“En el corazón de los valores”, carta del obispo de Plasencia para la fiesta del Corpus Christi, Día de la Caridad

rodriguezmagro
En la última cena, horno en el que se cuece el primer Pan eucarístico, nos dice el evangelista Juan que Jesús, que se desvivía en amor por los suyos, los amó hasta el extremo (cf Jn 13,1). Todo en aquel clima pascual era amor, porque allí estaba con sus discípulos el amor de los amores; es decir, estaba el corazón de Cristo, portador del amor del Padre: “Como el Padre me amó, así os he amado yo” (Jn 15,9-11). En ese ambiente eucarístico late una profunda verdad: “Dios es amor”. Y esa verdad tienen para nosotros una maravillosa y extraordinaria consecuencia: todos vivimos de ese amor; el amor de Dios se reparte gratuita y generosamente en el corazón de los hombres. Es para todos, y su efecto es que el amado por Dios ha de vivir siempre en ese amor: “permaneced en mi amor”.
Los católicos, en efecto, sabemos del amor de Dios porque percibimos el latido cercano del corazón de Cristo. Y es en ese corazón, dejándonos amar, donde aprendemos a vivir en el amor. “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Esa experiencia de amor la hacemos en la Eucaristía. Al participar en la Eucaristía recibimos el amor de Cristo, y así nuestra vida es ya guiada por sus sentimientos de generosidad. Evidentemente ese amor eucarístico se instala en la convivencia, en las relaciones entre los hombres, y crea una cultura de amor, una civilización del amor. Es, por tanto, un modo de sentir, de vivir y, sobre todo, de ser. Y crea unos valores que están en la más profunda sintonía con su fuente; porque los valores no son de origen desconocido, todos proceden de un mismo proyecto, que está, como he dicho, en el corazón de Dios.
Aunque la caridad se muestra en conductas, esas siempre están en coherencia con los valores que las sustentan. Por eso, para este año, en el día de la caridad, el Corpus Christi, se nos invita, como ya viene siendo habitual en cáritas, a trabajar a favor del futuro, construyendo una sociedad en valores. Y, al concretar, se centran en cuatro de esos valores, que son, cada uno un precioso reflejo de la voluntad amorosa del mismo Dios sobre los seres humanos.
La comunión es un valor esencial; visto en su origen, comunión es la relación de Dios al interior de la Trinidad; o sea, amor recíproco entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pues bien, para cáritas así han de ser las relaciones entre los seres humanos, una comunión de vida. Todos hemos de reconocernos como interdependientes los unos de los otros, especialmente en la solidaridad.
La participación es igualmente esencial para cáritas. Hemos sido creados para hacer entre todos un mundo digno de su Creador y digno del hombre, imagen y semejanza de Dios. Y eso sólo es posible si la corresponsabilidad de todos se logra por el disfrute de todos de los bienes de la tierra, de todos los bienes.
La diversidad es una preciosa consecuencia del amor de Dios sobre nosotros, que nos hizo y nos quiere en la singularidad; por eso la dignidad humana sólo lo es en la medida que se reconoce y valora, y no se anula ni se discrimina lo diverso, lo singular. El amor entre los seres humanos sólo es auténtico y digno si no viola, sino que, al contrario, respeta la autonomía de lo diverso.
La gratuidad es el más hermoso reflejo de Dios en las relaciones entre los seres humanos. Damos lo que recibimos y del mismo modo que lo recibimos. Hemos de dar gratis lo que hemos recibido gratuitamente. En un mundo en el que todo tiene un precio, vivir gratuitamente es trabajar por un futuro en las relaciones humanas que rompa esa sensibilidad y recupere la original; es decir, la que procede del amor gratuito de Dios. La gratuidad es lo que le da alma a todas las acciones sociales.
A todos os invito a entrar en estos planteamientos de cáritas, abriendo nuestro corazón a esos valores. Si los manejamos bien y, sobre todo, los incorporamos a nuestra vida, las relaciones entre nosotros será más abiertas a las necesidades de nuestros hermanos. En este tiempo de crisis social y económica, nos viene muy bien recordar estos valores, porque solamente desde ellos nuestra solidaridad será más fecunda y abundante. Y solamente desde los valores la crisis encontrará su verdadera solución; pues aunque parezca que todo es económico, no es así: la crisis ha sobrevenido porque tras la economía había unos valores efímeros y radicalmente falsos.
Hagamos, pues eficaces los valores y colaboremos con cáritas. Hagamos de ella el cauce más fiable par ayudar a nuestros hermanos en estos tiempos de dificultad. Cáritas nos sitúa en el gran valor de la solidaridad.
Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia

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