Carta Pastoral en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Mons. Julián del Barrio

mons-barrioQueridos diocesanos:
La Iglesia celebra el próximo 24 de mayo, Solemnidad de la Ascensión del Señor, la 43ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Es una llamada a reflexionar sobre la importancia de los Medios de comunicación en nuestra sociedad actual y a fomentar la formación de la opinión pública en el uso y desarrollo de los mismos. Agradezco a los profesionales de los Medios el servicio que están ofreciendo al libre y democrático ejercicio de la vida ciudadana, una vida cuyo sentido no puede entenderse plenamente al margen de Dios y de la dimensión trascendente de la persona humana. La propia Iglesia siente la necesidad de informar adecuadamente reflejando la pluriforme riqueza humana y espiritual de la comunidad cristiana. Mi gratitud y reconocimiento a cuantos hacen posible que los Medios encuentren un adecuado lugar en la Iglesia, trabajando directamente en el campo de la información religiosa en prensa, radio, televisión e Internet, o en la Pastoral de las Comunicaciones Sociales. La “era digital” Este año el papa Benedicto XVI enmarca esta Jornada Mundial en este cuadro: “Nuevas Tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, de diálogo y de amistad”. Sin duda la era digital, en la que tan a gusto se encuentra sobre todo la generación joven, nos ofrece unas grandes posibilidades para favorecer la comprensión y la solidaridad en la humanidad. Podemos asegurar que la dimensión relacional característica de la persona, se ha visto potenciada de manera sorprendente en esta época. Como nos dice el Papa Benedicto XVI en su mensaje, “las familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de los otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso más fácil e inmediato a documentos, fuentes, descubrimientos científicos, y pueden así trabajar en equipo desde diversos lugares; además, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social”. La persona necesita comunicarse y manifestarse en amistad. La auténtica relación y comunicación han de contribuir a realizar una sociedad más humana y humanizadora, necesidad esta tanto más urgente cuanto más se percibe el proceso de despersonalización que está padeciendo el hombre de nuestros días, cuya dignidad ha de ser no sólo respetada sino también potenciada ante los intentos de lo que algunos han llamado “abolición del hombre”. Es urgente que estas nuevas tecnologías reflejen la belleza, la verdad y la bondad, evitando todo aquello que degrada la condición de la persona humana. Claves en la comunicación
Para interpretar la partitura de esta apasionante sinfonía de la comunicación en la que no debieran tener cabida notas disonantes en relación con condición de la persona, nos servirán las claves del respeto, del diálogo y de la amistad. La “virtualidad” no debe llevar a eludir la “realidad”. La comunicación “virtual” se ha de plasmar en el contexto de la realidad de la existencia cotidiana para que nuestra libertad no se vea desvirtuada esclavitud que a veces pueden generar también estas nuevas formas de comunicación. Sería contradictorio que un medio de comunicación nos encerrara en nosotros mismos. Y en este sentido, un uso no racional del mismo nos lleva a correr este riesgo. Por otra parte, en este proceso no sería justo que nos viéramos avocados a una nueva sociedad de clases definida por los que tienen posibilidades de acceder a estas técnicas y por los que no cuentan con esas posibilidades. Estos serían la nueva clase de pobres en “esta era digital”. Por eso, es preciso dejar claro que la información no debe ser entendida como poder sino como servicio. Acogida de las nuevas tecnologías en la diócesis Para mí es motivo de satisfacción comprobar cómo los diocesanos van asumiendo estas nuevas formas de comunicación y las están empleando al servicio de la evangelización y de la pastoral diocesana. Queda todavía camino por recorrer pero sabemos que es posible. En todo tiempo el cristianismo ha tenido muy presente la cultura de los distintos momentos de la historia para transmitir el don de la fe. Hoy el reto es evangelizar como nos dice el Papa, este “continente digital”. Una sociedad mejor es posible y con este objetivo hemos de utilizar los avances tecnológicos de la comunicación que configuran la relación entre las personas, creando una nueva generación de usuarios. La diócesis ha de tener una presencia significativa en este ámbito, no olvidando las exigencias comunitarias de la vida cristiana y las características propias de nuestra fe. Acojamos con entusiasmo estas posibilidades. Exhortación final Os animo a todos los profesionales de la comunicación a trabajar por un rearme ético y moral en nuestra convivencia, pues no se puede ignorar que la labor de los comunicadores tiene un cierto sentido “sagrado”. Una auténtica comunicación humana sólo es posible mediante el diálogo y el intercambio de conocimientos, a fin de construir entre todos una sociedad más justa y solidaria, como advertía Juan pablo II en su Carta Apostólica El rápido desarrollo. La búsqueda de la verdad no es fácil: “conocerla y admirarla no basta, hay que ser fiel a ella para ser fiel a la propia identidad”. Nadie puede escudarse en lo que suele llamarse la imposible objetividad. La relación con la verdad es una cuestión ética fundamental cuando la comunicación se enfrenta a desafíos no imaginados por la comercialización de la industria de la noticia. No se puede confundir la comunicación auténtica con el ejercicio de la propaganda. Sólo la experiencia de la verdad hará posible distinguir la una de la otra. En este horizonte es preciso redescubrir de nuevo la belleza de los principios y fundamentos de esta labor de las Comunicaciones sociales en el servicio a la verdad que nos hace libres.
Os saluda con todo afecto,
+Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela

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