Benedicto XVI se despide de Tierra Santa con un ferviente llamamiento a la pazpara Israel y Palestina

despedida_del_papa_200_200(RV). Benedicto XVI en su discurso de despedida llamó a israelíes y palestinos a romper el círculo de la violencia y construir puentes de paz, abogó por el reconocimiento de dos Estados, advirtió que el Holocausto no debe ser jamás olvidado o negado y pidió a los líderes religiosos a hacer fructificar un diálogo ecuménico e interreligioso por una mayor comprensión y respeto mutuo.
En la ceremonia de despedida realizada en el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv, ante un nutrido grupo de autoridades civiles y personalidades religiosas, el Papa se dirigió al presidente de Israel, Shimon Peres, con palabras de agradecimiento por la hospitalidad y el calor que recibió en su visita. “He venido a visitar este país como amigo de los israelíes y como amigo del pueblo palestino” afirmó el Pontífice manifestando que precisamente como amigo ha sido inevitable su aflicción por la continua tensión, su tristeza por los sufrimientos y las pérdidas de vidas humanas de ambos pueblos en los últimos seis decenios. Por ello su fuerte llamamiento por la paz.

“¡No más derramamiento de sangre! ¡No más conflicto! ¡No más terrorismo! ¡No más guerra! Rompamos el círculo vicioso de la violencia. Que pueda establecerse una paz duradera basada en la justicia, que haya una verdadera reconciliación y curación. Que sea universalmente reconocido que el Estado de Israel tiene derecho a existir y a gozar de paz y seguridad en el interior de sus fronteras internacionalmente reconocidas. Que sea igualmente reconocido que el pueblo palestino tiene el derecho a una patria independiente, soberana, a vivir con dignidad y viajar libremente.

Y más concretamente, el Santo Padre pidió que la solución de dos Estados se haga realidad y que no se quede como un sueño. El Papa pidió que la paz pueda difundirse por estas tierras, que puedan ser “luz para las naciones”, dando esperanzas a muchas otras regiones que son golpeadas por conflictos.

Benedicto XVI recordó su visita al Memorial del Holocausto en Yah Vashem como uno de los momentos más solemnes de su permanencia en Israel, pues pudo mantener un conmovedor encuentro con algunos de los supervivientes, que le hicieron recordar su visita, hace tres años al campo de la muerte de Auschwitz donde tanto judíos fueron “brutalmente exterminados bajo un régimen sin Dios que propagaba una ideología de antisemitismo y de odio”.

“Ese espantoso capitulo de la historia no debe ser jamás olvidado o negado. Al contrario, esas oscuras memorias deben reforzar nuestra determinación para acercarnos cada vez más los unos a los otros como ramas del mismo olivo, nutridos por las mismas raíces y unidos por el amor fraterno”.

El tema de las relaciones entre cristianos y judíos fue tocado por el Pontífice inspirándose precisamente en el árbol de olivo, símbolo para ambas religiones, que junto al presidente plantó a su llegada a Israel. “Nos nutrimos de las mismas raíces espirituales” dijo el Papa reconociendo que a pesar de que en algunos momentos de la historia común ha habido una relación tensa, ahora nos encontramos “firmemente comprometidos en la construcción de puentes de duradera amistad”.

En su discurso, Benedicto XVI manifestó su alegría por haber podido reunirse con los jefes de la Iglesia Católica en Tierra Santa agradeciendo el trabajo que realizan para asistir a la grey del Señor. Igualmente, se refirió a los encuentros con los responsables de las distintas iglesias cristianas y comunidades eclesiales de la región invitando a un dialogo cada vez más fructífero.

“Esta tierra es verdaderamente un terreno fértil para el ecumenismo y el diálogo interreligioso y rezo para que la rica variedad de los testimonios religiosos en la región pueda traer frutos en una creciente comprensión recíproca y en el respeto mutuo”.

El Santo Padre al abrir su discurso habló de las fuertes impresiones que le ha dejado esta peregrinación a Tierra Santa, en la que pudo constatar -en sus reuniones con las autoridades civiles, tanto en Israel como en los territorios Palestinos-, los grandes esfuerzos que ambos gobiernos realizan para asegurar el bienestar de las personas. Y sin embargo, Benedicto XVI concluyó su discurso con lo que calificó la más triste de las visiones: el muro.

“Una de las visiones más tristes para mí durante mi visita a estas tierras ha sido el muro. Mientras lo costeaba, he rezado por un futuro en el que los pueblos de la Tierra Santa puedan vivir juntos en paz y armonía sin necesidad de semejantes instrumentos de seguridad y separación, sino respetándose y confiando el uno en el otro, en la renuncia de toda forma de violencia y de agresión”.

Benedicto XVI reconociendo cuán difícil puede ser esta tarea para las autoridades israelíes y palestinas, aseguró sus oraciones y las de todos los católicos del mundo, en el esfuerzo para construir una paz justa y duradera en la región.

Crónica de la mañana

Benedicto XVI ya se despidió de Tierra Santa. Y lo hizo en el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv, ante las autoridades del Estado de Israel -encabezados por el presidente, Simón Peres, y por el primer ministro Benjamin Netanyahu- con quienes quiso compartir algunas de las fuertes impresiones que le ha dejado su peregrinación a Tierra Santa: fructuosas conversaciones con las autoridades civiles, tanto en Israel, como en los Territorios Palestinos, que le permitieron constatar los grandes esfuerzos que ambos gobiernos están haciendo para asegurar el bienestar de las personas.

El Papa definió esta tierra como un verdadero terreno fértil para el ecumenismo y el diálogo interreligioso, y dijo que reza para que la rica variedad del testimonio religioso en la región fructifique en una recíproca comprensión creciente y en el respeto mutuo. También recordó al presidente israelí que nos alimentamos de las mismas raíces espirituales y que nos encontramos “como hermanos”, una vez superadas las tensiones del pasado, por lo que “estamos comprometidos firmemente en la construcción de puentes de duradera amistad”.

“Profundamente conmovedores” definió el Obispo de Roma los encuentros que mantuvo con algunos supervivientes de los males de la “Shoa”, en el memorial del Holocausto en Yad Vashem, porque han renovado los recuerdos de su visita, hace tres años, al campo del la muerte de Auschwitz, donde tantos judíos fueron brutalmente exterminados bajo un régimen sin Dios que propagaba una ideología de antisemitismo y odio.

Y tras agradecer la hospitalidad que le reservó Israel el Pontífice recordó que ha venido a visitar este país como amigo de israelíes y palestinos. Y destacó lo que hemos visto con nuestros propios ojos: que toda persona que visita esta tierra no puede dejar de notar, con tristeza, la tensión que sigue caracterizando la relación de ambos pueblos. Por eso abogó para que nunca más haya derramamiento de sangre, combates, terrorismo y guerras. Mientras pidió que se detenga el círculo vicioso de la violencia, para hacer posible la existencia de una paz duradera, basada en la justicia y llegar a una reconciliación auténtica de toda sociedad.

Mientras unas de las visiones más tristes para el Papa fue la del muro. Por eso dijo que mientras lo costeaba ha rezado para un futuro en que los pueblos de Tierra Santa puedan vivir juntos en paz y armonía sin la necesidad de semejantes instrumentos de seguridad y separación, sino respetándose y teniendo confianza recíproca, renunciando a toda forma de violencia y agresión.

Por la mañana, el Santo Padre visitó la basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén. Aquí se detuvo en oración y antes de entrar propiamente en la tumba vacía, en la tumba que en la mañana de la resurrección cambió la historia de la humanidad, Benedicto XVI besó la piedra de la unción, donde según la tradición fue colocado el cuerpo muerto de Jesús tras ser bajado de la cruz. Se trata de una piedra rosada, impregnada, permanentemente, con aceites perfumados. Los fieles de todo el mundo, suelen arrodillarse devotamente delante, para apoyar sus manos sobre ella, o los objetos religiosos que llevan consigo, o sencillamente sus pañuelos o, incluso, la larga barba, tal como hemos visto hacer a un monje…

El padre Pierbattista Pizzaballa, Custodio de Tierra Santa agradeció, una vez más, la presencia del Sucesor de Pedro y el alto testimonio que ofrece en pos de la paz, como lo han visto hacer a lo largo de esta peregrinación que los impulsa, también a ellos, a seguir trabajando en esta dirección.

Mientras Su Beatitud Fouad Twual, patriarca latino de Jerusalén, al saludar al Papa tras el canto del “Te Deum”, le agradeció su peregrinación porque –dijo– “es fuente de gracias para Usted, para nosotros, para la Iglesia entera y para toda Tierra Santa”. Y formuló votos para que la visita del Sucesor de Pedro fortifique aquí la comunión eclesial, la unidad de los cristianos y las relaciones de confianza y de respeto mutuo entre los pueblos”. Y añadió: “Como usted puede constatar, la distancia entre la tumba de la Resurrección y el Gólgota es muy breve. Del mismo modo, nosotros esperamos que, gracias a la oración de la Iglesia, y con el compromiso de la comunidad internacional y la acción de todos los hombres de buena voluntad, la llegada de la paz y de la justicia no permanezca lejos de nuestras cruces cotidianas”.

Esta última jornada del Papa en Tierra Santa fue sumamente apretada. Tanto es así, que precedentemente, mantuvo un breve encuentro ecuménico en el cercano patriarcado greco-ortodoxo de Jerusalén, donde fue acogido por Su Beatitud, Teófilo III, quien lo acompañó a la sala del Trono, donde lo esperaban las distintas comunidades cristianas. Benedicto XVI destacó que en los últimos decenios se ha experimentado un significativo desarrollo en las relaciones entre la Iglesia católica y la Iglesia apostólica Armenia. Y expresó su aprecio por el compromiso decidido de esta última de proseguir su camino en el diálogo teológico.

(Desde Tierra Santa, María Fernanda Bernasconi, Radio Vaticano).

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