Juan Pablo II, un actor con vocación de sacerdote

Cuando era joven, tuvo que superar la muerte de toda su familia; soportó la dura vida del obrero en una fábrica y estudió en la clandestinidad sin la ayuda de profesores. Así se forjó la vocación de Juan Pablo II.

Su historia comienza aquí, en Wadowice, una pequeña ciudad polaca, el 18 de mayo de 1920. Un mes después fue bautizado. Dijo que aquí nació su vocación al cristianismo y al sacerdocio.

Después de la enseñanza media, se matriculó en Filología polaca en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro.

Sin embargo, la llegada de la guerra y la ocupación nazi cambiaron sus planes.

Juan Pablo II
“Puede decirse que mi juventud estuvo marcada por un lado, por la Divina Providencia, porque muchos de mis amigos perdieron la vida en circunstancias muy diferentes, como la guerra o los campos de concentración. Es lo que se llama Shoa, que en hebreo significa exterminio de un pueblo. Todo esto pertenece a la historia de nuestro siglo. Y yo he vivido esta historia durante mi juventud. Y a través de este sufrimiento, he aprendido a ver la realidad del mundo de un modo más profundo”.

Con 19 años comenzó a trabajar en una cantera y después en la fábrica química de Solvay para ganarse la vida y evitar su deportación a Alemania. Tres años después y mientras seguía trabajando, decidió entrar en un seminario clandestino organizado por el obispo de Cracovia, el cardenal Sapieha.

Juan Pablo II
“Aquella experiencia de obrero y, al mismo tiempo, de seminarista clandestino ha marcado toda mi vida. A la fábrica me llevaba algunos libros, para leer durante mi turno de ocho horas, tanto de día como de noche. Mis compañeros obreros se sorprendían un poco, pero no se escandalizaban.
Más aún, me decían: “Te ayudaremos; puedes incluso descansar y nosotros, en tu lugar, trataremos de vigilar”. Y así pude hacer también los exámenes ante mis profesores”.

Esta formación, que le sirvió para comprender mejor el mundo, culminó con su ordenación sacerdotal, el 1 de noviembre de 1946, fiesta de todos los santos. Algunos amigos y familiares fueron los únicos testigos de esta ceremonia en la residencia del arzobispo de Cracovia.

Juan Pablo II
“Además de superar el examen, pude constatar que la metafísica, la filosofía cristiana, me daba una nueva visión del mundo, una visión más profunda de la realidad. Anteriormente había hecho sólo estudios humanísticos, de literatura, de lengua. Con la metafísica y con la filosofía encontré la clave para comprender a fondo el mundo”.

Karol Wojtyła siguió siendo el de antes, un enamorado de las letras y del teatro. La única diferencia, la que le convirtió en uno de los hombres más queridos de la historia, fue su fe. Su apuesta por Cristo, su amor a cada persona que se acercaba a él y su dedicación a los niños, los jóvenes y los despreciados.

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