“Renovemos nuestra devoción al Corazón de Cristo”, carta pastoral del arzobispo de Pamplona

franciscoperezAnte la proximidad del mes de junio, que está tradicionalmente dedicado al Corazón de Cristo, y como preparación al acto de Consagración que el próximo 21 de junio haremos los Obispos españoles, quiero ofreceros algunas reflexiones y comienzo haciendo mías las palabras que el año pasado nos dirigía a todos el Papa Benedicto XVI:
«Os invito a cada uno de vosotros a renovar en el mes de junio su propia devoción al Corazón de Cristo… símbolo de la fe cristiana, particularmente amado tanto por el pueblo como por los místicos y los teólogos, pues expresa de una manera sencilla y auténtica la “buena noticia” del amor, resumiendo en sí el misterio de la encarnación y de la Redención… Dios ha querido entrar en los límites de la historia y de la condición humana, ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el Misterio invisible e inefable en el Corazón humano de Jesús, el Nazareno».
Jesucristo, el Hijo de Dios, quiso hacerse hombre y amar con corazón de hombre, en ese Corazón de Cristo está resumido el Misterio del Amor de Dios, del que el hombre de hoy está tan necesitado. Jesús hoy como hace dos mil años nos dice: «Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré… aprended de mi que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera». (Mt 11, 25 30). Él ha querido usar la imagen del corazón para expresar lo mucho que nos quiere. Todavía hoy este es el símbolo que se utiliza para expresar el amor, se sigue encontrando en árboles de nuestra Navarra: grabados a navaja un corazón atravesado por una flecha y con dos nombres. Jesucristo ha querido usar este mismo signo. Un corazón no grabado, sino de carne; en un árbol, el de la Cruz y traspasado, no por una flecha sino por una lanza. Y con un nombre, el tuyo, pues todos podemos decir con san Pablo: «Me amó y se entregó por mi» (Gal 2,20). Con esto el Señor nos dice que nos quiere y nos ama.
En los umbrales de los tiempos modernos, a finales del S. XVII, cuando el amor al Señor se enfría o se hace tibio, el Señor se aparece a Santa Margarita María de Alacoque, le muestra su Corazón y le dice: «He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada se ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor». Éste es el deseo del Señor, que nos percatemos de lo que nos quiere; y muchas veces no sucede así. En este sentido, Beata Madre Teresa de Calcuta decía en su testamento espiritual:
«Jesús quiere que os diga aún cuánto amor siente por cada uno de vosotros, más allá de todo lo que os podáis imaginar. Me inquieta el que algunos de vosotros no hayáis aún encontrado a Jesús cara a cara: vosotros y Jesús a solas. Ciertamente podemos pasar un tiempo en la capilla, ¿pero percibirlo en vosotros –con los ojos del alma- con qué amor él os mira? ¿En vosotros conocer verdaderamente al Jesús vivo, no desde los libros, sino por haberle dado hospedaje en vuestro corazón? ¿Habéis entendido sus palabras de amor? Pedid la gracia: él tiene el deseo ardiente de ofrecérosla. … Cómo podremos pasar nosotros un solo día sin escuchar decir a Jesús “yo te amo”… ¡Es imposible! Nuestra alma necesita esto, igual que nuestro cuerpo necesita respirar… El diablo intentará servirse de heridas de la vida, incluso de vuestras propias faltas, para persuadiros de que no es posible que Jesús os ame realmente. Atención: éste es un peligro para todos nosotros. Pero lo más triste es que eso es completamente contrario a lo que Jesús quiere y espera deciros. No solo que Él os ama, sino más: que Él os desea ardientemente. Vosotros le faltáis cuando no os acercáis a Él. Tiene sed de vosotros. Os ama permanentemente, incluso cuando vosotros no os sentís dignos de ello… Jesús os ama. Creed simplemente que vosotros sois preciosos para Él. Poned vuestros sufrimientos a sus pies y solamente abrid vuestro corazón para que Él os ame tal cual sois. Y Él hará el resto».

+ Mons. Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental.Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense.El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión.CARGOS PASTORALESDesde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad.El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017.Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).