Benedicto XVI reitera que la Iglesia combate la propagación del SIDA con fidelidad y abstinencia

papainmaEl Papa Benedicto XVI destacó la aportación de la Iglesia a la lucha contra el SIDA en África y reiteró el serio compromiso católico contra la pandemia, a través de campañas que favorecen la fidelidad dentro del matrimonio y la abstinencia.
En el discurso que el Papa entregó ayer al nuevo embajador de Sudáfrica en la Santa Sede, George Johannes, el Pontífice expresó su deseo de que en la “actual lucha contra la pobreza y la corrupción prevalezcan la valentía y la sabiduría que mostró el pueblo sudafricano al afrontar las injusticias pasadas”
Asimismo, aseguró que la Iglesia “está participando seriamente en la campaña contra su difusión, haciendo hincapié en la fidelidad dentro del matrimonio y en la abstinencia fuera de él. Además, la Iglesia ofrece mucha asistencia desde el punto de vista práctico a los que sufren este flagelo en el continente y en todo el mundo”.
“Aliento a los individuos e instituciones de su país a seguir apoyando tanto en la nación como en la región a todos los que buscan aliviar el sufrimiento humano a través dela investigación, asistencia práctica y apoyo espiritual”, indicó.

Otros embajadores

Además del nuevo embajador de Sudáfrica cerca de la Santa Sede, también otros embajadores presentaron sus cartas credenciales al Pontífice.: Danzannorov Boldbaatar (Mongolia); Chitra Narayanan (India); Charles Borromée Todjinou (Benin); Robert Carey Moore-Jones (Nueva Zelanda); Beyon Luc Adolphe Tiao (Burkina Faso); Neville Melvin Gertze (Namibia) y Rolf Trolle Andersen (Noruega). El Santo Padre les dirigió un discurso común y más tarde entregó a cada uno de ellos uno específico para el propio país.
El Santo Padre aseguró en primer lugar a los diplomáticos que las comunidades católicas presentes en sus naciones “desean colaborar fraternalmente en la edificación nacional aportando de la mejor manera su contribución fundada en el Evangelio”.
“El compromiso al servicio de la paz y la consolidación de las relaciones fraternales entre las naciones constituye el centro de vuestra misión diplomática”, dijo el Papa. “Hoy, en medio de la crisis social y económica mundial es necesario tomar de nuevo conciencia de que hay que luchar (…) para establecer una paz auténtica de cara a la construcción de un mundo más justo y próspero. (…) Las injusticias, a menudo tan patentes, entre las naciones o dentro de las mismas, al igual que todos los procesos que contribuyen a suscitar divisiones entre los pueblos o a marginarlos, representan atentados a la paz y crean graves riesgos de conflictos”.
La paz, subrayó el pontífice, “no puede construirse sino tratando firmemente de eliminar la desigualdad engendrada por sistemas injustos para garantizar a todos un nivel de vida que permita una existencia digna y próspera. Esas desigualdades se han hecho todavía más evidentes a causa de la crisis financiera y económica actual que repercute en diversas formas en los países de escaso rédito”. El Papa mencionó entre ellas “el reflujo de las inversiones extranjeras, la caída de la demanda de materias primas y la tendencia a disminuir la ayuda internacional”, unido a “la regresión en las remesas de los emigrantes, víctimas de la recesión que también afecta a los países que los acogen”.
“Esta crisis -advirtió- puede transformarse en una catástrofe para los habitantes de los países más débiles”. Asimismo, la crisis económica tiene otro efecto porque “la desesperación que provoca lleva a algunas personas a la búsqueda angustiosa de una solución que les permita sobrevivir diariamente. A menudo esta búsqueda se acompaña desgraciadamente de actos de violencia, individuales o colectivos, que pueden desembocar en conflictos internos, llegando a desestabilizar todavía más a las sociedades ya debilitadas”.
Benedicto XVI recordó que algunos países, para afrontar la crisis, “en lugar de disminuir su ayuda a los países más indefensos, se han propuesto aumentarla. Convendría que otros países desarrollados siguieran su ejemplo para que los países necesitados puedan sostener su economía y consolidar las medidas sociales destinadas a proteger a las poblaciones más necesitadas”. El Papa lanzó un llamamiento “en favor de una mayor fraternidad y solidaridad y de una generosidad global real, que requiere que los países desarrollados reencuentren el sentido de la medida y de la sobriedad en la economía y en el modo de vivir”.
“No podéis ignorar -dijo el Papa a los embajadores- las nuevas formas de violencia que se han manifestado en estos últimos años y que se apoyan, por desgracia, en el Nombre de Dios para justificar actos peligrosos. (…) Esa conducta ha llevado a veces a considerar las religiones como una amenaza para las sociedades. Se las ataca y desacredita, sosteniendo que no son factores de paz. Los responsables religiosos tienen el deber de acompañar a los creyentes y de iluminarlos para que progresen en santidad e interpretan las palabras divinas a la luz de la verdad”.
“Es necesario favorecer el resurgir de un mundo donde las religiones y las sociedades se abran unas a otras, gracias a la apertura que practican en su seno y entre ellas. Así se dará un testimonio auténtico de vida. Así se creará un espacio que favorecerá un diálogo positivo y necesario. Ofreciendo al mundo su propia aportación, la Iglesia católica quiere testimoniar una visión positiva del porvenir de la humanidad”, concluyo el Santo Padre.
En el discurso que entregó al embajador de India, el Papa manifiesta su “profunda preocupación por los cristianos que han sufrido episodios de violencia en algunas zonas dentro del país”, y hace un llamamiento “para que todos respeten la dignidad humana, rechazando el odio y renunciando a la violencia en todas sus formas”.

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