Mons. Sánchez invita en su carta del próximo domingo a “orar por quienes permanentemente oran por nosotros y por todo el mundo”

sanchez_gonzalez11En este domingo, Solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia nos invita a conocer, estimar y agradecer la vida y servicio que nos prestan las personas consagradas a Dios en la vida contemplativa y a orar por quienes permanentemente oran por nosotros y por todo el mundo.
Uno de los mejores servicios que podemos recibir de las personas contemplativas es que nos ayuden a descubrir la importancia de una vida de silencio, de oración, de contemplación del misterio, de desprendimiento de nosotros mismos por la preocupación intensa, constante y prioritaria por Dios y por sus criaturas.
Las personas contemplativas nos enseñan a establecer la auténtica jerarquía de valores y el acertado orden de nuestras preocupaciones. Frente al egocentrismo y la egolatría, Dios es el primero; frente a la excesiva preocupación por las cosas, por nuestras cosas, por lo nuestro y por los nuestros, nos enseñan la lección de que “a quien a Dios tiene nada le falta”. Porque “sólo Dios basta.”
Lejos de alejarles de los que vivimos en medio del mundo, desde su visión y actitud contemplativa, estas personas ejercen y mantienen un auténtico amor a los demás, porque nos ven con los ojos de Dios, que es Padre de todos.
Sentirse en las manos de Dios Padre, en un mundo en que buscamos seguridades en el presente y para el futuro, libera de toda angustia, miedo y zozobra. Poder decir en verdad “Abba Padre” invocando al Padre de Nuestro Señor Jesucristo, por la fuerza del Espíritu, proporciona la seguridad del niño en los brazos de la madre y la certeza en la esperanza de un futuro asegurado.
No está en nuestras posibilidades, con medios meramente humanos, llegar a este estado y vivir en esta actitud de entrega confiada en las manos de Dios. San Pablo nos dice en su Carta a los Gálatas que es el Espíritu Santo el que clama en nosotros: “¡Abba! Padre”. El mismo Espíritu que nos impulsa a decir “Padre Nuestro” en la oración que el mismo Señor nos enseñó.
Las personas contemplativas, en los monasterios y conventos o en medio del mundo, son para nosotros un testimonio y un ejemplo de la presencia y de la acción del Espíritu entre nosotros. Se han dejado llevar por el Espíritu y, por lo mismo, son y se sienten hijos e hijas de Dios y viven en la actitud de los hijos confiados en el amor del padre y de la madre y pueden decir con verdad “¡Abba! Padre,” poniendo en esta oración los afectos y sentimientos que ponemos cuando decimos a quienes nos dieron y conservaron la vida: “padre” o “madre”.
Demos gracias a Dios por este don de las personas contemplativas. De las personas que la viven podremos aprender a vivir confiados en las manos de Dios, que es nuestro Padre. Con ellas y como ellas, nos convertiremos en testimonio vivo de la paternidad universal de Dios para un mundo, en el que muchas personas se empeñan en vivir en orfandad, teniendo a Dios Padre tan cerca.

Os saluda y bendice vuestro Obispo

+José Sánchez González
Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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