La Pascua y la crisis económica

El Cardenal Arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, reflexiona sobre el sentido de la Resurrección en su carta dominical “Este es el día en que actuó el Señor” y recuerda que este año la Pascua coincide con un año de crisis económica y son muchos los hombres y mujeres entre nosotros que pasan por situaciones de penuria y de angustia, para ellos y para sus familias. Ante la realidad del mundo, en esta Pascua de 2009, cabría hacerse esta pregunta: ¿Podemos pensar en Dios y en las cosas divinas, o sería mejor que empleáramos todas las fuerzas para hacer que esta tierra fuese mejor?

La resurrección de Jesús es el acontecimiento central de la historia de la salvación. El Calvario no fue el último acto del camino del Señor en este mundo. La cruz y la muerte de Jesucristo desembocaron en su resurrección. Por eso, la Pascua es la primera y principal de todas las fiestas cristianas del año.
En las reuniones de los cristianos se canta, en este día, el gozoso “Aleluya”. Resuena año tras año esta palabra hebrea que se ha convertido en la expresión de la alegría de los redimidos. Sin embargo, cabe hacerse esta pregunta, que también se hizo el teólogo Joseph Ratzinger, el actual Papa Benedicto XVI, en su libro “El resplandor de Dios en nuestro tiempo”, un conjunto de meditaciones siguiendo el año litúrgico: “¿Es lícito que nos alegremos realmente? ¿No es la alegría casi algo así como un cinismo, como una burla, en un mundo tan lleno de sufrimiento? ¿Estamos redimidos? ¿Está redimido el mundo?”
Cada año la Pascua no está lejos del Viernes Santo. Este año la Pascua coincide con un año de crisis económica y son muchos los hombres y mujeres entre nosotros que pasan por situaciones de penuria y de angustia, para ellos y para sus familias. Ante la realidad del mundo, en esta Pascua de 2009, cabría hacerse esta pregunta: ¿Podemos pensar en Dios y en las cosas divinas, o sería mejor que empleáramos todas las fuerzas para hacer que esta tierra fuese mejor?
En el libro que he citado, refiriéndose a la fiesta de Pascua, Joseph Ratzinger aportaba, con admiración, el testimonio del filósofo judío Theodor Adorno, que a partir del apasionado anhelo mesiánico de su pueblo, se preguntaba y buscaba una y otra vez cómo se puede construir un mundo justo, la justicia en el mundo. Finalmente, Adorno llegó a la siguiente convicción: para que en verdad haya justicia en el mundo tiene que haber justicia para todos y para siempre; es decir, justicia también para los difuntos. Debería haber una justicia que reparara también los sufrimientos del pasado. Pero para que esto fuese posible, debería haber resurrección de los muertos.
En este trasfondo el Papa teólogo nos invita a captar el mensaje de Pascua. ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!, como dicen, en su saludo pascual, nuestros hermanos de las Iglesias de Oriente. Por tanto, “existe la justicia completa para todos, una justicia que es capaz de revocar también lo irrevocablemente pasado, porque existe Dios y porque él tiene el poder para ello”.
Que Cristo ha resucitado significa que existe la fuerza que puede crear justicia y que de hecho crea justicia. Este es el sentido del “día en que actuó el Señor”; es decir, Dios Padre haciendo justicia al amor inmolado de su Hijo hasta la Cruz. Por eso escribe bellamente el Papa actual que “el mensaje de la resurrección no es sólo un himno a Dios, sino también un himno al poder de su amor, y por eso un himno al hombre, a la tierra y a la materia. Todo es salvado. Dios no deja que ninguna parte de su creación caiga silenciosamente en lo pretérito”.
En este año dedicado especialmente a San Pablo, creo que nuestra felicitación pascual podemos formularla con las palabras llenas de esperanza de su carta a los Romanos: “Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él”. ¡Santa Pascua de resurrección para todos!

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