Mensaje del Papa Benedicto XVI para la 43ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que hoy celebra la Iglesia

carteljornadamcs20092“Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, de diálogo y de amistad”
Queridos hermanos y hermanas:
Ante la proximidad de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, me es grato dirigirme a vosotros para exponeros algunas de mis reflexiones sobre el tema elegido este año: Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, diálogo y amistad. En efecto, las nuevas tecnologías digitales están provocando hondas transformaciones en los modelos de comunicación y en las relaciones humanas. Estos cambios resaltan aún más entre los jóvenes que han crecido en estrecho contacto con estas nuevas técnicas de comunicación y que, por tanto, se sienten a gusto en el mundo digital, que resulta sin embargo menos familiar a muchos de nosotros, adultos, que hemos debido empezar a entenderlo y apreciar las oportunidades que ofrece para la comunicación. En el mensaje de este año, pienso particularmente en quienes forman parte de la llamada generación digital. Quisiera compartir con ellos algunas ideas sobre el extraordinario potencial de las nuevas tecnologías, cuando se usan para favorecer la comprensión y la solidaridad humana. Estas tecnologías son un verdadero don para la humanidad y por ello debemos hacer que sus ventajas se pongan al servicio de todos los seres humanos y de todas las comunidades, sobre todo de los más necesitados y vulnerables.
El fácil acceso a teléfonos móviles y computadoras, unido a la dimensión global y a la presencia capilar de Internet, han multiplicado los medios para enviar instantáneamente palabras e imágenes a grandes distancias y hasta los lugares más remotos del mundo. Esta posibilidad era impensable para las precedentes generaciones. Los jóvenes especialmente se han dado cuenta del enorme potencial de los nuevos medios para facilitar la conexión, la comunicación y la comprensión entre las personas y las comunidades, y los utilizan para estar en contacto con sus amigos, para encontrar nuevas amistades, para crear comunidades y redes, para buscar información y noticias, para compartir sus ideas y opiniones. De esta nueva cultura de comunicación se derivan muchos beneficios: las familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso más fácil e inmediato a documentos, fuentes y descubrimientos científicos, y pueden así trabajar en equipo desde diversos lugares; además, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social.
Aunque nos asombra la velocidad con que han evolucionado las nuevas tecnologías en cuanto a su fiabilidad y eficiencia, no debería sorprendernos su popularidad entre los usuarios, pues esta responde al deseo fundamental de las personas de entrar en relación unas con otras. Este anhelo de comunicación y amistad tiene su raíz en nuestra propia naturaleza humana y no puede comprenderse adecuadamente solo como una respuesta alas innovaciones tecnológicas. A la luz del mensaje bíblico, ha de entenderse como reflejo
de nuestra participación en el amor comunicativo y unificador de Dios, que quiere hacer de toda la humanidad una sola familia. Cuando sentimos la necesidad de acercarnos a otras personas, cuando deseamos conocerlas mejor y darnos a conocer, estamos respondiendo a la llamada divina, una llamada que está grabada en nuestra naturaleza de seres creados a imagen y semejanza de Dios, el Dios de la comunicación y de la comunión.
El deseo de estar en contacto y el instinto de comunicación, que parecen darse por descontados en la cultura contemporánea, son en el fondo manifestaciones modernas de la tendencia fundamental y constante del ser humano a ir más allá de sí mismo para entrar en relación con los demás. En realidad, cuando nos abrimos a los demás, realizamos una de nuestras más profundas aspiraciones y nos hacemos más plenamente humanos. En efecto, amar es aquello para lo que hemos sido concebidos por el Creador. Naturalmente, no hablo de relaciones pasajeras y superficiales; hablo del verdadero amor, que es el
centro de la enseñanza moral de Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”, y “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (cf. Mc 12, 30-31). Con esta luz, al reflexionar sobre el significado de las nuevas tecnologías, es importante considerar no solo su indudable capacidad de favorecer el contacto entre las personas, sino también la calidad de los contenidos que se deben poner en circulación. Deseo animar a todas las personas de buena voluntad, y que trabajan en el mundo emergente de la comunicación digital, para que se comprometan a promover una
cultura de respeto, diálogo y amistad.
Por lo tanto, quienes se ocupan del sector de la producción y difusión de contenidos de los nuevos medios han de comprometerse a respetar la dignidad y el valor de la persona humana. Si las nuevas tecnologías deben servir para el bien de los individuos y de la sociedad, quienes las usan deben evitar compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, y excluir por tanto lo que alimenta el odio y la intolerancia, envilece la belleza y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los débiles e indefensos.
Las nuevas tecnologías han abierto también caminos para el diálogo entre personas de diversos países, culturas y religiones. El nuevo espacio digital, llamado ciberespacio, permite encontrarse y conocer los valores y tradiciones de otros. Sin embargo, para que esos encuentros den fruto, se requieren formas honestas y correctas de expresión, además de una escucha atenta y respetuosa. El diálogo debe estar basado en una búsqueda sincera y recíproca de la verdad, para potenciar el desarrollo en la comprensión y la tolerancia. La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias; es más bien la búsqueda de la
verdad, del bien, de la belleza. A dichos fines se encaminan nuestras decisiones y el ejercicio de nuestra libertad, y en ellos –la verdad, el bien y la belleza– encontramos felicidad y alegría. No hay que dejarse engañar por quienes tan solo van en busca de consumidores en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección misma se presenta como el bien, la novedad se confunde con la belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad.
El concepto de amistad ha tenido un nuevo auge en el vocabulario de las redes sociales
digitales que han surgido en los últimos años. Este concepto es una de las más nobles
conquistas de la cultura humana. En nuestras amistades, y a través de ellas, crecemos y
nos desarrollamos como seres humanos. Precisamente por eso, siempre se ha considerado
la verdadera amistad como una de las riquezas más grandes que puede tener el ser
humano. Por tanto, se ha de tener cuidado de no banalizar el concepto y la experiencia
de la amistad. Sería una pena que nuestro deseo de establecer y desarrollar las amistades
on line fuera en deterioro de nuestra disponibilidad para la familia, los vecinos y quienes
encontramos en nuestra realidad cotidiana, en el lugar de trabajo, en la escuela o en el
tiempo libre. En efecto, cuando el deseo de conexión virtual se convierte en obsesivo, la
consecuencia es que la persona se aísla, interrumpiendo su interacción social real. Esto
termina por alterar también los ritmos de reposo, de silencio y de reflexión necesarios
para un sano desarrollo humano.
La amistad es un gran bien para las personas, pero se vaciaría de sentido si fuese
considerado como un fin en sí mismo. Los amigos deben sostenerse y animarse mutuamente
para desarrollar sus capacidades y talentos, y para poner estos al servicio de la comunidad
MENSAJE DEL SANTO PADRE
humana. En este contexto es alentador ver surgir nuevas redes digitales que tratan de
promover la solidaridad humana, la paz y la justicia, los derechos humanos, el respeto por
la vida y el bien de la creación. Estas redes pueden facilitar formas de cooperación entre
pueblos de diversos contextos geográficos y culturales, permitiéndoles profundizar en la
humanidad común y en el sentido de corresponsabilidad para el bien de todos. Pero se
ha de procurar que el mundo digital en el que se crean esas redes sea realmente accesible
a todos. Sería un grave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos
de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y
eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente marginados, o
si contribuyeran tan solo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas
redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana.
Quisiera concluir este mensaje dirigiéndome de manera especial a los jóvenes
católicos, para exhortarlos a llevar al mundo digital el testimonio de su fe. Amigos,
sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo
e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida. En los primeros tiempos
de la Iglesia, los apóstoles y sus discípulos llevaron la Buena Noticia de Jesús al mundo
grecorromano. Así como entonces la evangelización, para dar fruto, tuvo necesidad de
una atenta comprensión de la cultura y de las costumbres de aquellos pueblos paganos,
con el fin de tocar su mente y su corazón, así también ahora el anuncio de Cristo en
el mundo de las nuevas tecnologías requiere conocer estas en profundidad para usarlas
después de manera adecuada. A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os sentís en
sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular
la tarea de evangelizar este “continente digital”. Haceos cargo con entusiasmo del anuncio
del Evangelio a vuestros coetáneos. Vosotros conocéis sus temores y sus esperanzas, sus
entusiasmos y sus desilusiones. El don más valioso que les podéis ofrecer es compartir
con ellos la “buena noticia” de un Dios que se hizo hombre, padeció, murió y resucitó
para salvar a la humanidad. El corazón humano anhela un mundo en el que reine el
amor, donde los bienes sean compartidos, donde se edifique la unidad, donde la libertad
encuentre su propio sentido en la verdad y donde la identidad de cada uno se logre en una
comunión respetuosa. La fe puede dar respuesta a estas aspiraciones: ¡Sed sus mensajeros!
El Papa está junto a vosotros con su oración y con su bendición.
Vaticano, 24 de enero 2009, Fiesta de San Francisco de Sales.
BENEDICTO PP. XVI

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