Un pequeño número de cristianos unidos en Cristo

En Tierra Santa los cristianos son – hoy como en el pasado – una pequeña iglesia.
Por múltiples razones sociales, económicas y políticas muchos de ellos – sobre todo en las últimas décadas – han dejado Tierra Santa para buscar una vida mejor y más tranquila. Y este preocupante fenómeno de la emigración prosigue hoy.

Los palestinos cristianos, aquéllos que quedaron en Israel y Palestina y aquellos dispersados de la emigración o de las guerras de 1948 y 1967 son cerca de quinientos mil, el 6% de la población palestina en el mundo. Sólo 180 mil viven hoy entre Israel y Palestina: 120 mil en Israel y 50 mil en los Territorios Palestinos… la población árabe cristiana representa en Tierra Santa sólo algo más del 2%.

Los cristianos que viven hoy en la Tierra de Jesús se dividen en dos grandes grupos: los católicos y los ortodoxos. Los cristianos católicos, en particular, comprenden los latinos, junto a algunas minorías como los maronitas, los caldeos, los sirios y los armenios. Están luego los melquitas, de rito griego bizantino: en comunión con Roma desde 1724, pero estos católicos mantienen la tradición oriental que comparten con la iglesia ortodoxa. Los melquitas constituyen la iglesia mayoritaria en Galilea. Y aquí, como en las parroquias de los Territorios Palestinos, entre la multiplicidad de iglesias se registra un hecho de profundo sentido ecuménico inigualable: los cristianos ortodoxos celebran la Navidad el 25 de diciembre, junto a los hermanos católicos, que celebran la Pascua en la fecha de los ortodoxos.

Aunque en Belén y Jerusalén los ortodoxos y católicos mantienen sus propios días. Pero los recíprocos cambios de felicitaciones, y las numerosas ocasiones de amistad producen en estas dos ciudades un precioso y concreto diálogo ecuménico manifestados por un multiforme coro de voces.

Entre los cristianos ortodoxos, aquellos pertenecientes a la iglesia griega son el grupo más numeroso, pero también están las comunidades de los sirios, de los coptos, de los abisinios, o etíopes, y de los armenios. Luego están los protestantes de varias confesiones, luteranas, anglicano, baptistas… cuya presencia comenzó aquí el siglo pasado.

Se trata casi totalmente de una población cristiana árabe, si se exceptúa la jerarquía eclesial que no es a menudo autóctona, sobre todo aquella ortodoxa. Más allá de las muchas tradiciones lingüísticas y culturales de origen, está bien recordar, además, que estas Iglesias, estos cristianos, tienen una experiencia común, histórica y secular, de vivir en un contexto social y político de mayoría islámica.

Diferentes iglesias, diferentes liturgias… Sin embargo, dentro de una realidad cristiana tan multiforme, debe ser evidenciado que la variedad de los rituales no daña la unidad sino que la manifiesta y que el patrimonio cultural y espiritual de las Iglesias Orientales es patrimonio de la Iglesia universal.

Por esto, quién – con demasiada facilidad – observa esta iglesia madre de Jerusalén como una iglesia dividida presenta quizá una imagen alterada. En el fondo, a pesar de las diferencias que a veces crean inevitables tensiones, los ojos y el corazón de cada fiel cristiano, de la confesión que sea, aquí están dirigidos a esta tumba vacía…Y así el lugar símbolo de una cristianidad con más voces es este santo Sepulcro de Jerusalén, que se convierte en el emblema de una única iglesia. No divididos, sino cercanos y unidos alrededor del único Cristo, y con el único Cristo resucitado…

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