Mons. José Sánchez dedica su carta de esta semana a la Asignación Tributaria del IRPF a favor de la Iglesia

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Todos los años por estas fechas nos corresponde cumplir con nuestra obligación de contribuyentes Hacienda y hacer la declaración del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) Conforme a la actual legislación en nuestro país, se nos ofrece la posibilidad de asignar una parte de nuestros impuestos, en concreto el 0,7% para ayudar a la Iglesia Católica en sus necesidades. También se nos ofrece la posibilidad de ayudar en la misma cantidad a otros fines sociales.

No se trata de un impuesto añadido, sino de la posibilidad de destinar a otros fines, que no sean directamente los de Hacienda, una parte de nuestros impuestos.

El ideal de la financiación de la Iglesia es que dependa básicamente de la ayuda de sus fieles y de cuantas personas o instituciones deseen voluntariamente ayudarle y que no tenga que depender del Estado o de oros poderes. Correría el riesgo del sometimiento y de la falta de libertad. La asignación del 0.7% de nuestros impuestos con destino a la Iglesia depende de la libre decisión de los contribuyentes. Aunque el Estado deja de percibir esa cantidad para sus fines, no supone una aportación directa del Estado, sino de los ciudadanos. El Estado ofrece esa posibilidad y pone sus servicios de recaudación a disposición de la Iglesia o de otras organizaciones que se benefician de estas aportaciones voluntarias.

Aunque no sea la única fuente de financiación de la Iglesia Católica ni en muchas diócesis la más importante, la asignación tributaria constituye, sin duda, un capítulo importante para que la Iglesia pueda afrontar los gastos que conlleva el ejercicio de su ministerio y los numerosos y variados servicios que presta a sus fieles y a otras personas no vinculadas a ella.

Estos servicios tienen que ver con el culto católico, con la enseñanza, la educación y la cultura, con la acción pastoral, con la acción social y caritativa, con la atención a enfermos, con la acogida de emigrantes, con la construcción y el mantenimiento de las necesarias infraestructuras, como templos, Seminario, casas y centros parroquiales, interparroquiales, diocesanos etc., con la ayuda a las Misiones y al desarrollo en países o zonas pobres. Muy importante es también la solidaridad y colaboración con otras Iglesias y la ayuda al Papa en el ejercicio de su ministerio y para que él mismo pueda ayudar a tantas personas que acuden a él.

En nuestra diócesis de Sigüenza-Guadalajara, que ocupa un lugar modesto en lo que a economía se refiere, recibimos de la solidaridad de otras diócesis más del doble de lo que aportamos los contribuyentes de nuestra provincia marcando la casilla a favor de la Iglesia. Guadalajara tiene poca población y modestos ingresos, mientras la diócesis tiene muchos pequeños núcleos de población, que han de ser atendidos pastoralmente, y cuenta con numerosas y antiguas infraestructuras, como son los templos, difíciles de mantener por los propios feligreses de las pequeñas parroquias, a pesar de su interés y generosidad.

Necesitamos, como podéis ver por la información que damos de nuestros gastos y presupuestos anuales, que sigamos ayudando todos generosamente, y uno de los medios fáciles y no costosos es señalar con la X la casilla de la asignación del 0.7% del IRPF a favor de la Iglesia Católica, a la hora de hacer la declaración anual de la Renta.

Que Dios os lo pague. Os saluda y bendice vuestro Obispo

+José Sánchez González
Obispo de Sigüyenza-Guadalajara

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