenal Martínez Sistach

martinezsistachLa fiesta del Corpus Christi, tan arraigada en nuestra tradición religiosa, se ha dicho que es la fiesta de dos amores: el amor a Jesucristo, realmente presente en el sacramento de la eucaristía, y el amor a los hermanos, que son como otro Cristo. Las dos dimensiones de esta fiesta, centrada en la celebración eucarística y en la posterior procesión, no se pueden separar. En la Iglesia hay tradición, vivida intensamente desde los primeros siglos, de vincular visiblemente la celebración de la eucaristía con la caridad fraterna, insistiendo de manera particular en la unión entre la fracción del Pan –nombre antiguo de la celebración de la misa- con la comunicación cristiana de los bienes.
Por eso tiene pleno sentido unir la fiesta de Corpus con el Día de la Caridad. Jesús quiso que la ofrenda de su vida al Padre por amor a los hermanos se perpetuara sacramentalmente instituyendo la eucaristía. Por amor nos ha dado su Cuerpo y su Sangre. En la eucaristía radica “la fuente y la exigencia de la caridad fraterna”. Por eso, el Concilio Vaticano II pudo afirmar que “para que esta celebración sea auténtica y plena, ha de conducir a las diversas obras de caridad y de ayuda mutua”.
Es muy significativo lo que explica Benedicto XVI en su primera encíclica “Dios es amor”. Para ilustrar cuan esencial era para la Iglesia de los primeros siglos la caridad ejercida y organizada, recuerda la figura del emperador romano Juliano, llamado el Apóstata, porque no compartía la fe cristiana. Nombrado emperador decidió restaurar el paganismo, la antigua religión romana, pero también reformarlo, de modo que fuera realmente impulsora del imperio. En esta perspectiva -explica el Santo Pare- se inspiró mucho en el cristianismo. Estableció una jerarquía de sacerdotes que tenían que promover el amor a Dios y al prójimo. Y en una de sus cartas escribía que el único aspecto que le impresionaba del cristianismo era la actividad caritativa de la Iglesia. Y pedía a los suyos que imitaran la actividad social de los cristianos y la superaran. De esta manera, el emperador confirmaba que la caridad ha de ser una característica determinante de la comunidad cristiana, de la Iglesia.
La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: el anuncio de la Palabra de Dios (es la propuesta de la fe y el testimonio), la celebración de los sacramentos y la alabanza a Dios (que es la liturgia) y el servicio de la caridad (denominada con un término griego, diakonia, que significa servicio).
La celebración eucarística del día de Corpus tendrá también el sentido de conclusión del Plan Pastoral Diocesano 2006-2009. Será el momento de dar gracias a Dios por las tareas realizadas y los frutos visibles e invisibles de nuestro trabajo en muchas personas y para el bien de los jóvenes, de las familias y para la revitalización de la eucaristía dominical y de la adoración eucarística. Estos son los objetivos del Plan Pastoral que ahora acaba.
“Una sociedad con valores es una sociedad con futuro”, reza el lema de la actual campaña del Día de la Caridad, promovida por Cáritas. Los cristianos, conscientes de que Jesús nos enseña que el amor a Dios y el amor a los hermanos son inseparables, estamos llamados, junto con muchos otros hombres y mujeres de buena voluntad, a promover obras de solidaridad social, sobre todo en estos momentos.

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal Arzobispo de Barcelona

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