El Papa visita la Abadía de Montecasino y hace un llamamiento para aliviar el sufrimiento de las víctimas de la crisis y el desempleo

papamonteca2(RV). “Hermanos y hermanas en el gozoso clima pascual, en el día solemne de la Ascensión al cielo del Señor, invoquemos la poderosa intercesión de San Benito para que vigile siempre sobre esta Iglesia diocesana y sobre todo el continente europeo”. En el 65 aniversario de la destrucción y reconstrucción de la Abadía de Montecasino y de la ciudad de Casino (Italia), el Papa ha pedido que “imploremos a Dios, Padre de Misericordia, para que conceda benigno el don de la paz a la humanidad entera y alivie a cuantos sufren aún bajo el peso de la violencia y de la guerra”.
Benedicto XVI ha introducido con estas palabras la Santa Misa que ha presidido ayer en la plaza -que a partir de hoy lleva su nombre- en este histórico lugar benedictino y en la que se habían reunido cerca de 20 mil fieles. En su densísima homilía, el Papa ha hecho hincapié en la solemnidad de la Ascensión – que, en primer lugar, significa el aposentamiento de Cristo en la realeza de Dios sobre el mundo, y, con el Señor, toda la familia humana:
“En Cristo ascendido al cielo, el ser humano ha entrado de forma inaudita y nueva en la intimidad de Dios”, ha subrayado el Pontífice señalando que el “cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más intrépido y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y por siempre a la humanidad, Aquél en el que Dios y hombre están para siempre inseparablemente unidos. Y nosotros nos acercamos al cielo, es más, entramos en el cielo, en la medida en que nos acercamos a Jesús y entramos en comunión con Él. Por lo tanto, la actual solemnidad de la Ascensión nos invita a una comunión profunda con Jesús muerto y resucitado, invisiblemente presente en la vida de cada uno de nosotros”.
Reiterando la constante presencia del Señor que acompaña a la Iglesia y al Pueblo de Dios hasta el fin del mundo – por lo que Jesús no está ausente – Benedicto XVI ha evocado la Regla benedictina, que recomienda no anteponer nada a Cristo. Sin que ello signifique alejarse del “compromiso de construir una sociedad en la que la solidaridad sea expresada con signos concretos”: “La espiritualidad benedictina, que bien conocéis, propone un programa evangélico sintetizado en el lema: ora et labora et lege. Oración, trabajo y cultura”.
papamontec1En primer lugar, el Papa ha reflexionado sobre la oración la herencia más bella que san Benito dejó a sus monjes: “sendero silencioso que conduce directamente al corazón de Dios. Y respiro del alma que nos devuelve la paz en las tempestades de la vida”. Asimismo el Santo Padre ha alentado a cultivar la escucha atenta de la Palabra divina, para poder ser “profetas de verdad y de amor, en un compromiso coral de evangelización y promoción humana”.
En particular, en lo que se refiere al trabajo, Benedicto XVI ha destacado una vez más la importancia de humanizar el mundo laboral, característica típica del alma del monaquismo. En este contexto, el Papa, que conoce bien la situación crítica de tantos trabajadores, ha expresado su cercanía que ha sido acogida con un gran aplauso: “Expreso mi solidaridad a cuantos viven una preocupante situación de precariedad”.
Además de manifestar su solidaridad a los que sufren con reducciones de sueldo o llegan a ser despedidos, el Papa ha deseado que “la herida del desempleo impulse a los responsables de la cosa pública, a los empresarios y cuantos tienen posibilidades, a buscar –con la contribución de todos, soluciones válidas para resolver la crisis de desempleo, creando nuevos puestos de trabajo y salvaguardando así también a la familia”.
A este propósito, el Papa se ha preguntado: ¿cómo no recordar que la familia tiene hoy urgente necesidad de ser tutelada mejor, porque está fuertemente insidiada en las raíces mismas de su institución?. “Pienso en los jóvenes –ha dicho- que fatigan para encontrar una actividad laboral que les permita construir una familia. A ellos quiero decir: ¡no se desanimen, queridos amigos, la Iglesia no os abandona!”.
Luego, destacando la importancia también de la cultura y de la educación en la tradición benedictina, con el anhelo y compromiso de innumerables hombres y mujeres que han meditado e investigado para mejorar la vida espiritual y material del hombre, Benedicto XVI ha recordado que en la Abadía de Montecassino se percibe claramente que la cultura europea ha sido la búsqueda de Dios y la disponibilidad de escucharle, necesidad que sigue siendo actual también en este tiempo nuestro.
“Sé también –ha señalado el Papa- que en preparación de esta visita mía, habéis celebrado un encuentro sobre el tema de la educación para solicitar en todos la viva determinación para transmitir a los jóvenes los valores irrenunciables de nuestro patrimonio humano y cristiano. En el actual esfuerzo cultural tendiente a crear un nuevo humanismo, fiel a la tradición benedictina ustedes intentan justamente subrayar también la atención al hombre frágil, débil, a las personas discapacitadas y a los inmigrantes”.
El Santo Padre ha agradecido que se le haya dado la oportunidad de inaugurar hoy la “Casa de la Caridad”, donde se construye con hechos una cultura atenta a la vida». Benedicto XVI ha sellado su homilía con una intensa exhortación: “¡Queridos hermanos y hermanas! No es difícil percibir que vuestra comunidad, esta porción de la Iglesia que vive alrededor de Montecassino, es heredera y depositaria de la misión, impregnada del espíritu de san Benito, de proclamar que en nuestra vida nadie ni nada deben quitarle a Jesús el primer lugar; la misión de construir, en el nombre de Cristo, una nueva humanidad con la insignia de la acogida y de la ayuda a los más débiles. Os ayude y acompañe vuestro santo Patriarca, con santa Escolástica su hermana; os protejan los santos Patronos y sobre todo María, Madre de la Iglesia y Estrella de nuestra esperanza. Amén”.

Regina Coeli: El Papa recuerda a las víctimas de la II Guerra Mundial

En su visita pastoral a la diócesis italiana de Casino y a la Abadía de Montecassino, Benedicto XVI ha evocado durante el Regina Coeli, la necesidad de la humanidad de “saborear” el don de la paz. El Pontífice ha puesto como ejemplo a san Benito, quien con su ejemplo hizo fructificar las obras de paz, de hecho, a la entrada de la Abadía de Montecassino, aparece –como en la entrada de todos los monasterios benedictinos- la palabra “PAX”, porque la comunidad monástica está llamada a vivir según esta paz.
“Como sabéis –ha narrado el Papa- en mi reciente viaje a Tierra Santa me hice peregrino de paz, y hoy –en esta tierra marcada por el carisma benedictino- se me ha dado la oportunidad de subrayar, una vez más, que la paz es, en primer lugar, un don de Dios, y por lo tanto, su fuerza está en la oración”.
Esta fuerza que se extrae de la oración es la que enseñan los monasterios, recordando que “un gran crecimiento de civilización se prepara en la cotidiana escucha de la palabra de Dios, que empuja a los creyentes a un esfuerzo personal y comunitario de lucha contra toda forma de egoísmo y de injusticia”.
Tras el rezo mariano del Regina Coeli, y el responso por los fieles difuntos, Benedicto XVI ha saludado como es tradicional en varios idiomas, recordando en inglés, alemán y polaco, a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, y pidiendo la oración por “el fin de las guerras que continúan afligiendo a nuestro mundo”. De hecho esta tarde el Papa visita el cementerio polaco, para rendir homenaje, como él mismo ha dicho, “a la memoria de todos los militares de diferentes nacionalidades que dieron su valeroso testimonio y que perdieron aquí su vida”.
El Pontífice ha recordado en especial la figura del fundador de la Congregación de los Misioneros de Marianhill, el Abad Franz Pfanner, de quien se conmemora el centenario de su muerte. “Comencemos la semana –ha invitado el Papa- con las palabras de este monje: Deja arder la luz de la alegría y la felicidad y protégela en tu alma”.
Y en español, éstas han sido las palabras que Benedicto XVI ha dirigido a todos los peregrinos: “Queridos hermanos y hermanas, en esta solemnidad de la Ascensión del Señor, que hoy se celebra en muchos lugares, os invito a pedir constantemente por la Iglesia, para que, exultante de gozo por la resurrección de Cristo y con la fuerza del Espíritu Santo, continúe anunciando con fidelidad el Evangelio de la salvación y dando testimonio de la caridad con la palabra y las obras. Feliz domingo”.
Por último Benedicto XVI ha recordado la celebración este domingo, de la Jornada de las Comunicaciones Sociales, y la Jornada de Oración por la Iglesia en China. El Papa ha exhortado a toda la comunidad católica china a renovar en esta conmemoración, su comunión con Cristo, y su fidelidad al Sucesor de Pedro. “Que nuestra común oración –ha dicho el Papa- obtenga una efusión de dones del Espíritu Santo, para que la unidad entre todos los cristianos, la catolicidad y la universalidad de la Iglesia sean cada vez más profundas y visibles”.

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